Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 1994/12/19 00:00

MEMORIAS DE UN BANDIDO

Apartes de una biografía de Pablo Escobar revelan datos espeluznantes y hechos hasta ahora desconocidos.

MEMORIAS DE UN BANDIDO

EL PERIODISTA FERNANDO ALVAREZ, QUIEN HA trabajado para SEMANA, Cambio 16 España y la revista Tiempo de España, fue una de las personas que pudo conocer mas de cerca el mundo de Pablo Escobar Gaviria. Obligado a exiliarse del país por amenazas del propio cartel de Medellín originadas en su actividad periodística, vivió en Madrid hasta la muerte de los protagonistas de esa guerra. En los últimos meses ha estado preparando un libro sobre sus experiencias como periodista de orden póblico en la Colombia de los 80. SEMANA publica algunos apartes, como la sentencia de muerte a Alberto Santofimio, su obsesión con Carlos Ardila Lülle y el rescate de su padre secuestrado.

SENTENCIA DE MUERTE A SANTOFIMIO
Ese día, un viernes a finales de octubre de 1983, se inauguraba una cancha iluminada en un bario nororiental de Medellín. Pablo Escobar había invitado a varios amigos periodistas antioqueños a que cubrieran el evento. En el momento en que se iba a hacer el saque de honor le llegó un mensajero con una noticia: Alberto Santofimio Botero le había enviado una carta en la que le pedía que renunciara a su movimiento político. La decisión de Santofimio había sido motivada por la aparición, dos días antes, de una noticia en primera página de El Espectador en la que se registraba una información del mismo diario siete años antes en la que se daba cuenta que Escobar había sido detenido en Pasto cuando transportaba 39 kilos de cocaína en las llantas de un camión proveniente del Perú.

Teniendo en cuenta que en ese momento era un representante suplente a la Cámara con ínfulas de benefactor, la revelación de que en su pasado había cocaína era un golpe muy duro. Todo el éxito de su carrera como el 'Robin Hood paisa' quedaba borrado de un tajo. Después de lanzar impulsivamente un hijueputazo, recobró rápidamente el control de sí mismo. Antes de proceder al saque de honor le dio la orden en voz baja al mensajero de la mala noticia que compraran de inmediato la totalidad de la edición de EL ESPECTADOR para Medellín. Al llegar el momento de su discurso Escobar estaba inspirado. Fue una intervención breve en la que se destilaba cierto rencor antioligárquico en medio de una andanada de frases populistas. Se comparaba con Gaitán y afirmaba que todo lo que se decía era producto de sus enemigos políticos que "no admitían que un pobre llegara al poder".

Tan pronto se inició el partido de fútbol a las 7:30 se montó en su Renault 18 color verde claro y dio la orden de que todos sus invitados fueran al sitio que le indicó a varios de sus guardaespaldas. Era un apartamento a la altura del estadio Atanasio Giardot, en la famosa calle 80 de Medellín. Hacia las 8:30 de la noche, cuando había llegado casi todo el mundo, Escobar inició un sondeo en el que le preguntaba a sus amigos, sus guardaespaldas y "sus" periodistas qué debía hacer ante la expulsión del movimiento que le había hecho Santofimio.
Rápidamente la pregunta degeneró en una más cruda: matar o no a Santofimio. Entre las 18 personas asistentes surgió un empate. (Obviamente este reportero era mantenido al margen de la votación. Era un invitado de la capital que merecía un trato especial). Lo curioso en ese momento fue que hubo votos a favor del ajusticiamiento que venían de algunos periodistas antioqueños. El fenómeno de abyección ante la figura intimidatoria del jefe era tan evidente que por los comentarios era difícil saber si hablaba un periodista, un político o un guardaespaldas. Todos terminaban siendo más papistas que el Papa y querían hacer méritos frente a Escobar, demostrando que no les temblaría la mano si fueran ellos los encargados de ajusticiar a Santofimio.

Algunos dijeron que la decisión estaba en cabeza de este reportero porque era el único que no había votado. El reportero, desconcertado de ser partícipe de un tema tan delicado en forma tan desprevenida, creyó inicialmente que estaban hablando en chiste. Rápidamente quedó claro que en el mundo de Pablo Escobar todo era posible. Este salió al quite y palmoteando la espalda del periodista, le dijo: 'Esto es en serio pero a vos no te vamos a meter en esto.' Inmediatamente se inventó una fórmula según la cual el próximo que llegara al apartamento tenía que decidir.

