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| 4/12/2014 9:00:00 AM

“No seré presidente de Estados Unidos”: Michael Bloomberg

En entrevista con SEMANA el exalcalde de New York habla de Wall Street, Obama y filantropía.

SEMANA: Como enviado especial de las Naciones Unidas para las Ciudades y el Cambio Climático, ¿cómo contribuyen las zonas urbanas a este fenómeno y cómo se podrían reducir esos impactos?

MICHAEL BLOOMBERG:
Primero, en las ciudades es donde los cambios han sido efectivos, y es porque los medios evalúan a los alcaldes. Pueden decir si hicieron algo o no. Si recogen la basura o no. El foco está en las ciudades y ellas han implementado muchas acciones para el cambio climático. Es cierto en Estados Unidos, en Colombia y alrededor del mundo.

Todas las ciudades son fundamentalmente iguales. Un problema o una solución en una ciudad tiende a ser un problema o una posible solución para otra. Las 66 urbes en el C40 (red global de megaciudades contra el cambio climático que preside Bloomberg) tienen mucho que aprender unas de las otras. No hay ideas nuevas. Nueva York tomó prestadas muchas cosas de Bogotá y de otras ciudades del mundo. En China tienen exactamente los mismos problemas que tenemos en Bogotá, Medellín y Nueva York. Las ciudades hacen cosas y lo que la ONU quiere -la razón por la que Ban Ki-Moon me llamó- es que las ciudades muestren a los gobiernos nacionales lo que han hecho y cómo hacerlo. Y así ellos ayudarán a las ciudades más pequeñas.

SEMANA: Pero las ciudades no están invitadas a la mesa en esta discusión. Es un debate entre naciones.

M. B.:
No podría estar más en lo cierto pero resulta que no importa. Las ciudades no se sientan a hablar, hacen cosas porque les toca. Los medios las cubren y el alcalde siempre está bajo la presión de entregar resultados, pero los gobiernos nó. Ellos (los presidentes) pueden hablar por siempre y no hacer nada pero las ciudades no tienen esa opción.

SEMANA: Usted construyó su compañía sobre la innovación tecnológica. ¿Son las ciudades laboratorios de innovación? ¿Por qué en las ciudades?

M. B.:
Allá es a donde va el capital intelectual. Las personas inteligentes que no están cómodas con el statu quo, que quieren cambiar cosas, educarse, vivir y aprender de un grupo diverso de gente de todo el mundo, van a las ciudades.

SEMANA: Usted fue alcalde de una de las metrópolis más grandes del mundo y también el líder de una empresa financiera y de comunicaciones. ¿Cuál es el rol del sector privado en el gobierno de las ciudades?

M. B.:
Los privados pueden financiar proyectos pilotos. Pueden financiar pequeñas escuelas especializadas y mostrar que funcionan. Pero entonces cuando se quieren ampliar e incluir a todos los ciudadanos, la única manera de hacerlo es con dinero de los contribuyentes, a nivel local, departamental o nacional.

Alguien vino una vez a mí en una conferencia muy en secreto a decirme que tenía una gran idea. Que iba a recolectar 1.000 millones de dólares de fondos de inversión en Estados Unidos para cambiar la educación pública. Apenas le informé que el presupuesto de educación de la ciudad de Nueva York es de 22.000 millones de dólares al año, desapareció. Fue la última vez que supe de él.

Los empleos son creados por el sector privado. En Nueva York hay una fuerza de trabajo de 4 millones de personas, pero la ciudad solo emplea a 300.000. Si quieres crear riqueza y dar a las personas la capacidad de estar a cargo de su propio destino, debes crear empleo privado. Y las ciudades deberían esforzarse por atraer empresas.

SEMANA: ¿Qué deben hacer los alcaldes para que las empresas lleguen?

M. B.:
Mucho de lo que hoy hacen es tratar de comprar a los empresarios mediante el otorgamiento de rebajas de impuestos. Esa no es una buena estrategia. No funciona y es una pérdida de dinero. Lo que deben hacer es crear un clima amigable a los negocios. Qué hace una ciudad así: reducción del crimen.

SEMANA: Como trata de hacerlo Medellín…

M. B.:
Desayuné con el alcalde de Medellín Aníbal Gaviria. Es sorprendente cuánto se ha reducido la criminalidad pero la gente sigue hablando del tema. Nadie quiere mudar su familia a un lugar con muchos crímenes. Y si quieres atraer gente de todo el mundo para trabajar en tu empresa, debes tener una ciudad segura.

SEMANA: Usted era alcalde de Nueva York cuando irrumpió la crisis económica global del 2008. ¿Se equivocó Wall Street?

