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| 7/7/2015 11:30:00 AM

Medicina Legal: el bombero Diego Fernando Castro se suicidó

El teniente Diego Castro, padre del funcionario fallecido, se niega a creer que su hijo haya muerto por su propia mano. Este martes será el entierro.

“Me resisto a creer que se suicidó”. “Eso no pudo ser un suicidio”. Esas frases se las repite de manera insistente el teniente Diego Castro, padre del bombero Diego Fernando Castro, que apareció muerto en la tarde del pasado sábado dentro de las instalaciones del colegio Centro Don Bosco, en el occidente de la capital.

Repite el mantra una y otra vez, convencido de que esa es la verdad. Aunque no entiende qué pasó y busca encontrar las razones que justifiquen la tragedia, fuentes del Instituto de Medicina Legal le confirmaron a Semana.com que se trató de un suicidio.

Diego Fernando siempre anheló ser bombero y continuar con el legado que le habían dejado su abuelo Jesús Castro, su padre y su hermano William, que falleció en un accidente de tránsito en el 2002 –dos años después de haber ingresado al Cuerpo de Bomberos-.

Diego Fernando, de 32 años, había empezado su vida en el organismo de socorro hace exactamente dos años y se caracterizó, según sus compañeros y su padre, como un hombre de paciencia, templanza y entregado a lo que hacía. Tanto, que para poder ser bombero se preparó durante 10 años.

Sin embargo, un grave hecho empañó su carrera y lo puso en el ojo del huracán el pasado 30 de junio, cuando Nicolás Quevedo Riso, un pequeño de siete años, murió ahogado en la piscina de la Estación de Bomberos de Kennedy durante el curso vacacional para niños que Diego dirigía.

Ese día Diego no debía estar ahí, pues ese martes era su día de descanso. No obstante, resolvió ayudarle a su compañera Carolina a cuidar los 24 ‘bomberitos’ que hacían parte del programa. Por eso el nefasto hecho los puso a ambos como primeros involucrados en la muerte del pequeño.

“A mí me contaron que algo había pasado en la estación Kennedy, me informaron que era algo grave, así que me preocupé y salí para allá”, contó el teniente Castro, que comanda la estación ubicada en el barrio Garcés Navas.

Cuando el padre llegó a la estación, vio que su hijo y su compañera estaban dando declaraciones de lo sucedido con el menor. Después fueron llevados a una clínica en el norte de Bogotá y les realizaron un examen psiquiátrico. Allí, un médico les dio incapacidad de cuatro días para que recibieran tratamiento psicológico.

“Los que escogemos ser bomberos lo hacemos por vocación porque queremos salvar vidas. Entonces, que de un momento a otro lo miren a uno como un criminal, eso afecta. Eso no nos cabe en la cabeza porque está en contravía de lo que hacemos”, explica el desolado patriarca.

Y no es para menos. Según su familia, Diego Fernando se veía muy preocupado por la información que se filtraba en los medios, en donde se afirmaba que la Fiscalía había iniciado una investigación contra ellos por homicidio culposo.

“Empezaron a señalarlo como si hubiera sido el responsable de la muerte del niño. Él me repetía que no sabía qué pasó. Me decía: ‘Papá, yo me quedé para ayudar, ¿por qué me tratan como un criminal?’”, narró, a la vez que cuestionó: “¿Acaso no pudo ser un accidente?”

Y es que en 50 años que tiene el programa de ‘bomberitos’ en Bogotá, por el que han pasado 31.000 niños, es la primera vez que ocurre algo así.

El teniente cuenta que toda esta situación le trajo muchísimas amenazas a Diego. Algunos bomberos contaron que el día del entierro de Nicolás había personas que les gritaban frases amenazantes, como “van a pagar la muerte del niño”.

En las redes sociales la situación era aún más denigrante, pues para muchos cibernautas -ocultos detrás de la comodidad de sus pantallas- ninguna palabra era suficiente para tratar mal a los supuestos responsables de la muerte del pequeño.

La presión emocional que cargaba Diego Fernando no era poca. Sin embargo, su padre insiste en que no fue un suicidio y que la Fiscalía debería investigar a fondo lo que sucedió. 

La despedida

Cuando Diego Fernando salió de su casa el sábado 4 de julio, les dijo a su esposa y a su hija de 15 años que no tardaba y que saldría a hacer sus actividades físicas, que normalmente las hacía en el parque Simón Bolívar.

“Sin embargo, ese día terminó en el Centro Don Bosco, donde estudió parte de su bachillerato. ¿Quién lo dejó entrar sabiendo que es una institución privada? ¿Con quién entró? ¿Qué dicen las cámaras de seguridad? ¿Quién llamó y comunicó la muerte mi hijo? Espero que la Fiscalía encuentre la verdad y haga justicia”, manifestó su padre.

El tiempo y los resultados de las investigaciones definirán lo que pasó con Diego y con el niño. Mientras tanto, el teniente Castro está resignado a que quizá nadie continuará con el legado bomberil de la familia Castro, y enterrará a su hijo este martes en un cementerio del norte de Bogotá.

- ¿Teniente, y si su hijo de cinco años algún día quiere ser bombero?

- Lo aceptaré. Aunque reconozco que lo haré con miedo, porque tuve dos hijos bomberos y los dos están muertos.


Cortesía de la oficina de prensa Bomberos de Bogotá.
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