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| 2/13/2010 12:00:00 AM

Mensaje a la Corte

Lo único peor que una segunda reelección inmediata de Uribe, sería su regreso en 2014.

Antes de que termine este mes los colombianos sabrán si hay o no referendo reeleccionista. A pesar de todas las cábalas que se hacen, nadie sabe a ciencia cierta cómo será la votación de la Corte Constitucional. Queda por verse si la mayoría de los magistrados coincide con el ponente, Humberto Sierra Porto, en que hay cinco vicios de forma insalvables y que por lo tanto el referendo es inconstitucional.

Si por casualidad sucede lo contrario, y deciden que los pecados son veniales y no mortales, se ha llegado a especular que una posible fórmula de transacción sería cerrar la puerta para una segunda reelección inmediata, pero dejarla abierta para 2014. Para esto, lo único que se requeriría es que el texto aprobado fuera el que contenía la pregunta original cuando se recolectaron las firmas, y no el que modificó el Congreso para permitir un tercer período de Uribe a partir de 2010.

Los partidarios de esta solución le ven muchas ventajas. Creen que dejaría satisfecha a la mayoría de la opinión pública, buena parte de la cual es uribista no reeleccionista. Por otra parte, no ofendería al Presidente de la República, ya que su referendo no sería derrotado. Y por último, le permitiría al primer mandatario tomarse un merecido descanso y regresar si el país lo necesita.

Ojalá los magistrados de la Corte no piensen así. Porque si bien a primera vista esa opción puede parecer conciliadora y atractiva, la verdad es que lo único peor que una segunda reelección inmediata es una segunda reelección diferida. Para comenzar, como esta medida sólo se tomaría por el prestigio de Álvaro Uribe, sería legislar con nombre propio, lo cual es un absurdo en términos institucionales. La expectativa de que el Presidente pueda regresar a la Casa de Nariño dentro de cuatro años dejaría a Colombia con una especie de 'padre de la nación' tipo Fidel Castro, con un poder por encima de cualquier organigrama constitucional. Se perpetuarían roscas a la espera de la reconquista y se bloquearía la renovación política.

Uno de los grandes avances de la Constitución de 1991 fue la eliminación de la reelección no inmediata, que era permitida hasta ese momento. Carlos Lleras quiso regresar al poder en 1974, pero fue derrotado. Volvió a intentarlo en 1978 con el mismo resultado. López Michelsen quiso repetir en 1982 y tampoco pudo. Esas aspiraciones reeleccionistas no le sirvieron ni al país ni a ellos.

Y cuando los ex presidentes han ganado su reelección no inmediata, el resultado ha sido aún peor que cuando la han perdido. En Venezuela los regresos de Rafael Caldera a nombre del Copei y el de Carlos Andrés Pérez con Acción Democrática son considerados los responsables directos del colapso del establecimiento político que dio lugar al surgimiento de Chávez. En Colombia, desde cuando se prohibió la reelección no inmediata en 1991, se ha producido una nueva generación de líderes políticos, como lo demuestra el abanico de candidatos que hay en la actualidad. Si los ex presidentes hubieran podido seguir aspirando, este relevo no se habría producido.

De permitirse el regreso de Álvaro Uribe en 2014 sólo hay dos escenarios posibles: que en 2010 llegue a la Presidencia un uribista abyecto que esté dispuesto a guardarle la silla durante cuatro años, o que haya un Presidente independiente que se niegue a devolverla. Tener presidentes títeres por limitaciones constitucionales fue la especialidad de los Somoza en Nicaragua y de Trujillo en República Dominicana para perpetuarse en el poder. Y para dar ejemplos más contemporáneos de presidentes de bolsillo, están los casos de Putin con Medvedev, en Rusia, y Kirchner con su esposa, en Argentina.

En Colombia es poco probable que esto suceda porque el único que parece estar dispuesto a prestar ese servicio es Andrés Felipe Arias, 'Uribito'. Los otros candidatos, incluidos los uribistas, tendrán muy seguramente su propia ambición

reeleccionista para pasar ocho y no cuatro años en la Casa de Nariño. Si quedara abierta la puerta de 2014 para Uribe, inevitablemente se generaría un conflicto entre el presidente en ejercicio y el ex presidente al acecho, ya que este último arremetería contra cualquier medida que no considerara afín con su gestión. Incluso si se trata de un antiguo protegido.

Y es que la reelección no inmediata tiene la doble desventaja de bloquear la renovación política y no permitir la continuidad de una obra de gobierno. Mientras el Presidente se va y vuelve, el interino tiene iniciativas propias que muy probablemente no serán bien recibidas cuando regrese el anterior. Por todo esto es mejor evitar desde ahora esos problemas y cerrar de una vez por todas la puerta de 2014.
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