Jueves, 19 de enero de 2017

| 2010/11/06 00:00

"Mi trabajo por la paz no depende de la curul"

La ex senadora Piedad Córdoba habla sobre su reciente destitución, critica al procurador Ordóñez, dice que seguirá trabajando por la paz y habla bien del gobierno de Santos.

Córdoba insiste en que facilitó las liberaciones de los secuestrados con el aval del presidente Uribe.

SEMANA: ¿Qué tan definitiva es su destitución?

Piedad Córdoba
: No creo que sea definitiva porque cabe el recurso de tutela que vamos a interponer ante la Corte Constitucional, argumentando un problema de competencias. Además, voy a interponer un recurso ante el Consejo de Estado para pedir la suspensión provisional del fallo y la nulidad del acto.

SEMANA: ¿Con qué argumentos controvierte la decisión del procurador Alejandro Ordóñez?

P.C.:
Él no tiene la competencia para destituirme. No me estoy refiriendo a las pruebas que tiene, que son inexistentes, sino al hecho de que sin tener una condena penal de la Corte Suprema en mi contra, él no podía tomar esa decisión.

SEMANA: El Procurador argumenta que usted se extralimitó en sus funciones y muestra supuestos contactos suyos con las Farc, los cuales se evidenciaron en los correos encontrados en el computador de Raúl Reyes…

P.C.:
Él desconoce la inexistencia de pruebas y la ilegalidad del acto con el cual se muestra un supuesto contenido de los computadores. Parte de la base que yo soy terrorista.

SEMANA: ¿Hubo extralimitación de funciones de su parte al buscar acercamientos con las Farc?

P.C.:
No sé de cuál extralimitación de funciones habla él. Todos los congresistas deben cumplir con el artículo 22 de la Constitución, que dice que buscar la paz es un deber y un derecho. El mismo presidente Uribe me autorizó para buscar la interlocución con las Farc en el tema de las liberaciones. Ahí están los papeles que lo demuestran.

SEMANA: ¿Cree que hay una persecución política en su contra?

P.C.:
Sí. El fallo es muy grave y lo vamos a demandar ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos, argumentando que hubo una persecución política y que Ordóñez asumió que existe el delito de opinión. Dice que yo comparto todas las posturas de las Farc, y eso no es cierto. Son elucubraciones que reflejan una persecución a mi manera de pensar.

SEMANA: ¿Desde cuándo siente que empezó la persecución?

P.C.:
Prácticamente desde que Uribe fue gobernador de Antioquia. En ese entonces yo lo denuncié y demandé por paramilitarismo a las Convivir, ante la Corte Constitucional. Cuando él llegó a la Presidencia, comenzaron hostigamientos y seguimientos en mi contra que se agudizaron después de las primeras liberaciones. En consecuencia con lo que piensa la 'derecha mundial', para Uribe y para el Procurador somos terroristas los que estamos a favor de la justicia y de buscar un sistema político y social diferente.

SEMANA: El argumento de la persecución política tiene poca credibilidad porque lo esgrimen todas las personas que están en medio de un proceso judicial…

P.C.:
En Colombia es muy difícil defender el pensamiento crítico. Este es aún un país premoderno. La modernidad debe ser entendida como la defensa de la vida y de los derechos humanos, pero si eso no puede darse en Colombia sin estigmas y persecuciones a personas como yo, y sin asociar la defensa de los derechos humanos al terrorismo, lo que queda demostrado es que Colombia es un país premoderno.

SEMANA: El Procurador también afirma que usted les aconsejó a las Farc no liberar a Íngrid Betancourt...

P.C.:
No hay nada más injusto que esa afirmación. En compañía de la mamá de Íngrid asistí a la posesión de Cristina Kirchner. En ese viaje, según Ordóñez, yo me comuniqué con las Farc para que la retuvieran un poco más. Pero es totalmente falso. Primero, porque no lo habría hecho. Segundo, porque en medio de un protocolo tan apretado, habría sido absurdo que yo me hubiera reunido con un comandante guerrillero para plantearle algo tan absurdo. Al contrario, en el proceso de liberación de Íngrid hice algo que nadie ha hecho: ir al Departamento de Estado de Estados Unidos y pedir que me dejaran ver a Simón Trinidad para crear condiciones para que las Farc la liberaran. El Departamento de Estado autorizó a los abogados para venir al campamento de las Farc y reunirse con Iván Márquez y con otros comandantes para ajustar la entrega de los tres norteamericanos y de Íngrid, a través de un convenio supremamente importante.

