Sábado, 21 de enero de 2017

| 2003/03/17 00:00

Mentiras verdaderas

Tras la negación de las Farc del atentado de El Nogal todo el mundo se pregunta cuál es su historial en materia de mentiras.

El pasado lunes 10 de marzo las Farc sorprendieron al país con un comunicado, afirmando que luego de "hacer una rigurosa y seria investigación al interior de todas sus estructuras político-militares a nivel de estados mayores de bloques, frentes, columnas, compañías, guerrillas, fuerzas especiales y estructuras urbanas, concluyó: que no existe responsabilidad de unidades de su organización en los hechos sucedidos en el Club El Nogal de Bogotá, el pasado 7 de febrero del año en curso".

Culpan al "terrorismo de Estado", que buscaba "desatar al interior del país un histerismo contraguerrillero, que haga propicio la aprobación del Estatuto Antiterrorista por el Congreso y en el campo internacional, limpiar la imagen y cosechar la solidaridad con el gobierno paramilitar de Uribe Vélez comprometiendo a algunos países en una cruzada contra las Farc, bajo el pretexto de que estas son una organización terrorista".

Resaltan que les resulta sospechosa la prontitud con la que Estados Unidos y el gobierno culparon a las Farc y las vincularon con el IRA y la ETA y reiteran que desde la octava conferencia de 1993 han condenado el terrorismo. Recuerdan que desde entonces dijeron que su "política era justa porque somos intérpretes de un país intimidado por el terrorismo de un Estado, que desde hace 45 años se ensaña contra la población".

¿Están mintiendo la Farc? Para saberlo hay que revisar su trayectoria. Sólo una vez antes han negado explícita y públicamente un acto de terror, cuando el famoso collar bomba. Pero esa vez, en la que en efecto tuvieron razón, negaron los hechos inmediatamente y no un mes después, como sucede ahora.

En otras ocasiones salieron con una respuesta muy ambigua, o bien guardaron silencio. Y el que calla otorga. Tal fue el caso de actos que les fueron atribuidos por las autoridades e iban dirigidos igualmente contra la población civil, como el carro bomba en Villavicencio que dejó 11 muertos; o cuando estalló una bomba que dejó 30 heridos en el piso 30 de Residencias Tequendama el 13 de diciembre pasado; o el asesinato a sangre fría del congresista Diego Turbay, de su madre y de otras tres personas.

Otras veces, frente a actos que causaron especial repudio de la opinión, como la bicicleta bomba que explotó en el barrio Fátima y asesinó a varios integrantes de una familia humilde; o la matanza de 11 excursionistas en el Puracé; la ejecución de tres indigenistas estadounidenses en Arauca; o la masacre de 110 civiles en Bojayá, terminaron reconociendo su responsabilidad públicamente, algunas veces justificándolos y en un par de ocasiones asumiéndolos como un "error" involuntario (ver recuadro).

Y en los casos de secuestros, como el de los alemanes funcionarios de la GTZ, el organismo oficial de cooperación de ese país, que puso en vilo el apoyo de Europa al proceso de paz, el propio 'Manuel Marulanda' negó en privado a un grupo de parlamentarios europeos que los tuvieran. Luego, cuando uno de ellos se les escapó a sus captores, se supo que habían mentido. En otros secuestros, como el de Clarita Pantoja y otros niños, anunciaron que investigarían y jamás aclararon nada públicamente. Sólo cuando los familiares pagaron, se supo que los tenían las Farc. Y en el caso de Consuelo Araujonoguera culparon al Ejército, pero no negaron que ellos la habían secuestrado y que fue asesinada mientras huían.

En resumen, han mentido sobre sus actos atroces muchas veces, pero siempre en privado. En público han guardado silencio, han dado respuestas confusas, y en algunos casos los han aceptado tardíamente. La únicas excepciones han sido la del collar bomba, y ahora El Nogal.

¿Por qué les tomó un mes negar un ataque de semejante envergadura? Las Farc sostienen que fue el tiempo que les tomó investigarlo. Y si esto fuera cierto significaría que algún frente de las Farc puede hacer semejante barbarie sin informarle -y mucho menos pedirle permiso- al secretariado. En otras palabras, que el secretariado no tiene control alguno sobre sus frentes. Esa sí que sería una novedad y un panorama peligrosísimo para el país: bandas sueltas de guerrilleros haciendo por ahí lo que les venga en gana, sin permiso de nadie. Una perla semejante sí que es difícil de tragarse. Por lo menos esa parte del comunicado arroja una seria sombra de duda sobre su veracidad.

Lo que sí queda en claro es que -hayan sido ellos o no- las Farc decidieron que les convenía que se creyera que eran los responsables. Dentro de su lógica estratégica les favorecía dejar que pensaran que tenían semejante capacidad de atacar a la "oligarquía", poner en evidencia el fracaso de la política de guerra total del gobierno de Alvaro Uribe, justo cuando éste ya empezaba a reclamar su avance frente a las Farc, y aterrorizar a la población para que presione una nueva ronda de negociaciones. El tono mismo del comunicado no presenta la más mínima sensibilidad frente al hecho sino que, fríamente, argumenta que condenan "los actos de violencia que tienen como objetivo intimidar a la población civil". Una afirmación escandalosamente cínica, cuando tan sólo en 2002 asesinaron a 834 civiles, realizaron 876 atentados y secuestraron a 946 personas, entre ellas a 45 niños.

