Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 2015/12/27 22:00

"Me toca lucharla aquí en Colombia"

Manuel Salvador Cárdenas fue uno de miles de colombianos que dejaron Venezuela en agosto por miedo a persecuciones. A cuatro meses de su regreso al país, cuenta cómo el cierre de la frontera cambió su vida.

Manuel Salvador Cárdenas Foto: Archivo SEMANA
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BBC

A los 53 años, Manuel Salvador Cárdenas vivió, en agosto, su segundo desplazamiento no deseado.

El primero había sido forzado, violento. Un grupo de paramilitares mató a su hermano y ante el peligro decidió en el 2006 abandonar la ciudad colombiana de Barrancabermeja.

Se fue a Cúcuta y en el 2009 cruzó la frontera hacia Venezuela. Allí estuvo seis años, hasta agosto del 2015, cuando se sintió obligado otra vez a dejar su hogar.

El gobierno colombiano registró un total de 22.226 damnificados hasta diciembre de este año, tras el cierre de la frontera decretado por el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, el 21 de agosto pasado.

Maduro ordenó la deportación de cientos de colombianos y miles optaron por salir voluntariamente.
Norte de Santander, departamento del que Cúcuta es capital, fue el que recibió el mayor número de colombianos que retornaron al país.

A ese departamento –principalmente a su capital– llegaron 1.097 personas que de una forma u otra fueron expulsadas de Venezuela y 17.805 que dejaron ese país en forma voluntaria.

Por la trocha

Cárdenas fue una de esas personas y, como la gran mayoría de ellas, lo hizo impulsado por el miedo.
"Yo estaba trabajando en el estado Barinas (suroeste de Venezuela), estaba en el terminal del autobús y la Guardia (Nacional Bolivariana) se montó y nos pidió la cédula a todos", le dice a BBC Mundo en conversación telefónica.

Cárdenas tenía una cédula venezolana con vigencia hasta el 2020. Dice que tuvo que pagarle a un guardia para que lo dejara seguir.

Decidió entonces volver a su país de origen. "Me vine porque estaban sacando a los colombianos", explica.

Llegó hasta San Antonio, del lado venezolano, y hasta la ciudad de Cúcuta cruzó por la trocha, uno de varios caminos de tierra que utilizan los contrabandistas para pasar mercadería de un país a otro.

Un mes y medio en carpa

Pasó alrededor de un mes y medio en un albergue, donde compartía una carpa con otros cuatro hombres.

"A los que tenían familia les daban carpa para toda la familia. A nosotros, como estábamos solos, nos juntaron ahí".

Según cifras oficiales, 6.129 personas pasaron por albergues temporales. Mientras estuvo en uno de ellos, Cárdenas dice que todo funcionó bien, que les daban desayuno, almuerzo y cena.

Luego el Gobierno le cubrió el costo de tres meses del alquiler; hizo lo mismo con otras 4.280 personas y familias.

Más tarde, le dieron una ayuda única de 900.000 pesos colombianos (US$270 al cambio de hoy).
"Y no nos han dado nada más".

TV blanco y negro

Ahora vive con su hijo de 18 años en una habitación que le cuesta 250.000 pesos mensuales (US$75).

"Es una habitación pequeña de 3 x 3, tengo ahí la camita doble, donde duermo con mi hijo, ventilador y TV blanco y negro porque no he tenido dinero para comprarme en colores", describe.

Por la mañana comen unas arepas. Él almuerza en el trabajo y su hijo, dice, "se las rebusca" al mediodía.

En la noche, en general, toman agua de panela (jugo de caña de azúcar) con pan.
"O a veces agua de panela sola".

Indemnización

Cárdenas ahora está esperando para ver si le entregan una indemnización por su primer desplazamiento.

Cuenta que en octubre completó una encuesta para ser considerado beneficiario de ese dinero, pero que todavía no ha tenido respuesta.

Le preocupa el dinero. Su hijo terminó el bachillerato y Cárdenas tuvo que pedir prestado para pagar los gastos de graduación.

Está trabajando en construcción. Cobra 25.000 pesos diarios (US$7,5), de los cuales gasta 5.000 en el almuerzo (US$1,5).

Se siente afortunado por el trabajo porque siente que a su edad es difícil que lo empleen. Dice que debe agradecerles a los cucuteños. "La gente nos ha acogido muy bien", reconoce.

Una recomendación de un hombre de la ciudad le permitió conseguir trabajo.

"Me toca lucharla aquí"


Cárdenas está preocupado porque vienen meses difíciles, de poca actividad para quienes trabajan en construcción.

¿Volverá a Venezuela entonces, si se abre la frontera? "No, no, para nada", dice. "No, Venezuela no", insiste. "Me toca lucharla aquí, en el país", asegura.

Le ha pedido al Estado ayuda para trasladarse a Bucaramanga, una ciudad más cercana a su lugar de origen.

"Me gustaría montar un negocio cuando me den la indemnización", afirma. Quiere abrir una charcutería, que es a lo que se dedicaba en Venezuela.

Mientras tanto, sigue viéndose con otros que cruzaron en agosto, atemorizados como él, y que ahora intentan volver a empezar sus vidas en Colombia.

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