Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

| 11/1/2016 6:23:00 PM

“El Gobierno subestimó el odio y la desconfianza hacia las FARC”

Michael Reid, editor senior de The Economist, habló con Semana.com sobre la primera visita de Estado de un presidente colombiano al Reino Unido y la irónica semejanza entre el brexit y el plebiscito.

Michael Reid es uno de los corresponsales británicos con mayor conocimiento de América Latina. Actualmente es editor senior de una de las publicaciones más influyentes del mundo, The Economist, y columnista del espacio semanal ‘Bello‘ de esa misma revista.

El autor del libro ‘El continente Olvidado, la lucha por el alma de América Latina’ habló con Semana.com sobre la visita de Estado del presidente Juan Manuel Santos al Reino Unido, la política británica y las comparaciones entre el brexit y el plebiscito para refrendar los acuerdos de La Habana.

Semana.com: ¿la visita del presidente Santos refleja a Colombia como un socio estratégico para el Reino Unido, como algunos han querido interpretar?

Michael Reid: No pienso que sea un socio estratégico, pero pienso que hay una relación especial, significativa. En el sentido personal pasa por que Santos estudió en Londres, vivió en Londres y es bastante ‘anglófilo’. En las últimas décadas se ha construido una relación interesante entre los dos países, en el sentido de que Reino Unido ha ofrecido bastante cooperación, de transferencia de conocimiento, en temas de seguridad y derechos humanos, y un apoyo discreto pero importante al proceso de paz. Además hay una relación económica todavía limitada pero que se siente.

Semana.com: La comunidad internacional ha apoyado el proceso de paz con la percepción de que Colombia era una historia esperanzadora en un mundo convulso. ¿Esa percepción quedó sepultada con el triunfo No o todavía es rescatable?

M. R.: Evidentemente cuando fue concebida esta visita iba a celebrar el logro de la paz en Colombia y tener lugar en una situación bien diferente. De hecho hay una semejanza irónica en la situación de los dos países, con referéndums con un resultado inesperado que complicaron las cosas. Tanto en la salida de Reino Unido de la Unión Europea, que enfrenta una negociación extraordinariamente compleja y difícil con el resto de Europa como consecuencia de eso, como en el caso de Colombia, donde la derrota del Sí en el plebiscito hace que el Gobierno tenga que intentar encontrar la forma de hacer una segunda versión del acuerdo de paz que logre el apoyo popular y político.

Le puede interesar: “La paz prevalecerá”: Santos ante el parlamento británico

Semana.com: Abundan las comparaciones entre el plebiscito y el brexit.

M. R.: Hay unos elementos en común. El elemento principal es que el establecimiento no captó en ambos casos el nivel del resentimiento popular. En el caso de Reino Unido el sentimiento de partes importantes de Inglaterra fuera de Londres contra lo que vieron como una élite metropolitana de la cual se sentían desconectados. Y en el caso de Colombia el Gobierno evidentemente subestimó el grado de odio y desconfianza entre las FARC y un segmento importante de la población. Hay una diferencia importante en el nivel de participación.

Semana.com: La primera ministra Theresa May dijo “Brexit es Brexit”, mientras en Colombia los que promovieron el No lo vendieron como un voto por una paz distinta.

M. R.: Hay un elemento en común en el sentido de que, como dicen, “if you broke it you own it” (algo así como “si lo rompiste, te lo llevas”). Los que abogaron por un brexit y los que abogaron contra el acuerdo de paz tienen la responsabilidad de aportar a una solución. En el caso británico “Brexit means Brexit” era una frase política para superar el verano, pero Theresa May tarde o temprano va a tener que definir qué tipo de brexit quiere. El caso de Colombia es un poco distinto, el Gobierno tiene que encontrar terreno común entre las campañas del No y las FARC. Lo lógico sería negociar un adendum, un apéndice clarificatorio del Acuerdo. Me parece que renegociar el acuerdo simplemente no es factible en el tiempo relativamente corto que hay, antes de que el cese al fuego se ponga en cuestión.

