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| 8/13/2011 12:00:00 AM

¿Merece perdón?

Tras el acto de violencia que Bolillo Gómez protagonizó medio país quiere que deje la dirección técnica de la selección Colombia y el resto que siga con ella. Pronto se verá si recibió tarjeta amarilla o roja.

El lunes en la mañana, cuando La W dio a conocer que Hernán Darío Gómez, director técnico de la selección de fútbol de mayores, había golpeado a una mujer en un bar de Bogotá el sábado anterior, el entrenador se enfrentó ante el partido más difícil de su carrera.

El propio Bolillo admitió lo que había hecho, se excusó en público y un día después renunció a su cargo. "Lamento profundamente este hecho y el haber perdido el control de la forma en que lo hice. -escribió en un comunicado-. Este acto me da vergüenza con mi madre, mi esposa y con todas las mujeres de mi familia y mi país". Y su vergüenza fue tal que no fue capaz de tomar un avión para viajar a Medellín, sino que decidió irse por tierra.

Lo normal en un país donde no se toleren por ningún motivo actos de violencia sería que la sociedad hubiera aceptado su renuncia sin objeción. Después de todo, se trató de un acto de agresión que está tipificado como delito por lesiones personales en el Código Penal.

Pero en Colombia la historia no terminó ahí, y, por el contrario, el país se enfrascó en una polémica sobre si el entrenador merecía o no dejar la selección que está ad portas de las eliminatorias hacia el Mundial Brasil 2014. Lo cual tampoco es un asunto de poca monta, en una sociedad como la colombiana, que guarda la esperanza de volver a un Mundial después de más de una década de ausencia.

La presión fue tal que la Federación de Fútbol decidió posponer la decisión de aceptar o no la renuncia de Gómez hasta que finalice el Mundial Sub-20. Al cierre de esta edición, se hablaba, por un lado, de que Bavaria -que había pedido la renuncia de Bolillo-,podria retirarse del patrocinio de la selección, y por el otro, que el Bolillo permanecería en su cargo.

Una encuesta de El Tiempo y La W mostró que el país está dividido frente al tema pues 47,9 por ciento quiere que se vaya y 42,6 por ciento que se quede. Paradójicamente, el mismo sondeo mostró que 54,6 lo perdona, mientras que 32,2 no está de acuerdo con su absolución.

Son varios los argumentos que están en juego. El primero es el hecho de que el Bolillo sea una figura pública. Y, ante una acción reprochable, medio país considera que Gómez tiene que dimitir para dar ejemplo. Pero el otro medio piensa que por el hecho de que reconoció su error, pidió perdón y tuvo una sanción social, que consideran suficiente, podría volver.

De hecho, los jugadores de la selección publicaron una carta el viernes en la que si bien admiten que Bolillo "se equivocó en materia grave", piden que se le dé la oportunidad de volver porque valoran su arrepentimiento y consideran que tiene "una carrera intachable" y ha sido "siempre un modelo a seguir por todos nosotros, además de ser un amigo, un ser humano maravilloso".

El otro punto de discusión, y el más complicado, es el hecho de que se trata no de un escándalo cualquiera (Bill Clinton y Silvio Berlusconi han logrado superar situaciones críticas por escándalos de sexo), sino de violencia contra una mujer, que en Colombia es un fenómeno con rasgos de epidemia. De cada mil mujeres en el país, tres son víctimas de actos violentos por parte de su pareja.

La lógica del castigo ejemplar indica, que si no se reacciona de manera clara y contundente en el caso de Bolillo, tácitamente se les está dando permiso a otros hombres para que sigan cometiendo estos abusos en el hogar. "Sería un mal ejemplo para la sociedad dejar pasar este caso, pues el mensaje sería que los agresores pueden pegarles a sus mujeres y salirse con la suya", señala Isabel Ortiz, directora de la Fundación Mujer y Futuro.

El análisis del caso es aún más complicado porque los estudios han demostrado que "la violencia intrafamiliar es la principal circunstancia que rodea los casos de homicidios contra la mujer". En Colombia, el año pasado, 125 mujeres fueron asesinadas por sus esposos. Es decir, una cada tres días. Y el patrón general indica que no se trata siempre de un caso de ira espontánea, sino de que llega al extremo la repetición de una secuencia de maltrato y perdón en la pareja.

