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| 7/22/2002 12:00:00 AM

"Me tocó bailar con la más fea"

El presidente Andrés Pastrana hace su propio balance en diálogo con SEMANA.

SEMANA: ¿Cuáles cree usted que son los tres principales logros de su gobierno?

Andres Pastrana: El diseño y puesta en marcha del Plan Colombia, la recuperación y estabilización de la economía y la recuperación del protagonismo y la dignidad internacional de Colombia a través de la diplomacia por la paz.

SEMANA: ¿Y cuáles sus tres más graves errores?

A.P.: Voy a resaltar uno solo: el haber creído en la capacidad del Congreso para reformarse a sí mismo y sacar adelante la reforma política, lo cual, como se sabe, no fue posible.

SEMANA: ¿Cuándo perdió la fe en el proceso de paz?

A.P.: Nunca he perdido la fe en la solución política. Perdí la fe fue en las Farc. Cada vez que destrozaban un pueblo, atentaban contra la infraestructura y se conocía un nuevo secuestro se vulneraba la confianza que habíamos depositado en su voluntad de paz. Las Farc perdieron la oportunidad de que los colombianos creyeran en su palabra y la más grande oportunidad política que han tenido.

SEMANA: ¿No cree que fue un gran error entregar la zona de distensión sin poner explícitamente unos controles?

A.P.: La zona siempre tuvo controles. Desde el primer día. El tema de los controles de la zona fue más una excusa de las Farc para no avanzar en el cese al fuego en esa etapa, y no les íbamos a seguir el juego.

SEMANA: El Plan Colombia, tan central en su gestión, sólo ha tenido éxitos muy limitados. Ni la fumigación ha detenido el crecimiento de los cultivos ilícitos, ni la guerrilla se ha debilitado por no tener recursos de la droga. ¿Cómo le responde usted a estas críticas?

A.P.: Ustedes están cayendo en el prejuicio ya revaluado de que el Plan Colombia es principalmente un plan militar o de interdicción del narcotráfico, cuando la verdad es que el 75 por ciento corresponde a programas de fortalecimiento institucional o a inversiones de carácter social o humanitario.

No es cierto, por otra parte, que no se haya detenido el crecimiento de los cultivos ilícitos. El año pasado, por primera vez, frenamos la tendencia creciente de los cultivos de coca, pasando de más de 163.000 hectáreas en 2000 a menos de 145.000 en 2001, según lo certifica el Sistema de monitoreo de cultivos ilícitos.

Además, ¿quién puede dudar de la debilidad de la guerrilla cuando ahora rehuye el combate con las tropas y sólo se ha dedicado a atacar a la población civil mediante la cobarde arma del terrorismo?

SEMANA: ¿En la reestructuración de las Fuerzas Armadas qué fue lo más difícil de lograr? ¿Dónde sintió la mayor resistencia?

A.P.: El fortalecimiento realizado en nuestras Fuerzas Armadas durante mi período es histórico, sin precedentes. No fue fácil lograr incrementar en un 75 por ciento el número de soldados combatientes pues, además de recursos, se requiere por lo menos un año para capacitar a los nuevos hombres, así como graduar a los oficiales y suboficiales que les den instrucción.

SEMANA: En materia de paz y guerra, dele consejos claves a su sucesor.

A.P.: En la paz los mejores consejos serán siempre la paciencia, la persistencia y el convencimiento en la solución política. Sobre la guerra no es bueno dar consejos.

SEMANA: ¿Siente usted que se sacrificaron cosas en aras de sostener el proceso de paz?

A.P.: Ya lo he dicho, yo sacrifiqué mi popularidad y mi capital político. El Estado no sacrificó ni un centímetro de su legitimidad, ni de sus principios fundamentales, ni su unidad; por el contrario, ganó mucha más. Pero, sin duda, el mayor sacrificio lo hicieron quienes han perdido la vida y la libertad en este conflicto.

SEMANA: ¿Cómo se siente ahora con 'Manuel Marulanda', cuando al comienzo de su gobierno usted le tenía confianza?

