Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2004/01/19 00:00

Mejor tarde que nunca

Esta semana se discutirá por primera vez públicamente cómo ponerle fin al paramilitarismo. Es un experimento que podría inyectarle nuevas ideas a la negociación con las autodefensas.

Mejor tarde que nunca

Aunque con un año de retraso, por fin se abre un debate a fondo en el país sobre cómo acabar con el paramilitarismo. Las comisiones de paz del Senado y la Cámara de Representantes, junto con la Oficina del Alto Comisionado de Paz, escucharán esta semana a más de 50 invitados que hablarán sobre el fenómeno paramilitar en una audiencia en el Congreso.

A las extensas jornadas asistirán académicos, expertos en el tema, representantes de gremios económicos y víctimas de las autodefensas. Cada uno expondrá durante media hora sus opiniones respecto a la negociación con las autodefensas sobre la base de un cuestionario de 10 preguntas. Después se conformarán unas comisiones de trabajo integradas por congresistas, expertos y miembros de la comisión facilitadora para estudiar más a fondo su eventual reinserción, los beneficios jurídicos, aspectos económicos como la devolución de tierras y el papel que deben desempeñar las víctimas durante la negociación. Simultáneamente se adelantarán unos foros en Montería, Villavicencio, Valledupar y en otras ciudades para que la gente de esas regiones que tienen amplia presencia de las autodefensas exponga sus puntos de vista.

"La negociación con los paramilitares la hace el gobierno. Pero nosotros queremos oír a la sociedad civil para que exista una concertación de política pública frente a las autodefensas", explica el senador Rafael Pardo, promotor de estas audiencias.

El senador Pardo será en marzo uno de los ponentes del proyecto de ley de alternatividad penal, norma que otorgaría a los paramilitares que hayan cometido crímenes atroces, el beneficio de no ir a la cárcel cuando se desmovilicen. El año pasado, el senador uribista propuso retirar el proyecto porque, entre otras razones, no existía un consenso en la sociedad sobre qué hacer frente a los paramilitares. Dijo entonces que no tenía sentido comenzar la discusión sobre el perdón antes de que existiera claridad sobre si eso llevaría a la disolución de estos grupos.

¿Qué tan útiles serán estas audiencias? Depende de cómo se mire. En términos prácticos pueden aportar poco. De esas audiencias, inspiradas en las del Congreso estadounidense, no saldrá la solución al fenómeno paramilitar, y mucho menos un acuerdo o un documento oficial que defina cómo negociar. Pero en términos políticos son muy importantes pues podrían relanzar el proceso con los paras al dotarlo de una mayor legitimidad. Así mismo podrían surgir propuestas y visiones que enriquezcan las propuestas para una paz aceptable para la sociedad.

La negociación con las Autodefensas Unidas de Colombia arrancó con el pie derecho cuando se firmó el Acuerdo de Santafé de Ralito, que establecía como objetivo del proceso la desmovilización de las autodefensas y establecía un plazo para ello. Sin embargo muy pronto surgieron las espinas. El alto comisionado de paz, Luis Carlos Restrepo, presentó el proyecto de ley de alternatividad penal que les garantizaba a priori impunidad a los miembros de grupos armados que confesaran sus delitos y dejaran las armas sin que fuera necesaria la disolución del grupo armado como tal. Este proyecto, que salió de la oficina de Restrepo, inmediatamente provocó el rechazo de los defensores de derechos humanos, de las víctimas, de la comunidad internacional, de la mayoría de los medios, de muchos políticos e incluso de senadores uribistas como Pardo. Esto obligó al gobierno a replantearlo.

Fuera de este escollo, la extradición de los jefes paramilitares Carlos Castaño y Salvatore Mancuso, pedidos por Estados Unidos hace varios meses, sigue sin resolverse. La guerra entre los carteles de narcotraficantes, algunos ligados a grupos paramilitares, se ha intensificado así como la enemistad a muerte entre algunos bloques paramilitares.

Tampoco se ha logrado establecer una verificación del cese de hostilidades declarado por las AUC en 2003. Si bien las masacres han disminuido dramáticamente, el cese de hostilidades está lejos de cumplirse a cabalidad. Así por ejemplo, las autoridades han acusado a algunos grupos paramilitares de ser responsables de los recientes asesinatos en San Andresito (Bogotá), y de las muertes fruto de la persecución sin tregua del Bloque Cacique Nutibara contra 'Doble Cero', el comandante del Bloque Metro de Medellín, que no entró en la negociación con el gobierno. Tampoco han cesado viejas prácticas de las autodefensas, como las "oficinas" de cobro de deudas con violencia, o la apropiación ilegal de tierras de campesinos, como lo han denunciado autoridades de diversas partes del país.

La desmovilización de 800 paramilitares en Medellín, que buscaba oxigenar el proceso, terminó causando más decepción que emoción. El reciente anuncio de que no existían los fondos prometidos ni los empleos para los desmovilizados -problema que según el gobierno está solucionado-, y las dudas sobre la verdadera desaparición del fenómeno en la capital de Antioquia han empañado todo el proceso.

Ante este panorama, las audiencias podrían inyectarle un nuevo impulso a la negociación. Sobre todo porque por ahí es por donde se ha debido comenzar desde un principio: por alcanzar un mínimo de acuerdo sobre qué tocaría hacer para ponerle fin al paramilitarismo que ha existido desde hace décadas pero que tiende a ampliarse con efectos nefastos para la democracia.

Las audiencias -que posiblemente serán transmitidas por Señal Colombia- también servirán para que los colombianos que desconocen la dimensión del fenómeno paramilitar entiendan mejor cómo actúan, hasta dónde han reemplazado al Estado, cómo se financian o qué tan extendidos están en el territorio.

Lo que no es claro es si la metodología de las exposiciones permitirá un verdadero diálogo sobre el tema o será más bien una reproducción -más corta- de las inútiles y tediosas audiencias del Caguán. Que sea en el Congreso es bueno porque es el escenario natural para discutir los grandes temas de política pública, aunque se espera una precaria asistencia de los senadores y representantes, que están de vacaciones. Los que no faltarán serán los medios. Eso permitirá que por lo menos durante unas semanas el tema se analice desde muchos ángulos. Así, luego de este 'sicoanálisis' colectivo, el siquiatra Luis Carlos Restrepo estará menos solo para sacar adelante una negociación que no le genere nuevos traumas al país.

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