Semana.com: José María Aznar, el expresidente del gobierno español, dijo que le sorprendía que el resultado de plebiscito no hubiera provocado la renuncia de Santos como ocurrió con Cameron. Pero hay grandes diferencias en los modelos políticos.

M. R.: Evidentemente el Reino Unido tiene un sistema parlamentario en que si el Gobierno es derrotado en una cuestión tan fundamental es normal que el primer ministro renuncie. El sistema presidencialista no funciona así. Ahora, si el presidente Santos no logra en las próximas semanas renegociar un segundo acuerdo, o una versión modificada, se entraría a discutir si debiera renunciar. Pero los sistemas son muy diferentes.

Le pude interesar: En imágenes: Santos se reúne con la reina Isabel

Semana.com: ¿El Nobel de paz puede ayudar a sacar adelante el acuerdo con las FARC?

M. R.: Es un mensaje de compromiso del mundo exterior con la paz en Colombia y un estímulo para que el presidente y el Gobierno la sigan buscando. Fue importante en ese sentido, pero por sí mismo no tiene la capacidad de entregar la paz a un país.

Semana.com: Santos también va a visitar Irlanda del Norte. ¿Colombia pueda sacar alguna lección valiosa de cara a la renegociación con las FARC?

M. R.: El Gobierno colombiano y los negociadores han estudiado muy a fondo este proceso. Es importante decir que en Irlanda del Norte había una amnistía, punto. Hay participación política plena de los ex miembros del IRA.

Semana.com: Aparte de Theresa May, Santos también se va a reunir con personalidades de la política británica como Boris Johnson, ¿No es insólito que como canciller sea el rostro de la política exterior luego de hacer campaña por el brexit, que el mundo en general rechazaba?

M. R.: Yo pienso que también es insólito para muchos británicos. Y refleja el hecho que el liderazgo del partido laborista es muy poco representativo del país. Teresa May está bajo muy poca presión de la oposición, la mayor presión proviene de su propio partido, del mercado financiero y del mundo exterior. Es un gabinete que refleja la balanza entre las fuerzas dentro de su propio partido, y por eso está ahí. Tiene la obligación de buscar una solución favorable para el país. Su posición frente al referendo no fue basada en una convicción profunda sino un cálculo político.

Semana.com: En Londres también ha surgido una gran personalidad política con el ascenso de Sadiq Khan, el primer alcalde musulmán. ¿Ese mensaje de cosmopolitismo y tolerancia contrasta con lo que el mundo vio del brexit?

M. R.: Su elección refleja la diversidad étnica de la ciudad, y lo más importante es que el hecho de que sea musulmán no le impidió ser alcalde. Esa es la gran tradición histórica de mi país, de ser un país abierto, liberal, tolerante, y ojalá que siga siendo así. Hay que subrayar que hay una brecha muy grande, y reciente, entre la política de Londres, simbolizada por la elección de Sadiq Khan, y la política de otras partes de Inglaterra, donde hay una parte significativa de la población que siente que ha perdido con la globalización, que simplifica correctamente o no con los inmigrantes. Ese es un problema que el país tiene que afrontar.

Semana.com: ¿La posición de Londres como ciudad global está amenazada cuando se implemente el brexit?

M. R.: Evidentemente está amenazada. Uno espera que se opte por la relación lo más cercana posible con el resto de Europa en lo económico, un ‘brexit suave’, o que haya una forma de repensar lo que el país está haciendo. No hay duda de que Londres es menos atractiva como ‘capital del mundo’ si está divorciada de Europa. Es muy difícil concebirla así, vienen dos años de mucha incertidumbre.

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 1830

PORTADA

En la cuerda floja

La economía avanza a paso muy lento. Se necesita con urgencia un estartazo, pero el desánimo y el pesimismo limitan las posibilidades de una recuperación.