Cinco minutos después timbraron en la puerta, habían llegado tres personas: Gustavo Gaviria y dos modelos antioqueñas. Sin ningún tipo de introducciones les preguntó a boca de jarro: "Ustedes tres tienen que decidir si matamos a Santofimio o no". Gustavo Gaviria y la que fungía como su novia dieron voto en contra y la otra modelo dijo que mataran a ese hijueputa porque todos esos hijueputas políticos era iguales. El voto de la amiga de Gustavo Gaviria salvó a Santofimio y Pablo Escobar dijo: "Una mujer le salvó la vida a ese hijueputa traidor. Eso es buen agüero. A ese tipo no lo matan tan fácil".

Se inició la rumba y cada uno fue escogiendo pareja, no sin antes anunciar una noticia: a cada uno de los periodistas antioqueños presentes Escobar les adjudicaba un apartamento en un edificio del barrio Las Palmas de Envigado.

SU CAPITALISTA MODELO
Sentía gran desprecio por la gente adinerada de las familias tradicionales y hablaba mal de casi todo el mundo. Se jactaba contando cómo envolvió en el negocio a muchos de los ricos tradicionales, y eso le servía de alguna manera para reafirmar una cosa que siempre repetía: "En este país todo el mundo tiene su precio. Aquí la gente bien es la más bandida. Y nadie tiene autoridad moral para decirme a mi qué está bien hecho y que no. Esa gente bien se va a pegar un susto con lo que está pasando con todos esos combos de traquetos en Colombia," dijo en mayo de 1983 cuando le contaba a un grupo de periodistas, el cual incluía a este reportero, la historia del colombiano Carlos Arango, que estaba condenado a la silla eléctrica en Estados Unidos. Se ufanaba de haber logrado meter a los Ospina Baraya en el negocio y contaba cómo había salvado la vida de Rodolfo en más de una ocasión porque siempre quedaba mal con la gente. "Es que entre más ricos tengamos trabajando con nosotros menos nos joden. Eso sí que no se crezcan mucho porque este negocio es el único del mundo en que los blancos trabajan para los negros ".

Lo obsesionaban los ricos. Siempre preguntaba cómo eran, que gustos tenían, cómo vivían ciertos personajes de la vida pública nacional. Pero su principal obsesión era Carlos Ardila Lülle. Lo consideraba el hombre más talentoso de lo que el llamaba "los ricos legítimos" y consideraba que su grupo era el mejor manejado del país.

Era tanta su admiración por Ardila que mandó hacer un estudio para determinar si su organización era penetrable. Contrató asesores financieros y juridicos para que hicieran un análisis de Gaseosas Colombiana, Sonolux y RCN, que eran las tres empresas que lo descrestaban. El resultado del estudio fue negativo. Le informaron que Ardila era dueño de la totalidad de las acciones de esas empresas y, por tanto, era imposible entrar en ellas a través de testaferros. En ese momento decidió que si no era posible comprar una fábrica de gaseosas el negocio era montar una propia.

Curiosamente Ardila le producía simultáneamente admiración y resentimiento, aunque era difícil determinar la razón de lo segundo. Se había sentido muy orgulloso de que su zoológico en la hacienda Nápoles hubiera sido utilizado como locación para una cuña de Postobón por solicitud de una agencia de publicidad. Sin embargo cuando Ardila vio la cuña y se enteró de que el comercial había sido grabado en una propiedad de Escobar, prohibió que saliera al aire. El jefe del cartel de Medellín consideró esto un desaire y desde ese momento le tomó animadversión a su antiguo ídolo. "Le voy a montar la competencia", aseguraba permanentemente.

En todo caso los estudios para montar la planta de gaseosas se realizaron, e incluso se compraron algunos equipos. Con el tiempo, sin embargo, el tema fue desapareciendo, pues los intereses de Escobar eran cíclicos y las prioridades de un día generalmente desplazaban las de la víspera. Un día, sin embargo, delante de este reportero, le preguntaron que había pasado con su fábrica de gaseosas. Lacónicamente se limitó a contestar que algunos de los equipos acabaron siendo utilizados en otra fábrica.