SEMANA: ¿Su contacto con las Farc llegaba a tal nivel de discutir detalles sobre a quién liberaban primero y a quién después?

P.C.:
No. En absoluto. Si estuviera tan enterada de la situación interna de los secuestrados, no habría sucedido el enredo que hubo con la desaparición temporal de Emanuel, el hijo de Clara Rojas. Incluso, ingenuamente, en ese momento le dije a Néstor Kirchner que al niño lo tenían las Farc. Y quedé como un zapato, porque no era así.

SEMANA: Desde el punto de vista político, ¿no cometió algunos excesos, como estar muy cerca de Chávez en un momento de confrontación entre Colombia y Venezuela?

P.C.:
No, no creo que eso haya sido así. Acompañé a un Presidente (Chávez) que estaba autorizado por el gobierno colombiano para interceder en las liberaciones.

SEMANA: A mucha gente le molesta la dureza de las declaraciones que usted ha hecho en foros internacionales sobre Colombia…

P.C.:
No sé si es gente espontánea que se molesta, o un equipo de descrédito que hay en mi contra. Siempre que yo saco una declaración o un periódico publica algo sobre mí, no pasan tres minutos cuando ya hay una lluvia de comentarios atacándome. Me pregunto por qué la gente que presuntamente comenta en los foros virtuales no cuestiona en Colombia las violaciones a los derechos humanos, la existencia de fosas comunes y la ineficiencia a la justicia, pero sí se concentra en atacar personas que promueven el cambio.

SEMANA: ¿Va a seguir con el trabajo de Colombianas y Colombianos por la Paz?

P.C.:
Sí. Hemos avanzado mucho construyendo plataformas en temas económicos, de derechos y víctimas que vamos a presentar al presidente Juan Manuel Santos. También vamos a enviar en dos semanas, aproximadamente, una carta a las Farc con planteamientos sobre los mismos temas. Para diciembre, estamos organizando un evento con personas que han sido protagonistas en el mundo de transiciones democráticas y procesos de paz. Estoy convencida de que vamos a lograr la entrega de los soldados y policías que aún están secuestrados y de que nosotros vamos a lograr que haya un proceso de paz en Colombia.

SEMANA: ¿Qué tanto se afecta ese trabajo al estar sin curul?

P.C.:
Mi condición de defensora de derechos humanos no depende de que sea o no senadora. Tengo una trayectoria de más de 30 años, en la que he defendido convicciones y principios que en Colombia implican muchos riesgos.

SEMANA: ¿Cree que en el gobierno Santos hay receptividad en temas de intercambio humanitario o de negociaciones de paz?

P.C.:
El presidente Santos ha planteado unas condiciones más flexibles, en las que pueden abrirse puertas a negociaciones. Ha sido muy receptivo con Colombianas y Colombianos por la Paz. Compartimos con él la exigencia de la entrega de secuestrados y el fin del secuestro, y que las Farc y el ELN hablen de derecho internacional humanitario. Estoy en una orilla ideológica diferente a la del presidente Santos, pero creo que con él puede haber un escenario para lograr un proceso de paz. También hay un tono de apertura a los derechos humanos y a algo que Colombianas y Colombianos por la Paz defendemos a capa y espada: la inclusión de quienes tenemos un espíritu crítico.

SEMANA: Usted ha dicho que esa nueva actitud frente a la paz está mediada por una nueva actitud de Colombia frente a la región…

P.C.:
El gobierno anterior le jugó a que América Latina no pudiera enfrentar de manera compartida temas como la lucha contra la pobreza y la necesidad de un comercio justo. Santos cambió el ambiente.

SEMANA: ¿Le augura éxitos a la relación entre Santos y Chávez?

P.C.:
Sí. Creo que va a haber una armonía duradera que se debe, también, a que el nuevo gobierno rompió con el perfil del anterior. Hoy puedo decir que la oligarquía está en el poder, pero eso no es delito. Lo que sí era delito es que estuviera la mafia incrustada en el Estado colombiano y que esas actitudes mafiosas no permitían conciliar con actores externos ni dialogar con actores internos. Les veo voluntad a Santos y a Chávez.

SEMANA: ¿Quién queda en el Congreso apoyando sus causas?

P.C.:
En el tema de paz desafortunadamente no queda la gente del Partido Liberal que uno quisiera. En el Polo hay personas valiosas, como los senadores Jorge Enrique Robledo, los representantes Iván Cepeda y Gloria Ramírez. En el tema de tierras, aunque es un trabajo más formal, reconozco el trabajo de Juan Fernando Cristo y del representante Guillermo Rivera.

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