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| 11/13/2010 12:00:00 AM

Medalla de oro

Por su libro 'Casi toda la verdad', María Isabel Rueda fue galardonada con el Premio Planeta de Periodismo. SEMANA presenta algunos apartes de la obra.

Los directores de medios de comunicación hablan poco. Para sacarles algunas verdades hay que tirarles la lengua. Esto fue lo que hizo María Isabel Rueda al entrevistar a cuatro periodistas con los que ella ha trabajado: Enrique Santos Calderón, Juan Gossaín, Yamid Amat y Felipe López. Un perfil de Álvaro Gómez complementa esta obra en la que la columnista buscó que revelaran "casi toda la verdad" de la relación entre el periodismo y el poder. La elaboración del libro duró seis meses, durante los cuales María Isabel realizó y editó extensas entrevistas con cada uno de los protagonistas. Ese trabajo le requirió viajar a Cartagena, Miami y Nueva York, así como recopilar juiciosamente múltiples escritos de Álvaro Gómez. En una concurrida ceremonia, el miércoles de la semana pasada, María Isabel Rueda recibió por el libro el Premio de Periodismo Planeta. SEMANA presenta algunos extractos de la obra.
 
Enrique Santos
"‘El Tiempo’ es coherente y virilmente gobiernista”

¿Hoy usted diría que ‘El Tiempo’ mantiene una tendencia oficialista, pero es políticamente asexuado?

E.S.: El Tiempo defiende el establecimiento, en eso no hay que equivocarse. Pero no tiene que ver con que sea políticamente asexuado. Si acaso coherente y virilmente gobiernista.

¿Influye en ello la percepción que se tiene por cuenta de la puja por el tercer canal, en la que el periódico se embarcó luego de ser adquirido por el Grupo Editorial Planeta?

E.S.: Eso es más reciente. Al ser adquirido mayoritariamente por una empresa española con sus dinámicas, sus culturas y sus intereses propios, El Tiempo cambió. Perdió, lógicamente, parte de su alma. Y eso tiene consecuencias inevitables y reales. La televisión la adjudica el gobierno. Y sobre el tercer canal, Planeta tiene un interés legítimo, pues a El Tiempo lo compró un grupo de empresarios privados que lo quieren hacer crecer. Por no efectuar esas movidas, las empresas desaparecen. El que se quede con su Gutenberg se evapora. Lo que le pasó a El Espectador, que quebró y acabó en manos del Grupo Santo Domingo, precisamente por no evolucionar de manera oportuna. El reto está en que El Tiempo mantenga independencia y capacidad críticas. A alguna gente le quedó la equívoca aunque entendible impresión de que lo del canal pesaba mucho en su posición informativa o editorial.

¿Y sí o no?

E.S.: Pues la verdad es más bien que, por exceso de pudor, El Tiempo no se fajó a defender su derecho a un canal de la manera descarada y poco ética como lo hicieron los dos canales nacionales, propiedad además de los dos grupos económicos más poderosos del país, que dedicaron sus noticieros a sabotear la adjudicación de cualquier competencia a su cómodo duopolio.
 
Pese a esto, lo que pasó con la revista ‘Cambio’ tuvo una muy mala lectura. Sé que usted no estuvo de acuerdo con el cierre de ‘Cambio’…

E.S.: No lo estuve. Como consejero de contenido dije que me parecía una mala decisión, que podría afectar la credibilidad de la Casa Editorial. Pero yo ya estaba separado de las instancias decisorias de la empresa.

Pero ¿usted cree que a ‘Cambio’ la cerraron porque era un estorbo o porque no daba plata?

E.S.: Creo que por una mezcla de ambas cosas. No estaba dando los resultados proyectados, y los nuevos dueños son gente muy orientada al resultado… Pero, además, estaba ‘cascándole’ semanalmente al gobierno, en momentos en que El Tiempo licitaba un canal. Fue una decisión editorial y económica. Cambio era muy crítica de Uribe, le sacaba al gobierno todo tipo de entuertos. Y, por otro lado, estaba perdiendo mucha plata. Pero no estuve de acuerdo con la decisión y lo hice saber. No armé tierrero público porque existen ciertas reglas del juego y hay que jugar limpio.

¿Esa razón influyó en que, a los pocos días, usted se retirara del periódico?

E.S.: No fue la única razón. Ya había anunciado de tiempo atrás mi deseo de retirarme. Y súmele a todo esto que en el horizonte se había asomado la candidatura de Juan Manuel, lo que me planteaba como periodista obvios conflictos de interés…

Pero hay quienes le adjudican ese cierre de ‘Cambio’ al presidente Juan Manuel Santos. Él no tuvo absolutamente nada que ver, ¿o sí?

