Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2010/06/27 00:00

Mea culpa

La confesión de Luis Guillermo Giraldo es el coletazo final del polémico referendo de la reelección. Puede que no tenga un impacto político, pero deja lecciones importantes para la historia del país.

El martes de la semana pasada, dos días después de que fue elegido el nuevo Presidente de la República, Luis Guillermo Giraldo admitió ante la Fiscalía que incurrió en irregularidades en la financiación del referendo para la reelección del presidente Álvaro Uribe.

La confesión que hizo Luis Guillermo Giraldo a la Fiscalía, en la cual admite irregularidades en la financiación del referendo para la reelección, puede que no tenga un efecto político, pero sí tiene un impacto moral y deja su huella en la historia. Hace un año habría sido toda una bomba periodística, pero hoy apenas si es tenida en cuenta en noticias secundarias en las páginas interiores de los diarios.

Es toda una paradoja que los intentos de mantenerse en el poder del presidente Álvaro Uribe, el mandatario más popular de los últimos tiempos en Colombia, hayan estado envueltos en polémicas legales. La primera reelección se dio gracias a una reforma constitucional que, según recientes fallos judiciales, se hizo con la compra de dos votos decisivos en el Congreso. Y ahora se ratifica que la posibilidad de una segunda reelección se frustró por anomalías legales en el proceso para recolectar las firmas del referendo.

Desde mediados de 2008, esta revista denunció que en la financiación de esta iniciativa popular se violaron los topes de aportes individuales. Pero el comité de promotores del referendo, a la cabeza del cual estaba Giraldo, hizo todo tipo de maromas para tratar de ocultar las irregularidades. El país estuvo en vilo sobre cuál sería su futuro gobernante, prácticamente dos años. El Congreso estuvo semiparalizado, dedicado a darle trámite al referendo. Las candidaturas se congelaron. Todo el país político funcionó en cámara lenta, hasta el pasado febrero, cuando la Corte Constitucional tumbó el referendo utilizando como argumento central los líos de financiación.

Y solo ahora, justo dos días después de que es elegido el nuevo Presidente de la República, el promotor del referendo, Luis Guillermo Giraldo, aceptó ante una fiscal los cargos de falsedad ideológica y fraude procesal. Para ocultar la violación de los topes en las donaciones, Giraldo trató de simular préstamos entre el Comité de Promotores del Referendo y una asociación, que en esencia eran las mismas personas.

La confesión de Giraldo tiene dos propósitos prácticos, que son lograr que la justicia actúe con mayor celeridad y obtener una rebaja de penas, Según un acuerdo que hizo con la Fiscalía, pagaría al menos cuatro años y medio de prisión y 70 millones de pesos de multa. Y como es mayor de 65 años, podría tener casa por cárcel. Sin embargo, la juez que debía avalar el acuerdo lo rechazó por considerar que la pena debería ser más alta y que por el impacto de los hechos en la sociedad, el delito no debería ser excarcelable. El caso fue apelado y ahora el Tribunal de Bogotá debe decidir si acepta el acuerdo. Si el Tribunal tampoco lo hace, el caso se iría a juicio y la confesión, por ley, no podría utilizarse en su contra.

La suerte que corra Giraldo tiene un impacto directo sobre una decena de personas, como los demás miembros del Comité de Promotores, que son personas de reconocida trayectoria a las que se les siguen procesos penales por la misma causa y que alegan que no tenían claridad ni conocimiento detallado de lo que hacía Giraldo. Los otros involucrados son el representante de la iniciativa Carlos Alberto Jaramillo y Luis Fernando Useche, el contador que avaló las cuentas y a quien le fue negada su solicitud de acogerse al principio de oportunidad, con lo que buscaba una negociación al entregar información clave para esclarecer lo sucedido.

La confesión de Giraldo también puede tener un impacto en la Cámara de Representantes. La Corte Suprema abrió investigación contra 86 de sus miembros por haber aprobado la iniciativa sin que esta tuviera el requisito del visto bueno de las cuentas. El meollo acá será probar si estos congresistas sabían que lo que estaban votando no era legal o si fueron unas víctimas más del fraude que ahora acepta Giraldo.

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