Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1997/08/04 00:00

MENSAJE SANGRIENTO

La última escalada terrorista podría interpretarse como una estrategia para acelerar las conversaciones de paz.

MENSAJE SANGRIENTO

Cuando el jueves pasado guerrilleros de las Farc y del ELN atacaron una base provisional del batallón del Ejército Héroes de Barbacoas, en el municipio de San Carlos. Antioquia, para los colombianos fue inevitable recordar el episodio de las Delicias. Nuevamente cerca de un centenar de guerrilleros fuertemente armados atacaban por sorpresa en medio de la noche un puesto del Ejército tratando de tomar prisioneros. Para fortuna de los 31 soldados que se encontraban en el precario puesto militar los guerrilleros -según las autoridades, pertenecientes a los frentes Carlos Alirio Buitrago del ELN y el IX frente de las Farc- tuvieron que retirarse después de dos horas de combate ante la llegada de un helicóptero de refuerzo. Aún así el saldo del asalto fue de cuatro uniformados muertos y varios heridos.
Al ataque en San Carlos se sumaron la semana pasada una docena más de acciones guerrilleras perpetradas en ocho departamentos por las Farc y el ELN. La región más afectada fue el departamento de Antioquia, donde la guerrilla realizó acciones terroristas en siete municipios. El ELN incendió varios vehículos en la autopista Medellín-Bogotá, las Farc destruyeron el club náutico Navegar en el embalse de El Peñol, hubo enfrentamientos entre el Ejército y el V frente de las Farc en Turbo con saldo de un soldado muerto y tres heridos, el ELN voló una torre de Edatel, estallaron cinco kilos de dinamita en la sede de Fadegán en Medellín y el ELN dinamitó tres fincas en La Unión. La acción que más estupor causó fue el ataque dinamitero del ELN a las fincas en La Unión, en el que murieron dos gemelos de 11 años cuyo padre, al parecer, se había negado a pagarle vacuna a la guerrilla.
Ante esta escalada no fueron pocos los colombianos que pusieron en duda, una vez más, la sinceridad de la guerrilla cuando anunció hace tres semanas su propósito de intentar una nueva negociación de paz durante el acto de entrega de los soldados de las Delicias. Para el común de la gente resulta inexplicable que la misma guerrilla que habla de paz se dedique a efectuar atentados y ataques en los que tan sólo en estos 20 días han muerto 16 soldados, tres policías y cerca de una decena de civiles.
La estrategia
La actitud de la guerrilla en momentos en que el gobierno se encuentra explorando la posibilidad de reanudar conversaciones de paz obedece a una estrategia muy clara: su necesidad de hacerle sentir al país que no es una guerrilla derrotada sino, por el contrario, militarmente activa. "Lo que quieren demostrar es que siguen siendo ellos y no el Ejército los que tienen la iniciativa estratégica tanto en el campo político como en el militar", aseguró a SEMANA un experimentado ex oficial del Ejército. En lo político, fue Tirofijo el que tiró el anzuelo de la paz que el gobierno mordió inmediatamente. Y en lo militar, en las acciones de la semana pasada la que estuvo a la ofensiva fue la guerrilla, que obligó al Ejército a defenderse.
En el caso del ELN esta necesidad de mostrarse victorioso es aún más sentida. A diferencia de las Farc, que se encuentran en uno de sus mejores momentos, el ELN se ha visto seriamente afectado por los grupos paramilitares, especialmente en Córdoba y Urabá. Así mismo, en los últimos días ha sufrido duros golpes, como la captura de los responsables del camión con explosivos que estalló en la estación de Policía de Fontibón. Es por esto que los elenos se han dedicado a realizar acciones terroristas altamente efectistas que convenzan al gobierno de que cualquier tipo de negociación también tiene que incluirlos a ellos.
Esta estrategia de buscar la paz haciendo la guerra no es nueva. Usualmente cuando un grupo subversivo está próximo a sentarse a una mesa de negociaciones, o por lo menos explorando la posibilidad de hacerlo, suele intensificar sus acciones para mostrar su fortaleza y tratar de acelerar el proceso. Así sucedió con el M-19 en 1984, el cual -en vísperas de la firma de la paz en Corinto- lanzó una ofensiva y se tomó varias poblaciones del Valle del Cauca en una serie de acciones que en su momento pusieron en peligro la paz. Lo mismo pasó en 1991 cuando se realizaron en Caracas los diálogos entre el gobierno de Gaviria y la Coordinadora Nacional Guerrillera. El ataque perpetrado por el ELN contra el ex presidente del Congreso Aurelio Iragorri Hormaza obligó a los negociadores del gobierno a pararse repentinamente de la mesa y suspender las conversaciones. La historia se repitió nuevamente en 1992 cuando, en medio de las conversaciones de Tlaxcala en México, el EPL asesinó al ex ministro Argelino Durán Quintero, y obligó también al gobierno a suspender temporalmente las conversaciones.
La intensificación de las acciones ante una expectativa de paz produce también el efecto de hacer sentir más fuertemente a la opinión la necesidad de buscar una salida negociada. Frente a la escalada de los últimos días muchos, incluido el propio gobierno, han expresado que lejos de cerrarle el camino a la paz la hace aún más necesaria.
"La experiencia muestra que la paz se hace en medio de la guerra", asegura el politólogo Eduardo Pizarro. "Así se ha hecho en otros países. Si frente a cualquier acto de violencia se paran las negociaciones nunca va a haber paz en Colombia". Y más en circunstancias como las actuales, en las que ha sido la guerrilla y no el gobierno la que ha puesto las condiciones previas para el diálogo. El peligro de esta estrategia es que la guerrilla tire tan duro del hilo de la paz que finalmente lo rompa. Así le sucedió a las Farc en 1987 cuando el ataque a un convoy militar en Puerto Rico, Caquetá, puso fin a la tregua pactada con el gobierno de Belisario Betancur. Como dijo el ex ministro Rafael Pardo a SEMANA, "si bien es cierto que todo diálogo trae consigo una ofensiva guerrillera, no toda ofensiva guerrillera trae consigo un diálogo".

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