Jueves, 28 de agosto de 2014

Hoy Miguel Andrés dicta conferencias de conocimiento empresarial y éxito. Sandra García / Alcaldía Tuluá.

| 2013/03/04 00:00

“Me rechazaron por mi apellido”

por Luis Ángel Murcia

Miguel Andrés Rodríguez, hijo y sobrino de los hermanos Rodríguez Orejuela, rompió su silencio.

Miguel Andrés Rodríguez salió del anonimato mediático para rechazar el estigma de su nombre. Este joven de 35 años de edad, abogado de la Universidad San Buenaventura de Cali, quiere romper los muros alrededor de las familias de algunos capos del narcotráfico en el país.

Cansado de soportar los problemas que significa ser el hijo y sobrino de los dos jefes del cartel de Cali, una de las organizaciones mafiosas más poderosas y temidas que tuvo el país, ahora se perfila como un motivador de experiencias de éxito que quiere sembrar la chispa emprendedora de quienes atraviesan por situaciones de fracaso. Asegura que tiene toda la autoridad para hablar del tema porque perdió a su familia, enfrentó varias quiebras económicas y superó un cáncer de riñón.

Precisamente, esta semana se estrenó como conferencista y lo hizo ante un auditorio muy particular, con reclusos de la cárcel de Tuluá, Valle. A ese sitio llegó invitado por la Alcaldía y una fundación de un amigo suyo. Ante ese grupo de personas narró sus experiencias de vida y lo que significa en Colombia llevar el apellido de su padre y su tío, los narcotraficantes Miguel y Gilberto, ambos capturados en 1995, cuando Miguel Andrés tenía 17 años. Semana.com habló con él para conocer de este nuevo papel.

Semana.com: ¿Por qué rompió su silencio y ahora habla del estigma que padece por ser el hijo de un narcotraficante?

Miguel Andrés Rodríguez Moreno:
Es una reflexión. A mí me tocó un apellido y no tengo que quedarme callado frente a situaciones que no dependen de uno. Partiendo de eso y una ética familiar, creo que no tengo que hablar mal de mi padre y mi tío Gilberto. No comparto lo que hicieron, pero tampoco tengo por qué juzgarlos.

Semana.com: ¿En qué momento sintió el peso negativo de su apellido?

M.R.M.:
Cuando quise estudiar administración de empresas en una universidad de Cali y no me admitieron. Luego me matriculé en derecho en otra institución, allí me enteré por accidente de que en la anterior me rechazaron por mi apellido. Resulta que en una clase de quinto semestre estaban hablando sobre el estigma, y el mismo profesor que hizo parte de esa junta que me negó el ingreso puso como ejemplo el caso de un hijo del narcotraficante Miguel Rodríguez Orejuela, sin saber que yo estaba presente en el salón. Levanté mi mano y le dije: "Profe, yo soy el protagonista de su historia".

Semana.com: ¿Qué dijo el profesor?

M.R.M.:
Me hizo pasar al frente del salón y narré mi experiencia, algunos aplaudieron, otros lloraron y a muchos quizá ni les importó. Pero todo eso me puso los pies en la tierra.

Semana.com: ¿Por qué escogió la ciudad de Tuluá para dar su primera charla a presos?

M.R.M.:
No la escogí. Se me presentó la oportunidad porque tengo un amigo que se llama William Hernández y él tiene una fundación con la que están trabajando un programa de perdón y bienestar en Tuluá. Esta ciudad vive en carne propia el problema de los estigmas. Aunque reconozco que el enfoque de mis charlas es más sobre conocimiento empresarial y el éxito, pero a partir de eso puedo también enseñarles a los reclusos que en la vida es posible hacer cambios profundos arrancando de cero; yo lo hice cuando perdí a mi familia y afronté quiebras”.

Semana.com: ¿Cree que la gente lo escuchará más por el contenido de su charla o por el apellido?

M.R.M.:
Obviamente hay un morbo de la gente por saber más sobre mi familia, pero yo no estoy buscando aplausos, ni lucro, porque mis charlas son gratuitas.

Semana.com: A propósito, ¿de qué ha vivido todos estos años?

M.R.M.:
Ahora recibo ingresos de mi actividad como litigante. Antes de ser abogado trabajé en media docena de empresas del sector privado de donde salía tan pronto se enteraban quién era mi padre.

Semana.com: ¿Hace cuánto no ve a su papá?

M.R.M.:
Lo visité hace un año. Irónicamente, el cambio obligado de profesión (administración por derecho) me permitió estar más cerca de él, ya que es mucho más fácil ingresar a la prisión como abogado que como familiar.

Semana.com: Otros hijos ex narcotraficantes optaron por cambiarse de nombre para no cargar ese estigma, ¿lo pensó alguna vez?

M.R.M.:
Nunca.

Semana.com: El mundo del narcotráfico se mueve entre venganzas. ¿Teme alguna represalia?

M.R.M.:
Pasaron 18 años desde cuando mi papá está preso y nunca pasó nada y ni va a ocurrir.

Semana.com: ¿Pensó en rehacer su vida en otro país?

M.R.M.:
Habría sido la salida más fácil, pero sin importar el país donde esté, siempre seré el hijo de Miguel Rodríguez Orejuela. Además, si pude superar un cáncer de riñón con apenas dos años de edad, no veo por qué tengo que salir corriendo de mi país, dejar atrás la ciudad y la gente buena con la que me crie.

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