M. B.:
Creo que tuvimos lo que un exjefe de la Reserva Federal llamó “exuberancia irracional”. Todo el mundo pensó que nada nunca bajaría. Las empresas, el gobierno y las personas especularon demasiado. Cuando las cosas se sobrevaloran, de repente bajan sus precios. Eso fue lo que vimos.

Estamos en 2014 y digamos que la crisis fue en 2008. Son solo 6 años. Debemos ponerlo en perspectiva. Creo que no hay un solo grupo que responsabilizar. Los bancos debieron prestar más atención a los documentos de los préstamos. Debieron pensar qué pasaría si la finca raíz caía rápidamente aunque somos una sociedad que construye sobre asunciones. Nadie creería que muchas propiedades bajarían de precio al mismo tiempo y muchas personas dejarían de pagar sus cuotas. Pero el mundo nunca se queda quieto y no sabes cuándo cambia y no puedes planear para el peor escenario. Nunca harías nada. Nadie tomaría riesgos. Y necesitamos que los bancos presten. Así crecen las empresas y así consigues una hipoteca.

SEMANA: Siempre hay rumores de que aspiraría a la Presidencia de Estados Unidos…

M. B.:
No pasará. No sucederá. Primero, tenemos un sistema bipartidista. Soy demasiado conservador para un partido y demasiado liberal para el otro. Segundo, creo que el mejor trabajo en el mundo es ser alcalde, especialmente de una gran ciudad donde se tiene mucho poder. Los alcaldes hacen cosas y se puede decir: “Hiciste esto y esto y aquello”. La mayoría de las personas que aspiran a ser presidentes vienen del Congreso donde no puedes reversar lo que hiciste. Ellos votan de una manera y de otra contraria. Así que no pasará.

SEMANA: Es muy crítico del gobierno de Estados Unidos. ¿Igual de crítico con el presidente Barack Obama?

M. B.:
No. Creo que pudo haber hecho algunas cosas de manera diferente. No creo que hayan implementado el programa de salud, Obamacare, muy bien, pero lo defiendo en el sentido de que al menos está tratando de hacer algo. Nadie hará todas las cosas perfecto. Es muy inteligente, se preocupa y trata de hacer las cosas a su estilo, como todo un presidente. Creo que la historia lo juzgará muy distinto que los periodistas. Hoy las encuestas son bajas. Todo el mundo se queja. Pero hay que esperar un tiempo y ver para juzgar en realidad a alguien.

SEMANA: Usted dirige una de las fundaciones filantrópicas más innovadoras del mundo. ¿Qué le diría a un multimillonario colombiano sobre la filantropía?

M. B.:
Primero, si tienes mucho dinero, no lo puedes gastar todo. Solo puedes dormir en una cama a la vez. Mi respuesta es que debes hacer algo que te de aún más placer, es decir, ayudar a los otros. Tengo dos hijas. Si quiero mejorar sus vidas, puedo darles más dinero o ayudar a curar el cáncer. ¿Cuál de esas dos opciones haría algo más grande por ellas? Creería que la segunda.

La gente que vive en Nueva York tiene vidas más largas y saludables que en el resto de Estados Unidos. Esto se debe en parte a que los ricos pagan más impuestos. Se habrían podido mudar a otro lugar, pero se quedaron y pagan los impuestos y sostienen las instituciones culturales y los hospitales que ayudan a la gente y hacen gran investigación.

No puedo pensar en nada que me dé más satisfacción que caminar y decir: “Ayudé a construir ese edificio”. O dar un discurso de graduación en una universidad y que muchos estudiantes me digan calladamente: “Gracias. Sin un beca Bloomberg, no habría llegado hasta aquí”. Jamás olvido eso. ¿Qué hubiera podido comprar que me diera ese tipo de satisfacción?

SEMANA: ¿Qué viene ahora: política, filantropía, más negocios?

M. B.:
No, política no. Cuando acabas, debes mantenerte lejos. No diré nada sobre mi sucesor. Hará cosas que crea que son buenas, y otras que crea que son malas. Seguirá con algunas cosas que inicié y cancelará otras. Pero tengo el deber de no criticarlo y de mantenerme afuera.

Haré algún trabajo para la ONU y C40. Conseguiré dinero para un pequeño museo de arte en Londres. Creamos una firma de consultoría sin ánimo de lucro para ayudar tanto a ciudades como a museos y organizaciones filantrópicas. También tengo el compromiso con Dios de que no moriré sin aprender a hablar español como un nativo y jugar golf como un profesional. Al ritmo que voy en ambos, viviré mucho tiempo más (risas).
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