Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2010/09/06 00:00

Meteoritos, más comunes de lo que se cree

Expertos coinciden en decir que se trata de un fenómeno normal, y que no hay por qué alarmarse.

Expertos coinciden en decir que este tipo de sucesos ocurren con frecuencia, y recomiendan no manipular partículas que se puedan desprender de la explosión de un meteorito. Foto: AP.

El 30 de junio de 1908, en los bosques del río Tunguska en Siberia, se produjo una violenta explosión. Un área de casi 2.200 km2 fue asolada, en su centro quedó todo calcinado y los objetos de metal, fundidos. Los árboles cayeron, y rebaños enteros de renos murieron. Sobre el fenómeno de Tunguska, como fue llamado después, se tejieron más de 30 hipótesis y teorías.

Se dijo que pudo ser producto del choque de partículas de materia con antimateria, un agujero negro errante y hasta el accidente de una nave extraterrestre. Muchos años pasaron antes de que se supiera que la explosión de Tunguska se dio, por un objeto proveniente del espacio exterior.

La historia la cuenta el astrónomo y director del Planetario de Bogotá, Germán Puerta, para explicar qué era esa ‘bola de fuego’, que obligó a mirar al cielo a algunos habitantes de Santander. Pero a diferencia de hace años, hoy según el experto, no será necesario esperar tanto para saber que lo que vieron y sintieron en Santander: se trataba de un meteorito.

Pero no es para alarmarse. “Todos los días entran cerca de 200 toneladas de materiales, restos de asteroides y de cometas, que ocasionalmente pueden estallar”. Y eso fue lo que pasó en la tarde del domingo.

Estalló. Y al romper con la barrera del sonido, causó un estruendo que hizo pensar a muchos en bombas y hasta en aviones accidentados. “Ocurre cuando son grandes y van a altas velocidades. 30 kilómetros por segundo, por ejemplo. Pasan la atmósfera, y por la diferencia de temperatura explota y genera un ‘boom’ sónico”.

Luis Núñez, físico y director del Grupo Halley de Astronomía y Ciencias Aeroespaciales, de la Universidad Industrial de Santander, UIS, coincide con Puerta. “Este tipo de eventos se dan con mucha frecuencia. Hay una cantidad de objetos danzando por fuera de la atmósfera, que de acuerdo con su tamaño pueden o no entrar. No hay manera de evitarlos ni interceptarlos.”.

Y todo es cuestión del azar. Así como explotó en Santander, pudo haber sido en cualquier otra parte del país. De hecho, horas después en algunas zonas del Valle y el Chocó ocurrió un estallido parecido.

“Puede estar relacionado. Es posible que se haya desintegrado en diferentes piedras y empiecen a explotar en diferentes partes”, dice el físico, quien reitera que no debe ser causa de alarma. “Todos los días caen toneladas. No quiere decir que estamos en el fin del mundo, como algunos ya están diciendo. Simplemente es una cuestión del azar”.

Valiosos fragmentos

Después de un día de búsqueda, no se ha recuperado ningún fragmento del elemento que estalló. Seguramente no se encuentre nunca.

“Si era metálico puede que se halle algo, pero si era rocoso pudo haberse fragmentado, y quedar hecho polvo”, señala Germán Puerta, quien también advierte que debido al valor comercial que tienen estas piezas, es posible que cazadores de asteroides las recuperen antes que los expertos. Por un kilo de este tipo de fragmentos, pueden ofrecer hasta dos mil dólares. 

La posibilidad de encontrar alguna partícula también se hace improbable si se tiene en cuenta que “pudo haber estallado a 10 ó 15 kilómetros de altura, después de ir a una velocidad de cerca de 30 kilómetros por segundo”, dice Puerta, quien señala que de haber explotado en tierra, hubiera generado un gran cráter.

Hasta ahora, ni en Santander, ni en el Valle ni en el Chocó se ha precisado la zona exacta sobre la cual pudieron haberse dado las explosiones. Por eso hay que esperar. Pero no tener miedo. “En el mundo unas 20 veces por año se registra un meteorito con ‘boom’ sónico, lo que pasa es que el 70 por ciento se registra en océanos, por eso pasan inadvertidos”, asegura Germán Puerta, quien además advierte que “ser impactado por un meteorito es 10 mil veces menos probable que por un rayo”.

“Un espectáculo que nunca imaginé ver”

Sergio Rodríguez fue una de las personas que vio y, segundos después, sintió el estruendo que el domingo en la tarde le puso los pelos de punta a los habitantes de Santander.

“Estaba en un paseo, en una finca en el kilómetro 33 vía San Gil (Santander). Yo estaba en la piscina mirando hacia arriba, y vi pasar una bola que blanca, muy brillante con un final rojizo. Como a los 35 segundos escuché una explosión”, dice Sergio, quien al principio pensó que se trataba de un avión que se accidentó.

“Cuando buscamos en internet la noticia ya estaba. Y no dudamos que se tratara de eso que se decía, que se trataba de un meteorito. La imagen es muy bonita, es un espectáculo que nunca imaginé que podía ver, que uno cree que sólo puede conocer a través de los libros”.




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