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| 9/22/2012 12:00:00 AM

Menos homicidios en Bogotá: todos ponen

Bogotá sigue con una reducción de homicidios que otras ciudades de la región envidiarían. ¿Qué hay detrás de esta exitosa historia de lucha contra la criminalidad?

El día del amor y la amistad, junto al día de la Madre, se cuenta dentro de las fechas del año cuando las autoridades registran un incremento en los hechos violentos en las ciudades, en especial en Bogotá. Años de mediciones le han permitido a la Policía Metropolitana de la capital conocer las áreas, las horas, las modalidades y hasta las edades de las víctimas de homicidios y lesiones.

Con esta información el comandante de la Policía, el general Luis Martínez, le solicitó al alcalde Gustavo Petro que este año tomara una medida polémica. Como los menores de edad constituyeron en fechas anteriores una parte importante de las agresiones mortales en el fin de semana de esta celebración septembrina, el Distrito podría decretar un toque de queda temporal para esta población. Sacar a los jóvenes de las calles en la noche podría ayudar a mitigar la violencia. La administración y la Policía se unieron y, a pesar de las críticas de muchos ciudadanos, mantuvieron la restricción con el objetivo de un día del Amor y la Amistad menos trágico.

El balance para la ciudad fue muy positivo: mientras el año pasado se registraron 19 muertes violentas, este año la cifra se redujo a nueve. La caída del 47 por ciento se sumó a una reciente serie de reportes que confirman que la capital del país retomó el camino de la baja en los homicidios. El pasado agosto, por ejemplo, resultó ser el menos violento de los últimos 27 años en Bogotá, de acuerdo con los promedios mensuales de la Policía Metropolitana. En tres días de ese mes el Distrito no tuvo ningún asesinato. Y de esas jornadas pacíficas se han presentado ya 13 en lo corrido de este año.

Una mirada comparada mes a mes del comportamiento de la violencia de la capital refleja la inocultable mejoría. Los datos de Medicina Legal y Policía muestran que en ninguno de los ocho primeros meses de este año el conteo de homicidios ha superado a los niveles contabilizados en 2011. A pesar de que en diciembre los registros normalmente se disparan, la tendencia parece indicar que 2012 será un año histórico en esta medición, la más sensible dentro de la seguridad urbana. O al menos la baja será tan notable que el general Martínez aspira a que el total del año registre un poco menos de los 16 casos por cada 100.000 habitantes.

Si se tiene en cuenta que, de acuerdo con Medicina Legal, en 1999 la capital rondaba los 42 casos, es justo decir que la política de reducción de homicidios ha sido un éxito bogotano. Más aún si estos guarismos se comparan con otras grandes ciudades colombianas y latinoamericanas (ver gráficos). No es común que el área urbana más poblada de un país sea una de las menos violentas y tampoco que la baja permanezca por más de una década. Si bien cabe mencionar que entre 2008 y 2010 la tendencia se revirtió y la tasa subió un poco, los resultados de 2011 devolvieron a la capital al camino de la disminución.

Dado que la inseguridad es una de las principales preocupaciones en la agenda de los bogotanos, el alcalde Petro ha mostrado interés en el tema. A partir de febrero restringió el porte de armas con salvoconducto y ha acompañado a la Policía en el despliegue de sus estrategias de seguridad ciudadana. Así mismo el funcionario ha mantenido las políticas contra los homicidios en un alto nivel dentro de su agenda. Obviamente los positivos registros contabilizados en lo corrido de 2012 han llevado a la Alcaldía a atribuir la favorable tendencia a la restricción a las armas de fuego.

¿El caso de éxito que viene experimentando Bogotá es el producto de una sola medida? Expertos consultados por SEMANA coinciden que las dinámicas del homicidio en una metrópoli se presentan por múltiples causas y de igual manera se reducen como resultado de un abanico amplio de iniciativas públicas y privadas. Para la Fundación Ideas para la Paz, por ejemplo, la disminución capitalina respondería más a programas desarrollados por la Policía, como la vigilancia por cuadrantes, que a la prohibición de las armas.

Lo cierto es que a la par del fortalecimiento en información que permiten identificar las áreas más violentas, la Policía maneja en el territorio nacional una serie de políticas que están funcionando. Cifras de la Consejería Presidencial para la Seguridad Ciudadana ratifican recientes bajas en homicidios en Medellín, Pereira, Bucaramanga y Cali. Regresando al caso bogotano, la Policía Metropolitana montó también siete gerencias para los respectivos delitos de mayor impacto a la ciudadanía: homicidio, lesiones personales, hurto a residencias, personas y de vehículos, microtráfico y microextorsión. Simultáneamente se han desplegado operaciones de inteligencia contra bandas de robo de celulares y de venta de droga.

Una revisión más detallada a cada uno de estos delitos revela la complejidad de la lucha contra la criminalidad en una gran ciudad. Muchos hurtos a personas, que afectan la percepción de inseguridad de los habitantes, no se denuncian. El aparato de Justicia también carece de capacidad institucional y de dientes legales para castigar a los delincuentes que la Policía captura. Por ahora, en el delito más grave, el homicidio, los resultados son positivos y las estrategias detrás de estos deben mantenerse y fortalecerse. Como lo decía la antigua campaña de cultura ciudadana, aquí todos ponen: Distrito, Policía, ciudadanos, empresarios y hasta la rama Judicial.
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