A.P.: Yo cumplí con mi palabra; él no cumplió con la suya. La confianza se convirtió en engaño. Me siento frustrado porque 'Marulanda' siempre tuvo claro que mi empeño por la paz era firme y honesto.

SEMANA: ¿Cómo explica usted que a pesar de tener un equipo fuerte deja al país con un índice de desempleo sin precedentes, con una deuda externa disparada, un déficit fiscal enorme y el primer cuatrienio en la historia sin crecimiento?

A.P.: La verdad, si ese es su diagnóstico, me parece que es a SEMANA a la que le hace falta un equipo de trabajo tan fuerte como el que yo tuve. Los jueces más severos e implacables de una economía no son los analistas económicos, ni los gremios, son los mercados internacionales, que no depositarían su confianza ni arriesgarían sus dólares en un país con una economía inestable. Por suerte éstos nos han dado su respaldo, comprando deuda colombiana, permitiéndonos una financiación más rápida y más barata que la de la gran mayoría de los países de América Latina.

Rompimos la tendencia creciente del desempleo y hoy lo tenemos en un 15,3 por ciento, todavía alto, pero con inclinación a seguir bajando. La deuda externa sigue estando en niveles razonables y se vio aliviada por operaciones de canje que mejoraron el perfil de sus vencimientos. El déficit fiscal consolidado lo bajamos de un 5,6 por ciento en 1999 a un 2,6 por ciento, que es por donde debe estar este año. El crecimiento es moderado pero equivale al doble o el triple de los demás países de América Latina. Estos resultados parecen un milagro en medio del conflicto interno y las diversas crisis internacionales que han afectado la economía mundial.

SEMANA: Usted tuvo la oportunidad histórica de reducir y reestructurar el Estado y no lo hizo. ¿Por qué?

A.P.: Sí hicimos una reestructuración del Estado muy importante, la cual, infortunadamente, fue declarada inexequible por la Corte Constitucional en una gran parte. No obstante de esa reforma quedaron algunas normas que permitieron ajustar el aparato estatal, suprimiendo, por ejemplo, varios viceministerios. Además se cerraron cinco embajadas. Durante mi mandato el empleo del sector público disminuyó en cerca de 40.000 personas. Si pensamos cuánto se ahorró el Estado con el cierre y transformación de la Caja Agraria, o el cierre del BCH y el Banco del Estado, veremos que fácilmente esta tarea deja más resultados que la fusión de seis ministerios.

SEMANA: Las cifras de pobreza del país son alarmantes. ¿Cuáles cree que son las razones y qué políticas de gobierno fallaron?

A.P.: Estoy de acuerdo con la preocupación por las cifras de pobreza, pero no en la forma como se ha pretendido mostrar un gran incremento de éstas durante estos cuatro años basándose en la medición del ingreso de las personas. El hecho de que alguien pierda o disminuya su ingreso no necesariamente lo convierte en pobre. Estudios como el de necesidades básicas insatisfechas muestran, por el contrario, que la pobreza disminuyó durante mi gobierno.

Preguntan ustedes qué falló o qué faltó. ¿No sería mejor preguntarse cuándo se crearon esos millones de pobres? ¿En este gobierno, que obró con responsabilidad, o en gobiernos anteriores, que gastaron los recursos en mantenerse?

¿Quién crea pobreza? ¿Un gobierno que entrega 372.000 subsidios de vivienda de interés social, que titula más de 6,5 millones de hectáreas a 100.000 familias de escasos recursos, que construye vías y mejora los servicios públicos, o una guerrilla que destruye infraestructura, secuestra, amenaza, ahuyenta la inversión, arrasa con poblados y desplaza a los campesinos?

SEMANA: El gran enemigo de la paz sigue siendo el narcotráfico. ¿Considera usted que hoy es más fuerte o más débil en Colombia?