PASION POR LOS MEDIOS
Otra de sus obsesiones era la de montar un medio de comunicación. Como la televisión nacional estaba fuera de su alcance, pensaba que su única alternativa era la prensa escrita. Había hecho estudios sobre la viabilidad de un periódico y ese negocio no lo convencía. Su conclusión era que había que montar una revista. Y como en ese momento la única revista de opinión era SEMANA, hablaba todo el tiempo de ésta. Lo sorprendía la poca plata que se necesitaba. Aseguraba que pondría a cotizar a 20 mafiosos de Colombía para montar una revista en la que no se hablara mal de ellos. "¡Imagínese lo que sería una revista cubriendo la guerra de Las Malvinas o la guerra de Nicaragua en nuestros propios helicópteros!". En julio de 1983, sentado en la orilla de la piscina de la hacienda Nápoles, le preguntó a Gustavo Gaviría si el estaría dispuesto a poner una plata para montar una revista con toda "la gente". De inmediato le preguntó a Jose Ocampo 'Pelusa' y a otros tres tipos, quienes habían sido presentados como pilotos.

Todo lo que tenía que ver con los medios lo apasionaba. Siempre estaba tratando de montar algo. En una ocasión le aseguró a este reportero que estaba negociando el periódico El Mundo pero que le faltaban unos retoques a la negociación porque había "una gente muy dura que no quería dar el brazo a torcer".

Cuando montó Antioquia al Día prácticamente instaló sus oficinas allí, supervisaba personalmente lo que se editaba y aseguraba que ser periodista era una de sus vocaciones frustradas. Contaba con orgullo cómo el fue colaborador de su tio Humberto Gaviría en el periódico Medellín Cívico y cómo lo transformó cuando él tuvo dinero.

EL SECUESTRO DE SU PADRE
Cuando secuestraron al papá de Pablo Escobar, este hizo gala de su poderío en Medellín. Aparte de juntar a los principales jefes de seguridad de los servicios secretos de la capital antioqueña y de reunirse con los principales hombres del bajo mundo para ofrecer esta vida y la otra al que diera información "clara y precisa " sobre el paradero de su padre, diseñó un plan cinematográfico para rescatarlo.

Aprovechando que don Abel era una persona con deficiencias cardíacas y que había que pedirles a los secuestradores que le suministraran una determinada droga, se ingenió el plan que daría con el paradero de los captores en menos de ocho días. Evocando lo que fue la liberacion de su padre afirmaba que "en Colombia no ha nacido ningún pícaro que supere mi mente maldadosa". Contaba -regocijándose como un niño de sus pilatunas- cómo hizo llegar un mensaje a los secuestradores en el sentido de que cuidaran a su padre y que el dinero del rescate lo iban a tener. Pidió a una de sus hermanas que le hiciera saber a los secuestradores por todas las vías posibles que deberían suministrarle dos drogas porque era enfermo del corazón. Puso a sus secuaces a que averiguaran dónde se podrían conseguir esas drogas y colocó un hombre en cada droguería de Medellín con el fin de detectar a quien preguntara por una o por las dos drogas. Uno de sus hombres se topó con una mujer, miembro de la banda de secuestradores, mientras averiguaba por la droga en una farmacia de La Ceja, y esa fue la forma como lo encontraron. "La capturaron y la hicieron cantar hasta el himno nacional", contó Escobar. "Sobra decir que todos y cada uno de los miembros de la banda y algunos de sus familiares están muertos", dijo, riéndose.

También relataba que el tenía conocimiento de que los agentes secretos de la Policía podían ser ubicados y recordaba cómo desvertebraron al M-19 cuando secuestraron a Marta Nieves Ochoa. Pero decía que prefería encontrarlos el por sus propios métodos. Días despues del atentado en el edificio Mónaco, Pablo Escobar quería que este reportero supiera cuáles eran en ese momento los dos únicos posibles autores del atentado dinamitero: según él, no podía ser sino la DEA con la colaboración de los Ospina Baraya o de Gilberto Rodríguez Orejuela. "En todo caso le va a salir muy caro al que lo hizo", sentenciaba en una finca cercana a la hacienda Nápoles, llamada hacienda Honduras.