Así que si no volaron El Nogal, no hubieran tenido el menor reparo en haberlo hecho. Y si sí son los responsables, podrían seguir ejecutando actos semejantes.

Las autoridades, del Presidente y el Fiscal para abajo, han afirmado hasta el cansancio que las Farc son las culpables del atroz atentado. "Quiero expresarles con toda claridad que tanto el gobierno de Colombia como el de Estados Unidos tienen evidencia irrefutable, producto de inteligencia técnica y humana y que por obvias razones de seguridad no podemos divulgar, que indican que los autores de este atentado fueron las Farc", dijo el vicepresidente, Francisco Santos, ante la OEA. Y más tarde ha reiterado sus afirmaciones. Y el subsecretario del Departamento de Estado para el Hemisferio Occidental, J. Curtis Struble, quien estuvo la semana pasada en Bogotá, le dijo a SEMANA que no tenían la más mínima duda de que se trató de las Farc.

Los expertos, además, aseguran que sólo las Farc tenían la capacidad, tenían los motivos y que, si bien este sería su primer acto dirigido sólo contra población civil, sin vínculo alguno con poder militar o político, responde a una estrategia que crecientemente muestra el paso de esta organización guerrillera de la acción militar rural al terrorismo urbano.Además en sus últimos comunicados no han hecho sino señalar a El Nogal como un "nido de paramilitares".

El lío es que las evidencias de que los autores materiales, John Freddy Arellán y su tío Oswaldo, están conectados a las Farc -por lo menos las que se han conocido públicamente- parecen débiles. El mismo fiscal, Luis Camilo Osorio, dijo, luego de la negación de las Farc, que tenía pruebas que lo llevaban "a no descartar a las Farc en primer lugar", como si su mejor evidencia fuese una mera hipótesis. De ahí que quepa la duda. Pero no es posible a estas alturas saber si la incoherencia estatal en el caso es un problema de comunicación o de una real falta de pruebas sólidas.

Queda una última pregunta. ¿Si el ataque de las Farc a El Nogal pretendía sembrar terror, ridiculizar la estrategia de seguridad de Uribe y atacar un símbolo de la clase dirigente, para qué querrían negarlo después? No tendría sentido asumir el costo político de desatar semejante unanimismo internacional y nacional en su contra para luego decir que no fueron ellos, corriendo el enorme riesgo de que, como está sucediendo, nadie les crea.

Entonces la pregunta sólo tiene dos respuestas posibles: que las Farc, en efecto, fueron los autores del atentado, pero no calcularon la reacción internacional y se asustaron cuando vieron la solidaridad de los vecinos -aun de Brasil y Venezuela, que si bien no accedieron a declararlos terroristas sí asistieron a la cumbre de defensa en Bogotá y anunciaron su acción mancomunada para perseguirlos- y del resto del mundo con las sendas resoluciones de rechazo de la OEA y de la ONU. Así que prefirieron salir a desmentir el atentado e intentar dejar sin piso la cruzada antiFarc del presidente Uribe. Algo consiguieron, pues sembraron dudas.

La segunda respuesta posible es que las Farc no volaron El Nogal y si bien, por un tiempo creyeron beneficiarse si la gente creía que eran ellos, luego cayeron en cuenta que esto podría cerrarles definitivamente el paso para conseguir aliados en la búsqueda de una salida negociada en el futuro. Algo de eso está en el comunicado: "Afortunadamente algunos gobiernos no han caído en la trampa, abrigando la sana y solidaria esperanza con el pueblo colombiano de poder contribuir más temprano que tarde a la solución política negociada del conflicto".

Pero ¿si no fueron las Farc, quién fue? Ellos culpan al "terrorismo de Estado", que en una estrategia macabra volaron El Nogal para conseguir respaldo a su plan contraguerrillero. En seguida, en su comunicado, en un acto de contorsión histórica, culpan al "Estado terrorista" como responsable de magnicidios que hoy se sabe cometieron narcotraficantes, paramilitares y hasta guerrilleros. Sus argumentos, que convenientemente falsean la realidad, los llevan a adivinar un complot tan diabólico como increíble.

Otro posible grupo con la capacidad y los móviles para realizar el atentado podrían ser narcotraficantes descontentos por la extradición. Es cierto que durante el reino del terror, Escobar casi nunca reivindicó sus ataques, pero se conocía el autor y lo que buscaba. ¿Pero quién explica que unos narcos quisieran intimidar al Estado para que no los extraditen cometiendo un atentado del que nadie los culpa? Si el narcotráfico quería enviar un mensaje de advertencia al gobierno hubieran hecho algo mucho más efectivo y preciso.

Quedan de nuevo las Farc. Aun dándole el beneficio de la duda a su versión acomodada y tardía de los hechos son sus propios argumentos, plagados de sesgo ideológico y de cinismo, su trayectoria de terror de los últimos tiempos y la firme convicción de las autoridades nacionales y extranjeras, lo que termina ratificando que son los más probables autores del horrendo atentado.

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