Lunes, 23 de enero de 2017

| 2006/11/04 00:00

“Merezco tener el cuerpo de mi hijo”

El hijo de Emperatriz de Guevara, el capitán de Policía Julián Ernesto Guevara, fue secuestrado en la toma de Mitú el primero de noviembre de 1998. Murió en cautiverio el 28 de enero de 2006. Ella sigue esperando el cuerpo de su hijo. 

“me acuerdo que le dije que lo veía muy flaquito en uno de los videos de supervivencia que enviaron”

"El 31 de octubre del 98, la víspera del secuestro, era el día de los niños. Cuando Julián, mi hijo, estaba en casa, siempre sacábamos a su hija Ana María a pedir dulces. Pero esa noche me llamó como 10 veces de donde estaba estacionado en Mitú a pedirme que no la sacara a la calle. Era como si él supiera lo que le iba a pasar el próximo día, cuando ocurrió la toma de Mitú.  

"Recibí seis pruebas de supervivencia durante los siete años que esperé a mi hijo. Julián me decía que no saliera a la calle a protestar, que no hiciera ninguna petición porque sabía que el suyo era un secuestro político, y que no lo iban a soltar sino cuando las Farc se pusieran de acuerdo con el gobierno.  

"Ana María y yo nunca le contábamos nuestros problemas, ni que a ella le había dado apendicitis, ni que se había fracturado la nariz. Sólo le contábamos que estábamos bien. Si a Ana María le iba mal en el colegio en algo, se paraba en frente a una foto de él, alzaba la mano y prometía remediarlo. Todos los sábados a las 12 de la noche íbamos las dos a mandarle mensajes por radio.  

"Me acuerdo que le dije que lo veía muy flaquito en uno de los videos de supervivencia que enviaron. Pero en una de sus cartas él contestó que hacía mucho ejercicio y que junto con los otros secuestrados organizaban campeonatos de fútbol. Las pelotas las construían con lo que podían. Julián me contó que, después de tres años, finalmente les llevaron colchones y que casi ninguno pudo dormir porque estaban desacostumbrados.  

"La última carta fue escrita en la mitad de un papelito de cuaderno porque no tenía más papel para escribir. Sólo nos decía que estaba bien y pedía que lo esperáramos. A Ana María le pedía que fuera juiciosa, como siempre.  

"Ha sufrido mucho la hija de Julián, mi nieta Ana María. Ella todos los días se paraba en frente a un espejo donde había una foto de su papá; la primera foto que nos llegó de cuando estaba secuestrado, y se arreglaba. Mientras lo hacía, le hablaba. Si tenía algo mal puesto, decía: "Sí, ya sé. Ya me lo arreglo papi." Y se arreglaba el botón, o lo que fuera. Todas las mañanas antes de ir al colegio lo hacía. Cuando volvía, lo saludaba como si él estuviera ahí parado.  

"Desde los 7 años hasta los 14 años, lo esperó. Se enteró un día antes de cumplir 14 que su padre había muerto dos semanas atrás. Fue el 14 de febrero de este año cuando supimos la noticia.

"Nos enteramos a través de los medios. El director del periódico Voz, Carlos Lozano, llamó a Marleny Orjuela, la presidenta de Asfamipaz, para darle la noticia de la muerte de Julián. A las 10:30 de la noche llegó Marleny a mi casa con todos mis otros hijos. Yo ya estaba en pijama pero todavía no me había acostado. Imagínese lo que sentí cuando abrí la puerta y los vi a todos. Ahí mismo Marleny nos contó a mí y a Ana María que Julián había muerto.

"Carlos Lozano había estado cerca de la zona de distensión y se había encontrado con alguien que lo conocía. Según le contó a Marleny, esta persona le pidió al Señor Lozano "que llevara unas pruebas de supervivencia (de los secuestrados de Mitú) a Bogotá, menos una, menos la de Julián". "A los 12 días, las Farc enviaron el comunicado confirmando la muerte de mi hijo. Había muerto el 28 de enero. El comunicado sólo decía que mi hijo había muerto de una "extraña enfermedad", que le dio una fiebre de cuatro días y que después se murió. Decía también que tan pronto como se les presentara la oportunidad, o las condiciones, no me acuerdo bien qué palabra fue la que usaron, me enviarían el cuerpo. Pero yo sigo esperando. Y ya he dicho que yo misma puedo ir por el cuerpo. No me importa, a carro, en bus, a pie, como sea, yo voy. ¿Para ellos qué valor puede tener el cuerpo de mi hijo? Yo merezco tenerlo.

"A Ana María la vida le cambió terriblemente. Muchas veces la siento llorar. Cuando hay luna, siempre se pone a mirar arriba por la ventanita. Es que al morir Julián alguien le dijo a Ana María que no llorara porque su papá estaba en el cielo. Desde ese día ella todas las noches pone a sus muñequitos boca arriba mirando al cielo antes de acostarse para que la acompañen a mirar a su papá. Eso la hace sentirse acompañada".

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.