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| 4/3/2000 12:00:00 AM

A la mesa

Al comenzar las negociaciones entre el gobierno y las Farc sobre el tema económico, las partes están de acuerdo en los fines pero no en los medios.

Un año despues de iniciado el proceso de diálogo en firme con las Farc empieza en verdad la negociación. Una vez finalizado el tour por Europa los negociadores del gobierno y de las Farc se reunirán en San Vicente del Caguán este jueves para dar inicio formal a la negociación de la agenda del proceso de paz.

Antes de sentarse a discutir los voceros de ambos bandos escucharán al director de Planeación Nacional, Mauricio Cárdenas, y al superministro, Jaime Ruiz. Ellos tendrán la tarea de explicarles a Raúl Reyes y a los otros miembros de las Farc que hacen parte de la mesa de negociación los alcances del Plan Colombia en lo relacionado con el desarrollo social. No será una tarea fácil.

Para las Farc el Plan Colombia tiene un gran obstáculo, que consiste en que buena parte de los dineros que aportará Estados Unidos será destinada a fortalecer a las Fuerzas Armadas más que a programas de desarrollo social en las zonas deprimidas del país. Para las Farc la ayuda militar antinarcóticos es, en realidad, ayuda militar antiguerrilla.

Por esa razón Cárdenas y Ruiz tendrán que emplearse a fondo para desmenuzar las bondades que según el gobierno tiene el Plan Colombia y lograr convencer a las Farc que este proyecto, contrario a lo que ellos piensan, tiene más zanahoria que garrote.



La euforia ‘pos-tour’

Concluida la exposición de los funcionarios de la administración Pastrana los negociadores abordarán el primer tema de la agenda acordada en este proceso. A este punto no había llegado nadie en el pasado con las Farc. A partir de ese momento los representantes del gobierno y de las Farc tendrán un plazo máximo de seis meses para evacuar el primer punto, que se conoce como “modelo económico de desarrollo”.

Aunque se trata de uno de los temas más complicados de la agenda, lo cierto es que si para algo sirvió el tour por Europa fue para aclimatar las conversaciones y atemperar a los negociadores. Eso quedó confirmado en el comunicado conjunto del gobierno y de las Farc dado a conocer en San Vicente del Caguán el jueves pasado, en el que se hace un balance del viaje y se anuncian los términos de la negociación.

Para muchos analistas el lenguaje utilizado es no sólo optimista sino eufórico. Los negociadores subrayan en este comunicado oficial el hecho de que no existen temas tabú y hay, a la vez, más confianza entre las partes, reconocen la importancia de debatir el tema de los Derechos Humanos y el respeto al Derecho Internacional Humanitario, algo que era improbable antes de la gira.

Las partes también hablan del respaldo internacional al proceso y de las reformas sociales que hay que abocar. Por último, llaman a que “todos los colombianos nos vinculemos en la tarea histórica de construir la paz. Nadie puede estar por fuera de esta gran responsabilidad porque sería tanto como estar ausente de la nueva Colombia en paz”.



¿Sí se puede?

En medio de este optimismo radiante es que empieza la negociación del modelo económico de desarrollo. Se trata de un tema complejo y difícil de abordar. Las partes acordaron un mecanismo para debatir este punto de la agenda oficial. Este consiste en dividir en cuatro grandes subtemas la discusión. El primero de ellos serán los mecanismos para la generación de empleo, el segundo versará sobre la distribución del ingreso, el tercero tendrá que ver con el crecimiento económico o productividad y, por último, está el del desarrollo social.

Sin embargo es muy probable que cuando las partes entren en materia las caras optimistas se conviertan en caras largas. Y es que las cuentas del gobierno en esta materia no cuadran. Por el contrario, la chequera tiene saldo en rojo. En relación con el empleo, ambas partes quisieran disminuir los índices de desocupación. Y si se analiza con cuidado, el gobierno aún más que la guerrilla, en la medida en que buena parte de su popularidad y apoyo depende de este tema. Pero un desempleo cercano al 18 por ciento y el enfrentamiento entre dos escuelas de pensamiento —aquella que establece que sólo el crecimiento económico genera empleo y la que considera necesaria la intromisión del Estado en la generación de trabajo— aseguran demoras importantes en el primer punto.

En lo que tiene que ver con la distribución del ingreso el problema que tendrán que afrontar los negociadores es similar al anterior. Ambas partes quisieran disminuir la brecha que separa a los ricos y los pobres, que es cada día más grande. En sus aspectos declaratorios, como en el empleo, lo que buscan unos y otros podría ser lo mismo. Pero en el procedimiento los negociadores encontrarán grandes diferencias. Lo mismo sucederá sin duda con la productividad y el desarrollo social, en los que es poco lo que el gobierno puede mostrar.

Quizá lo anterior encuentre solución en la disposición creciente, por parte de los empresarios, de “meterse la mano al bolsillo” para cimentar una paz duradera. Pero ello no es suficiente, ni siquiera si los recursos del sector privado no se hubieran visto afectados por la crisis económica de los últimos años.

Así como el gobierno y el establecimiento tendrán que hacer un gran esfuerzo para sacar adelante el punto del modelo económico de desarrollo, las Farc también tendrán que aportar una alta cuota de sacrificio. Si la guerrilla quiere más empleo y desarrollo social deberá empezar por suspender sus actos terroristas, los cuales atentan contra la inversión económica y la productividad del país. “Si bien es cierto que la negociación se puede adelantar en medio del conflicto armado, lo que no se puede hacer es salir del atraso social y económico en medio de una guerra que cada vez se escala más”, afirmó uno de los negociadores.

El que se haya pactado como regla de juego que en la medida en que se llegue a acuerdos en la mesa se dará trámite a lo pactado para que por la vía de decretos o de proyectos de ley o de reforma constitucional el gobierno proceda a poner en práctica, agrega un elemento de complejidad al tema. Hay quienes opinan que la decisión de poner en práctica acuerdos de carácter parcial significa de hecho un cogobierno armado por parte de las Farc o, al menos una vigilancia armada del cumplimiento de acuerdos. El gobierno no lo ve así. “No hay porqué esperar a que se termine todo el proceso de negociación para implementar acuerdos, afirmó en días pasados el ministro del Interior, Néstor Humberto Martínez, si ambas partes ya los han pactado formalmente en el camino”.

Hay otro actor que también tendrá un papel protagónico en esta primera parte de la negociación: la comunidad internacional. Si bien es cierto que la gira por Europa elevó el estatus de la mesa de negociación y abrió las puertas a una ayuda económica significativa, esa contribución sólo se dará en la medida en que se cumplan varios requisitos, entre ellos el respeto a los Derechos Humanos, al Derecho Internacional Humanitario y que las Farc rompan todos los vínculos con el narcotráfico. La mesa recibirá asesoría por parte de la Cruz Roja Internacional tan pronto se entre a debatir el tema de los Derechos Humanos o cuando lo decidan las partes.

Esto conlleva a que temas que quedaron para una segunda ronda deban ser tratados en el corto plazo, con lo cual el primer semestre de actividades de la mesa será parecido al de los primíparos en la universidad: confusión en los temas y agenda abarrotada de materias.

La expectativa por el arranque de las negociaciones a partir de este jueves es enorme. De los negociadores dependerá qué tan sólidos son los preacuerdos logrados en las frías tierras europeas cuando estos sean sometidos a debates a fondo en las hirvientes selvas de San Vicente del Caguán.
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