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| 1/23/2016 10:00:00 PM

Microtráfico: la mayor amenaza

El microtráfico se convirtió en un problema de grandes proporciones y en el mayor desafío a la seguridad en el país. ¿Qué está pasando?

El asunto está desbordado y fuera de control. El último hecho ocurrió el sábado 23 de enero. Ese día cuatro personas fueron asesinadas en una vivienda en Ciudad Bolívar al sur de la capital. Solo un mes antes, en diciembre, cuatro personas más murieron en otra masacre en la localidad de Usme. Otros dos hechos igualmente macabros, con un saldo de siete muertos, ocurrieron en septiembre y octubre del año pasado en Bogotá. Todos estos capítulos de horror, que reflejan la gravedad de lo que está ocurriendo en materia de criminalidad en las ciudades de todo el país, tienen un común denominador: el microtráfico.

El asunto es tan preocupante que tras la última masacre, el martes 19 de enero, el presidente Juan Manuel Santos se reunió con el alcalde de Bogotá, Enrique Peñalosa, y gran parte de su equipo de trabajo. El objetivo era definir y coordinar acciones para enfrentar los problemas de seguridad, comenzando por el microtráfico, que se ha transformado en el principal flagelo no solo de la capital sino prácticamente de todos los municipios del país.

En las dos últimas cumbres de alcaldes y gobernadores casi todos coincidieron en afirmar que el mayor problema y el principal generador de violencia en sus respectivos municipios y departamentos es el microtráfico o narcomenudeo. Todos aquellos que fueron elegidos en octubre pasado y comenzaron sus mandatos el 1 de enero de este año comparten la misma preocupación. Y no es para menos. Ese monstruo de mil cabezas ha extendido sus tentáculos criminales a las esquinas y colegios del país, públicos y privados. Poderosas bandas criminales manejan este fenómeno delincuencial, y tienen como uno de sus blancos principales a niños y jóvenes menores de 16 años, para introducirlos en el mundo de las drogas.

Microtráfico, un negocio macro


Desde que las autoridades desarticularon a los grandes carteles de la droga, el negocio del narcotráfico en el país empezó a transformarse. “La producción de cocaína se ha mantenido estable con un promedio de 600 toneladas anuales. Al no tener un gran capo en Colombia que les haga contrapeso, los narcos y carteles mexicanos manejan desde hace varios años la parte más productiva del negocio, que son las rutas internacionales y la distribución en Estados Unidos y Europa”, explicó a SEMANA un oficial de la Policía Antinarcóticos. “Los narcos colombianos, que no tienen cómo pelear con los mexicanos, quedaron básicamente reducidos a buscar ganancias en el mercado local, lo que en parte explica que se hayan disparado las ollas y el negocio del microtráfico en todo el país”, afirmó el oficial.

Estas nuevas mafias en el pasado formaron parte de grandes carteles y sencillamente mutaron hacia decenas de ‘cartelitos’ que a sangre y fuego se fueron adueñando de los parques y las calles en casi todos los municipios del país. La dimensión del problema se evidencia en los análisis y estudios que ha realizado la Dirección Nacional de Seccionales y Seguridad Ciudadana de la Fiscalía General, dirigida por Luis González. Según esta dirección, 2.135 organizaciones se dedican a todo tipo de delitos. En ese ranking  el microtráfico encabeza la lista del mayor número de organizaciones en el país con 695, seguido de bandas dedicadas al hurto (673), secuestro y extorsión (291) y homicidio (156), entre otros (ver recuadro). Este es un primer indicativo de la dimensión del problema. Entre 2014 y finales de 2015 más de 14.000 personas fueron capturadas y quedaron desactivados 542 grupos que estaban dedicados al microtráfico.

“Sin lugar a dudas, el microtráfico es la mayor amenaza a la seguridad en el país. La gente cree que se trata de una olla o sitio de expendio en cualquier barrio al que un consumidor va y compra una dosis”, explicó a SEMANA Luis González. “Sin embargo, se trata de un fenómeno que trae consigo una espiral de problemas mucho más graves que el consumo. Quien instala la olla lo hace por medio de la violencia que implica desde desplazar población hasta cometer homicidios. En los sitios donde funcionan también se incrementan delitos como el hurto y extorsiones cometidos por los consumidores para obtener los recursos para comprar las dosis. Y lo más grave es que generalmente esa espiral delincuencial va ligada a delitos contra la vida, producto de disputas de territorio entre las bandas”, añade.