A.P.: Yo creo que el narcotráfico hoy es más débil en Colombia gracias a los inmensos esfuerzos que hemos hecho para combatirlo: las hectáreas cultivadas de coca disminuyeron en cerca de 18.000 entre el año 2000 y el 2001. Además hemos erradicado por fumigación o manualmente tres veces más hectáreas que en los cuatro años anteriores, alcanzando las 257.000 hectáreas de coca y las 23.000 de amapola. Con esas 280.000 hectáreas erradicadas los narcotraficantes han dejado de percibir ¡más de 38.000 millones de dólares que hubieran recibido si esos cultivos se hubieran convertido en drogas y vendido en Estados Unidos o Europa!

Además mi gobierno es el que más delincuentes ha extraditado en la historia del país, usando la herramienta jurídica más temida por los narcotraficantes: en total han sido 48 colombianos y 35 extranjeros. Este gigantesco esfuerzo ha hecho, sin duda, menos rentable y más riesgoso el negocio de los narcotraficantes.

SEMANA: Tal vez el mayor fracaso de su gobierno fue el intento de revocatoria del Congreso, en el cual le tocó echarse para atrás. ¿Cómo lo ve hoy?

A.P.: Yo llegué con el compromiso de renovar las costumbres políticas y cumplí con intentarlo, no una, ¡sino tres veces! Infortunadamente el Congreso hundió el proyecto de reforma cuantas veces intentamos pasarla, y cuando propusimos el referendo al país, con gran apoyo popular, la clase política respondió proponiendo la inclusión de la revocatoria del mandato del Presidente. Ante la reacción negativa de los mercados internacionales no tuve más opción que retirar la propuesta, pues no podíamos poner en riesgo la recuperación de nuestra economía, que todavía estaba frágil.

SEMANA: Muchas figuras en el alto gobierno se vieron involucradas en escándalos de corrupción. ¿Qué falló?

A.P.: Ningún funcionario de mi gobierno que haya sido investigado por cualquier causa utilizó su cargo para responder y defenderse sino que, todo lo contrario, dejaron el gobierno y se defendieron como simples particulares. Si volvieron es porque ya habían aclarado toda duda, toda sospecha, sobre su conducta.

Y hablemos de algunos de los casos más sonados: Chambacú, por ejemplo, no fue un escándalo originado en actos o contratos de este gobierno, sino del anterior, cuando en lo único en que no se pensaba era en favorecer a mis amigos; en el caso de Dragacol, se trataba de una negociación que también venía de gobiernos anteriores y que sólo fue concluida en éste mediante una conciliación en la que el ministro Cárdenas fue asaltado en su buena fe, lo que han ratificado los diversos organismos de control. Y en el caso de los créditos del Banco del Estado, tan pronto se conocieron los problemas se retiró a todos los funcionarios involucrados.

Y hablando de corrupción, le voy a dar un dato: según Transparencia Internacional en 1997 Colombia ocupaba el tercer puesto entre los países más corruptos. El año pasado bajo esa misma medición ocupamos el puesto 42.

SEMANA: Muchos han tildado su gobierno como 'light'. En otras palabras, que usted creía que las cosas eran más fáciles de lo que resultaron.

A.P.: Si algo caracterizó a mi mandato fue la responsabilidad, que es todo lo contrario de lo que ustedes llaman light. Tomé decisiones duras y difíciles cuando fue necesario, sacrificando mi popularidad en aras de lo que era mejor para el país. Nunca pensé que las cosas fueran fáciles, y efectivamente no lo fueron. Como dice el refrán popular, me tocó cuatro años "bailar con la más fea".

SEMANA: ¿Por qué le gustaría que lo recordaran los colombianos?

A.P.: Por haber trabajado y luchado como nadie por la paz de Colombia.

SEMANA: Le quedan muchos años por delante y ya ocupó la máxima posición política del país. ¿Qué planes tiene para el futuro?

A.P.: Seguir trabajando por la paz de Colombia.

SEMANA: ¿Podrá reconstruir el conservatismo?

A.P.: El conservatismo, como partido político, es hoy la bancada mayoritaria en el Congreso y si lo consideran conveniente estaré siempre dispuesto a trabajar por él.

SEMANA: ¿Cuál cree que es el mayor desafío que enfrenta Uribe?

A.P.: Sin duda llega con muy altas expectativas al poder. Su mayor desafío es estar a la altura.
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