Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2015/08/22 22:00

Las siete vidas del gato de Megateo y Otoniel

Los dos hombres más buscados del país tienen el mismo origen: guerrilleros del EPL. Sus vidas paralelas muestran cómo una mala desmovilización perpetúa la violencia.

A finales de los años ochenta, Megateo y Otoniel formaron parte de las filas del EPL. Hoy son los dos delincuentes más buscados de Colombia. Foto: Archivo SEMANA

Dairo Úsuga, alias Otoniel, es el jefe de la banda criminal de los Urabeños. Víctor Navarro, alias Megateo, es el comandante de una disidencia guerrillera. Por el primero hay 5 millones de dólares de recompensa. Por el segundo se ofrecen 2.500 millones de pesos. Al primero lo persiguen más de 1.500 hombres de la Policía. Tras el segundo hay cerca de 800 uniformados. El primero está en las húmedas selvas del Urabá antioqueño. El segundo, en las montañas de Norte de Santander. Los dos son en la actualidad los hombres más buscados de Colombia.

Otoniel se presenta y pretende que su organización criminal sea considerada como las nuevas autodefensas. Megateo, por su parte, dice que la estructura que dirige es un grupo subversivo de ideas marxistas que lucha por una revolución. Ni lo uno, ni lo otro.

Cobijados bajo el manto de ser paramilitares y guerrilleros, la realidad es que no son los jefes de dos grupos enemigos como lo han intentado hacer creer a la opinión pública. De hecho es todo lo contrario. Son socios, amigos y se dedican a lo mismo: el narcotráfico. Cada uno lidera las que, según las autoridades, son las mayores estructuras que existen actualmente dedicadas a la producción y exportación de droga. Otoniel, por gran parte del Caribe y el Pacífico. Megateo, a lo largo de la frontera con Venezuela.

Estos dos capos llevan años siendo perseguidos por la justicia. Durante lo que va de 2015 han ocupado los titulares de prensa con mucha frecuencia. No es para menos. Desde febrero, Otoniel y su banda son el objetivo de la más grande operación de persecución contra un capo desde los tiempos de Pablo Escobar. Más de 500 de sus hombres han sido arrestados, y le han quitado droga, dinero y propiedades valoradas en más de 600 millones de dólares.

Megateo, por su lado, volvió a saltar a los titulares en las últimas dos semanas. La razón no es otra que la más reciente operación que las Fuerzas Militares lanzaron en su contra. El pasado domingo 16 de agosto se rumoró incluso que el capo del Catatumbo, como es conocido, había muerto ese día. Sin embargo, todo parece indicar que logró sortear con éxito la ofensiva. Desde hace ocho años es considerado un “blanco de alto valor”. Durante este tiempo más de 50 operaciones se han realizado en su contra sin ningún éxito.

La vida de estos dos capos tiene muchas cosas que los unen. Conocen como pocos las zonas en donde se mueven. Han logrado ganarse la confianza y el cariño de la gente que los protege y les informa de cualquier acción en su contra o de algún extraño que llegue a la región. Con regalos de mercados, electrodomésticos, medicinas, motos o dinero los dos son considerados como una especie de Robin Hood por los pobladores. Una hábil táctica que no pocas veces les ha salvado la vida o de terminar en la cárcel. El gusto por las joyas, las fiestas y, sobre todo, por mantener relaciones sexuales con menores de edad es otra característica de los dos capos.

Estas vidas paralelas tienen un origen común que muy pocos conocen. A finales de los años ochenta, Otoniel y Megateo formaron parte de la guerrilla del EPL en donde militaron durante varios años. En 1991 se produjo la desmovilización de ese grupo, la cual estuvo marcada por una alta dosis de improvisación que generó que muchos de sus integrantes sencillamente optaran por no reincorporarse y crear disidencias.

Otoniel y decenas de guerrilleros del EPL fueron reclutados y formaron parte de las nacientes autodefensas de Fidel y Carlos Castaño. Se transformaron en el pilar de ese grupo en la zona de Urabá. Con el tiempo, Otoniel haría parte de los paramilitares del Meta cuando las AUC se expandieron a esa zona. Tras el proceso de sometimiento de estos grupos, durante el gobierno de Álvaro Uribe, Otoniel regresó a Urabá y consolidó la conformación de su actual banda criminal.

El destino de Megateo tras la incompleta desmovilización del EPL no fue diferente. Con un puñado de hombres creó una disidencia de esa guerrilla y se enquistó cerca al municipio de Hacarí, en el corazón de la región del Catatumbo. Enarbolando la bandera del desaparecido EPL realizó alianzas con facciones de las Farc y el ELN, y básicamente se dedicó a manejar y controlar toda la cadena del narcotráfico en esa zona del nororiente del país. Así ha sobrevivido la última década.

El caso de estos dos hombres, más allá de que algún día sean capturados, es un claro ejemplo de los riesgos que existen cuando se realizan desmovilizaciones a medias o improvisadas. De guerrilleros rasos terminaron convertidos en dos capos fugitivos. Una historia que no debe repetirse.

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