Este curtido fiscal ha podido detectar una preocupante y rápida expansión del fenómeno del microtráfico. Y el tema no es exclusivamente urbano. Las autoridades han detectado que las organizaciones criminales han convertido en adictos a campesinos en veredas a varias horas de camino de los cascos urbanos. “Sin embargo, lo más indignante  y preocupante es que estas bandas  de microtráfico, en el propósito de expandirse y ampliar su mercado, han tomado como objetivo los colegios. Hemos visto casos y capturado a expendedores que se ubican cerca de los planteles y venden droga a niños incluso de 6 u 8 años de edad”, dijo González.

La dimensión del problema en los colegios se puede evidenciar con el primer gran operativo realizado por las autoridades en julio del año pasado. De manera simultánea arrestaron a cerca de 1.000 expendedores que vendían droga en 19 colegios en cuatro departamentos. En un solo día, la Fiscalía, el CTI y la Policía les incautaron a esas redes casi una tonelada de marihuana y 926 kilos de cocaína destinados a esos centros educativos.



Algunos reconocidos investigadores ya venían detectando que los niños en edades escolares son blanco de los expendedores de droga. En 2014, un estudio del Centro de Estudios sobre Seguridad y Drogas de la Universidad de los Andes, adelantado por Daniel Mejía, desde hace pocas semanas secretario de Seguridad de Bogotá, ya advertía la reducción de la edad en la que empezaban a consumir drogas los jóvenes. También evidenciaba la preocupante tendencia al aumento en el consumo de varias drogas.


Negocio en crecimiento

Una reciente investigación realizada por la Fundación Ideas para la Paz -FIP- también refleja ese inquietante incremento. “En cuanto al consumo, el Estudio Nacional de Consumo de Sustancias Psicoactivas en Colombia (que se refiere a las zonas urbanas) muestra un aumento del conjunto de drogas ilícitas (incluyendo marihuana, cocaína, bazuco, éxtasis y heroína) pasando de 8,8 por ciento en 2008 a 12,2 por ciento en 2013”, dice uno de los apartes de la investigación de la FIP llamada ‘Mercados urbanos de drogas y zonas de impunidad en Colombia’.

En ese informe se citan estudios que evidencian el acelerado  y preocupante camino que está recorriendo gran parte de la población  para transformarse en una sociedad cada vez más inclinada a consumir drogas. “En 2013 alrededor de 484.000 personas (57 por ciento del total de usuarios) en Colombia presentarían este tipo de consumo, constituyendo la parte fundamental del mercado interno. Las estimaciones de 2008 eran de 298.000 personas dentro de esta categoría, lo que representa un aumento notable”, afirma otro de los apartes de la investigación de la FIP.

Si bien las ganancias del negocio del microtráfico no son comparables a las astronómicas cifras que manejaban los grandes carteles de la droga en décadas pasadas, la realidad es que los ingresos que reciben las organizaciones dedicadas al narcomenudeo no son despreciables y van en aumento.

Esas millonarias cifras corresponden a los estudios más recientes, realizados hace dos años. No obstante, las autoridades y analistas consultados por SEMANA coinciden en afirmar que esos ingresos han crecido exponencialmente en el último año, lo cual explica también que hayan proliferado bandas y organizaciones a lo largo del país.



El nuevo enemigo


Los cálculos más conservadores de las autoridades señalan que alrededor de 5.000 personas pueden estar involucradas directamente en organizaciones dedicadas al microtráfico en el país. Durante varios años, el enfoque que le dieron al combate contra este fenómeno no produjo efectos contundentes. “Se realizaban intervenciones en ollas para capturar a los distribuidores y las autoridades salían de allí. Mientras se hacía la operación los narcos sencillamente se trasteaban y montaban puntos de distribución en otros lugares de la ciudad. El otro gran inconveniente era que el distribuidor tras ser capturado quedaba rápidamente en libertad y volvía a las andanzas. Todo se convertía en un círculo sin fin”, explicó Luis González.