E.S.: Nada. Lo que pasa es que tanto a Francisco como a Juan Manuel, Cambio no les gustaba. Era una piedra en el zapato, tratándose de una publicación de la empresa de la cual eran socios. Cambio no tenía pelos en la lengua y destapaba muchos entuertos incómodos para el gobierno. Pero cumplía, mal que bien, una importante función de denuncia, y su existencia validaba que El Tiempo opinaba sin que pesara lo del tercer canal.

Juan Gossaín
“No comparto la forma de opinar de Pacho en la radio”

Dicen que cuando el periodismo está frente al poder no tiene sino dos caminos: arrodillarse o enfrentársele. ¿Usted qué opina?

J.G.:El poder y el periodismo son enemigos naturales. Son como el ratón y el gato. Pero sí hay un punto medio, que es lo que yo llamo la ecuanimidad. No necesariamente se trata de que el periodismo y el poder político estén condenados a ser enemigos. Eso ocurrió sobre todo durante el proceso 8000 en Colombia, pero por unos motivos muy particulares. Entre el periodismo y el poder hay que conservar las distancias: ni usted hace noticias, ni yo firmo decretos. Eso fue lo que Andrés Pastrana nunca me entendió. Pastrana creía que sus amigos eran para servirle a él, no al revés. (...)

¿Está de acuerdo con que entre el periodismo y la política funcione la puerta giratoria?, ¿que se entre, que se salga, y que vuelva y se entre? Fíjese que el presidente Juan Manuel Santos pasó del periodismo a la política. Y quién sabe qué suceda dentro de ocho años…

J.G.:Ya después de presidente, lo veo muy difícil.

¿Por qué? Lo hizo Francisco Santos, que regresó de la Vicepresidencia al periodismo. Y casualmente al mismo cargo que usted ejerció durante tantos años, al frente de las noticias de RCN. A propósito, ¿cómo le ha parecido su programa con la dirección de Pacho?

J.G.:Es la primera vez que hablo de eso. No solo Pacho viene de ser el vicepresidente de la República, sino que es el primo hermano doble del Presidente de Colombia. Por eso aún tiene por delante el problema de convencer de su imparcialidad a la opinión pública. Es decir, yo compadezco a Pacho en el campo en que le va a costar más trabajo y más tiempo que a cualquier otro: probar que es capaz de actuar de manera independiente. Segundo, yo creo que Pacho, a quien conozco perfectamente y es muy bueno amigo mío, es una excelente persona. Y es difícil lo que voy a decir sin correr el riesgo de generar malas interpretaciones. Pacho tiene una cierta chispa, como una corriente eléctrica de locura periodística, que bien manejada es un capitalazo, si no se desborda…

Puede llegar a ser muy original y muy creativo...

J.G.:Y se trata de eso. Cuando a mí me dijeron: “¡El trabajo que le va a costar a Pacho remplazarlo!”, les contesté: “Están equivocados. Aquí nadie viene a remplazar a nadie. Yo jamás intenté remplazar a Yamid, por ejemplo”.

(...) Por lo que he podido escuchar hasta ahora, Pacho ha sido una sorpresa para mí. Por ejemplo, con sus antecedentes de Vicepresidente que venía directamente de ejercer su cargo esperaba que hubiera mucha más opinión que noticias. Y me he encontrado con que lo mejor que han hecho son las entrevistas exclusivas: Mario Vargas Llosa, Alan García, la operación de rescate de los mineros de Chile...

Lo que sí no comparto son algunas de las formas de opinar que hemos visto en el noticiero. Por ejemplo, uno no puede decir que al Procurador General le sobraron pantalones para condenar a Piedad Córdoba, e ignorar que el Procurador le impuso una pena disciplinaria igual al secretario general de la Presidencia de Uribe, Bernardo Moreno.

¿No mencionaron la noticia en el programa?
 
J.G.:
Ni tocaron el tema. Como oyente me ha dolido, y también me han molestado los chistes de mal gusto. Por ejemplo, el día en que mataron a Jojoy salieron con el cuento de que había que enterrarlo con “piedad”. Eso es una barbaridad. No tiene gracia ni nada. La gente en este país no necesita que la azucen para que mate a otro. En términos generales, el programa noticiosamente está bien, pero es muy equívoco en materia
de opinión. (...)

Yamid Amat
“Más que poderosos, los periodistas podemos ser muy perversos”


A veces un reportero tan avezado como usted también es ingenuo, y le meten gato por liebre. ¿Cuál ha sido su mayor acto de ingenuidad?