Sin embargo, también es cierto que otros, para quienes Bolillo no es el santo de su devoción, aprovecharon este mal momento para caerle encima, y trataron de armarle un cuadro psicológico agresivo al juntar otros casos de violencia en los que ha estado envuelto en el pasado, además de emitir juicios psiquiátricos sin tener conocimiento de causa. Esto dio lugar a otras agresiones, tanto es así que llegó a hablarse de linchamiento y el tema llegó a debatirse acaloradamente entre varias senadoras de la República. Para algunos observadores, esa discusión que generó la conducta de Bolillo se convirtió en otro acto de violencia, "al menos en lo simbólico, al generalizar su comportamiento o al descalificar a sus detractores. Se hizo explícita la violencia regionalista, la partidista, la sexista, la del fútbol. Todo esto habla de nuestra salud mental", dice Carlos Iván Molina, psiquiatra de la Universidad Externado, investigador del tema.

Un estudio publicado hace un par de años, patrocinado por las Naciones Unidas, mostró una preocupante radiografía de cómo los colombianos son tolerantes con la violencia contra las mujeres. Uno de cada diez hombres consultados respondió que las mujeres deben aguantar la violencia del marido para mantener unida a su familia.

En este primer round, no cabe duda de que el más afectado, además de la mujer golpeada, fue el propio Bolillo. En el transcurso de la semana se conoció a través de miembros de su familia y personas que dialogaron con él que su situación era crítica. Su hermano Gabriel Jaime 'Barrabás' Gómez dijo que estaba deprimido, arrepentido, triste y amargado. Su madre tuvo que internarse en una clínica porque no pudo soportar el golpe. La tristeza invadió también a sus colegas y pupilos, quienes expresaron a través de cartas su respaldo incondicional al técnico. Muchos de ellos dijeron que Bolillo era un padre ejemplar, un gran amigo y un excelente entrenador, que se caracterizaba por sus buenos modales. Otros, como Álvaro González, vicepresidente de la Federación Colombiana de Fútbol, ofrecieron argumentos económicos para ratificar a Gómez en su cargo, pues a estas alturas del partido resulta muy costoso buscarle un reemplazo.

Para quienes trabajan en el tema, las salidas violentas no son un error casual, sino la consecuencia de construcciones culturales en las que prevalecen las ideas machistas, según las cuales se cree que los golpes son una salida válida para darle solución a un conflicto. Aunque muchos dicen que este no es el caso de Bolillo, otros argumentan que probablemente esta no es su primera salida en falso.

Aunque Bolillo admitió los hechos, hasta el momento no se conocen detalles para saber a ciencia cierta qué generó esta reacción agresiva en el entrenador.

Lo que sí es cierto es que la polémica nacional que se desató es muy parecida a la que sucede a pequeña escala en los casos de intimidación que se dan entre parejas, en las que muchas veces las mismas mujeres aplican el borrón y cuenta nueva o justifican los golpes porque ellas provocan a los hombres. "La familia de la víctima acusa al agresor mientras que la familia de este justifica y minimiza su falta haciendo comentarios como 'no es para tanto, él es buen padre y les da de comer'", dice la psicóloga clínica Catalina Valencia, con treinta años de experiencia en derechos sexuales de las mujeres.

En general, la sociedad, el mismo Bolillo y sus compañeros y amigos han considerado grave y reprochable lo ocurrido. La pregunta es ¿qué sigue ahora? ¿Cabe hablar de perdón? ¿Debe volver a la selección?

Según los expertos consultados por SEMANA, para que esto se dé tiene que ser recíproco, es decir, que haya un arrepentimiento genuino del victimario, como ya lo hizo el entrenador, y por el otro, una disposición de la sociedad para aceptar ese gesto. Los jugadores de la selección, en su carta, ofrecieron convertirse en "abanderados por la causa de la no violencia contra la mujer, y en términos generales contra la violencia". Y dijeron estar dispuestos "a realizar campañas publicitarias en favor de esta importante y necesaria causa (…) para cambiar estos comportamientos que por siglos hemos arrastrado". No obstante, para otros el perdón no puede llegar si no es con un castigo ejemplar.

El peor escenario para un país que quiere la paz y dejar atrás el estigma de la violencia es que nada pase, porque ignorar la violencia es también un acto de agresión.
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