Hace dos años, la Fiscalía y demás autoridades comenzaron a analizar el fenómeno para optimizar la lucha contra el microtráfico. De ese modo, González adoptó el primer paso de investigar a estas bandas como organizaciones criminales. Lo primero fue identificar a todos y cada uno de los integrantes, un trabajo que tomó más de un año. “El objetivo era que al momento de arrestarlos y llevarlos ante un juez no cayera un solo tipo que vendía droga en un parque o colegio, sino toda una organización. Judicialmente esto tiene una gran implicación porque uno de los delitos que se le imputan al capturado es concierto para delinquir, el cual trae una pena elevada que garantiza que permanezca tras las rejas y no salga libre al ser acusado por un delito menor”, explicó González.

Usando agentes encubiertos, interceptaciones de líneas y otra serie de herramientas, la estrategia de la Fiscalía y las autoridades cambió, y de capturar solamente al vendedor se pasó a judicializar a toda la estructura, desde quien produce la droga, el que la transporta, el que la almacena, quien la vende y finalmente el jefe de la banda, que recibe los dividendos. “Ese tipo de organizaciones se reproducen muy rápido. Una vez cae uno de esos capos otro está listo a reemplazarlo. Pero con este tipo de análisis criminal el objetivo es tratar de impedir que surjan herederos que se queden con el negocio”, concluye González.

Este cambio en la forma de atacar el flagelo empezó el año pasado con resultados alentadores. Para este año tienen programadas intervenciones más frecuentes y contundentes, especialmente contra las redes que actúan cerca de los colegios. Por años las autoridades subestimaron el microtráfico y eso le permitió crecer hasta transformarse en el monstruo de mil cabezas que es hoy. El desafío no es nada fácil.



Bandas Y Bandidos

Estas son algunas de las principales organizaciones que dominaban el negocio del microtráfico en gran parte del país, que terminaron desarticuladas por la Fiscalía.

Álex Toro: la banda llevaba el mismo nombre de su líder, quien perteneció a los Rastrojos. Manejaban la venta de estupefacientes en Caicedonia y Sevilla en Valle del Cauca; en Génova, La Tebaida, Montenegro y Armenia en Quindío; y Pereira en Risaralda. Sus 25 integrantes ya están presos.

La Línea:
con el final de la organización Álex Toro, la Línea asumió el negocio en la región. Su cadena logística y de distribución se concentraba en Miranda, Cauca. Para desmantelar la banda las autoridades realizaron dos operativos: en el primero cayeron 47 delincuentes y en el segundo 34.

Los Mugrosos:
desde hace más de diez años esta banda dominaba el microtráfico en Sonsón (Antioquia) y otros municipios vecinos. Cerca de 20 integrantes fueron capturados y condenados. Con la desaparición de la banda los índices de criminalidad en la región se redujeron un 74 por ciento.

Los Sintéticos: se dedicaban a vender anfetaminas en Ibagué, Cali, Barranquilla y fuera del país en Chile y Argentina. Adquirían ampollas de Ketamina con complicidad de funcionarios en clínicas de Bogotá, para luego transportarlas camufladas en vehículos o por medio de correos humanos y empresas de envíos. La Policía capturó a los 14 miembros de la banda en marzo del año pasado en operativos realizados en Bogotá, Medellín y Cali.

El Laberinto: operaban en Rionegro (Antioquia) para consolidar el control territorial del Clan Úsuga. En 2015 las autoridades hicieron 18 allanamientos y capturaron 30 personas a quienes imputaron homicidio, extorsión y uso de menores de edad.

El Boje y El Indio: ambas organizaciones tenían consolidada la venta de drogas en Granada (Meta) desde hacía diez años. Tras 12 meses de investigaciones, 14 personas cayeron en manos de las autoridades. Para distribuirla, escondían las dosis de droga entre los pañales de bebés de meses.

Los Pelipintados: a finales de septiembre, 57 personas cayeron en Sonsón (Antioquia). La banda, que empezó como un clan familiar, manejaba el microtráfico en el suroeste antioqueño. Sus integrantes, además, provocaron desplazamientos forzados, realizaron extorsiones y mataron a 50 personas entre 2014 y 2015.

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