Y.A.:Una vez en Radionet un periodista me pidió una plata porque me dijo que tenía una pista muy buena para llegar a donde estaban los secuestrados de las Farc. Se la di. Y unos días después lo entrevisté al aire y el tipo, jadeando, me dijo que estaba en plena selva y que desde ahí alcanzaba a ver a los secuestrados. Resultó que era mentira. Estaba en la casa.

(...)¿Cuál fue el reportaje más amargo que ha hecho durante su vida?

Y.A.:Uno que me hizo llorar. Cuando trabajaba en Caracol, teníamos un escáner que chequeaba las frecuencias aéreas. Eso es ilegal. (...) Un día estaba saliendo de Caracol a las siete de la noche y un periodista me dijo: “Venga oye esto”. Me devolví y oí en el escáner la conversación de unos niños pidiendo auxilio desde un avión. Venían con su padre, el piloto, volando hacia Bogotá, y el padre murió en el aire. Los niños tenían como 10 y 12 años. No tenían ni idea de manejar un avión. Eso me pareció absolutamente estremecedor… Decidí sacar la conversación de los niños al aire, y el país se paralizó. Entonces el piloto de un avión de Avianca se les puso encima y empezó a darles instrucciones a los niños para tratar de que pudieran aterrizar en El Dorado.
 
Eso duró 20 minutos. Me llamaron de la torre de control y me dijeron: “Mire, señor Amat, usted va a ser responsable de una tragedia sin nombre en Bogotá. Estos niños están cerca de la ciudad, pero no van a poder aterrizar en el aeropuerto. Eso es imposible de hacer, y usted está poniendo a la ciudad en peligro. El avión tiene gasolina. Si cae sobre la ciudad, mata a mil personas. Interrumpa inmediatamente esa comunicación. Ya le dimos órdenes al piloto de Avianca para que los dirija fuera de la ciudad”. “Pero ¡los van a matar!”, exclamé. “Sí, pero ¿qué hacemos?”, me contestó.
Yo ahí me puse a llorar. Los desviaron a un lugar despoblado y ahí se mataron. Pero el de la torre de control tenía razón.

(...) Nunca le he oído comentar cómo sobrevivió a la época del narcoterrorismo. Cada periodista tiene su propia historia de supervivencia…

Y.A.
:(...) Gonzalo Rodríguez Gacha me mandó decir que tuviera cuidado porque Escobar estaba tras de mí. Le dije al abogado que me citó para darme la razón que yo quería hablar personalmente con Rodríguez Gacha. (...) Me contó que había habido una reunión donde Pablo Escobar había resuelto secuestrarme o eliminarme. Y me da pena contar lo que sigue a continuación, pero es verdad… Rodríguez Gacha me dijo: “Mire, Yamid, yo soy hincha de Millonarios y sé que usted es hincha furibundo del Santa Fe… A mí me gusta la gente que goza con el fútbol, y la verdad es que yo quiero al Santa Fe, así sea para derrotarlo. No vuelva a hablar del tema del cartel… Ni una palabra más si quiere seguir viviendo. Adiós”. (...)

¿La verdad se maneja con criterios subjetivos? Si eso es cierto, los periodistas somos muy poderosos…

Y.A.:Más que poderosos, lo que podemos ser es muy perversos. Hay verdades que pueden parecerlo, y se pueden manejar por ello perversamente. Ahí es donde uno aprecia la dimensión del libro de Kapuscinski sobre el carácter pícaro que a veces tienen los periodistas. Un periodista, dice él, tiene que ser, antes que nada, una buena persona. Y no siempre lo somos.(...)

Al frente de las noticias de Caracol Televisión usted duró como cuatro años. Un buen día también se fue, y nunca ha contado por qué…

Y.A.: Se lo voy a contar. En el transcurso de la vida se enfrentaron Augusto López y Julio Mario Santo Domingo. López comenzó a trabajar como gerente en la campaña de Horacio Serpa, cuando este compitió contra Álvaro Uribe en su primera candidatura.
 
Un día, Fabio Echeverri Correa, quien manejaba la campaña de Uribe, llamó a Julio Mario Santo Domingo y le dijo: “No es posible que usted mantenga en la dirección de noticias de Caracol a un hombre que es íntimo amigo de su enemigo. Y que además es gerente de la campaña de Horacio Serpa, sabiendo, como usted sabe, don Julio Mario, que el que va a ganar es Álvaro Uribe”.

¿Y entonces qué pasó?

Y.A.:Adiós, Yamid. 


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