Don Abel Escobar era un anciano inofensivo, y más bien indefenso, que seguía viviendo en La Ceja, Antioquia, en la que había sido su finca durante toda la vida, a pesar de la insistencia de doña Herminia, la madre de Escobar, y del resto de la familia, para que fuera a vivir a Medellin a disfrutar del confort que le proporcionaba su hijo Pablo. Era un viejo campesino terco que se negaba a recibir lo que no le correspondía. Nunca aceptó nada de Escobar, si acaso una remodelación de algunas de las tablas de su finca. Escobar afirmaba que el viejo era capaz de hacerse matar de los secuestradores y que lo que más le enorgullecía frente a el fue rescatarlo con vida y gracias a la operación militar que él mismo realizó y dirigió.

NOCHES DE RUMBA
A Pablo Escobar le gustaban las fiestas pero no sabía bailar. En una ocasión habían llegado a la hacienda Nápoles unas invitadas que no superaban los 20 años de edad, entre las que se encontraban las hijas de Felix Correa, quien por esa época acababa de ser arrestado por el lío de los autopréstamos en el Grupo Colombia.

De un momento a otro llegó el administrador de la hacienda, Hector Barrientos, y le dijo que había rumba en Puerto Boyacá. Escobar miró alrededor y dijo "nos vamos, en cinco minutos salimos". El administrador, en voz baja, le dijo que ya había mandado por unas muchachas, por si acaso no quería ir con las invitadas. Lo primero que tenía que hacer era escapársele a la 'Tata', como llamaba él mismo a su esposa, María Victoria Henao, que era la única persona en el mundo a quien le tenía miedo. Entonces mandó a todo el mundo a que se montara en los carros y saliera por la puerta princinal. Si ella llegaba a darse cuenta de algo, no quería que lo encontrara en el pelotón que salía. Para estas situaciones tenía una salida secreta de la finca, que consistía en un camino que sólo él conocía y que era difícil de verlo como tal. El campero en el que se movilizaba con las hijas de Félix Correa se introducía en una selva en la que no se veía camino alguno, aunque existía una carretera completa. Los arboles y las hierbas la tapaban de tal forma que parecía un pasaje secreto de las aventuras de El Fantasma.
La vía del escape salía un kilómetro más alla de la entrada de la hacienda. Ahí lo esperaban Barrientos y todo el grupo que víajaría a Puerto Boyacá a la fiesta municipal. Afirmaba que tenía que ir a esa reunión puesto que tenía una fortaleza política. Ese día le presentó a este reportero a Pablo Emilio Guarín, quien orgullosamente dijo "yo soy el corresponsal de 'El Tiempo' en esta región". Además era diputado por el movimiento de Jaime Castro en Boyacá.

Al llegar a la fiesta fueron rodando los billetes para la policía que cuidaba el recinto en donde se presentaba la orquesta. En medio de la rumba comenzó el coqueteo. Escobar era muy campesino en sus maneras hacía las mujeres. No lanzaba piropos ni cumplidos, sino que trataba de impresionarlas con cuentos provincianos, como el de que el leía la mano, para poder quedarse unos minutos cerca de la muchacha. Se volvía una santa paloma y hablaba del amor como un quinceañero. Al bailar movía los pies de una manera tan torpe y tan poco elegante que hacía prácticamente que su pareja intentara enseñarle. Se sonrojaba y se negaba a moverse de una manera diferente a como él lo hacía, argumentando que debía tener la cara siempre para un lado porque tenía que estar pendiente de sus enemigos.

En el momento en que todo mundo empezaba a prenderse con los tragos, uno de los hombres de Escobar sacó un paquete de cigarrillos Marlboro y se lo entregó a su jefe. Era un paquete completamente sellado con la banda de seguridad incluida. Escobar brindó cigarrillos y rápidamente se pudo detectar el olor a marihuana. No le gustaba fumarla, aunque lo hacía de vez en cuando, ni tampoco quería brindarla a sus invitados. Lo que quería era mostrar cómo tenía una empaquetadora para este tipo de gustos. Hablando sobre la perfección del empaque del cual estaba tan orgulloso, le dijo a otro de sus hombres, "muéstrele aquí al periodista el producto de exportación". En ese momento uno de los guardaespaldas sacó una cajetilla de cigarrillos completamente sellada, como la anterior, pero esta era impresa en color azul, con una hoja de marihuana pintada. "Dentro de muy poco Colombia será el principal país exportador de este tabaco".-

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