Domingo, 4 de diciembre de 2016

| 2015/11/07 22:00

“El general Palomino se queda”: Mindefensa

Luis Carlos Villegas, habla sobre el cese definitivo del fuego, las nuevas amenazas de grupos armados, y los escándalos recientes en la Policía.

Semana: Las Farc advierten que las operaciones de las Fuerzas Militares tienen en riesgo el cese unilateral del fuego. ¿Qué está pasando?

Luis Carlos Villegas: Está pasando que hay un cese al fuego y no un cese de hostilidades. El cese del fuego unilateral ha sido cumplido de manera aceptable por las Farc. Pero como no hay cese de hostilidades, ellos han seguido extorsionando a campesinos, transportadores, ganaderos, en zonas rurales pero también en algunas cabeceras, y eso ha generado una persecución. La fuerza pública de todas maneras mantendrá su presencia en el territorio nacional y mientras sigan cometiendo delitos se encontrarán con ella.

Semana: ¿Hay acciones ofensivas contra los campamentos de las Farc?


L.C.V.: No ha habido bombardeos. La directriz del presidente es que los campamentos no serán bombardeados, mientras cumplan unas condiciones como que estén lejos de la población civil y no se cometan delitos desde allí. Ahora, ha habido encuentros armados con las Farc que han producido bajas de ambos lados.

Semana: ¿Qué otras medidas de desescalamiento han adoptado ustedes?

L.C.V.: Nosotros no hemos recibido del presidente instrucciones diferentes a no bombardear. Las Farc han hablado de liberar a los menores, de no reclutar. Cuando esos gestos se produzcan veremos cómo responder.

Semana: El presidente se comprometió con las Farc a suspender la campaña de desmovilización.

L.C.V.:
Hace más de un mes están suspendidas las cuñas de esa campaña en las emisoras comerciales y de las fuerzas.

Semana: ¿Hay condiciones para un cese bilateral del fuego?


L.C.V.: El cese del fuego y las hostilidades bilateral y definitivo necesita unas condiciones mínimas que no son embelecos del presidente. Esto es verificación y monitoreo con actores internacionales. Y para no herir sensibilidades con la palabra concentración, digamos focalización de las fuerzas guerrilleras en sitios donde se garantice esa verificación, el monitoreo y sobre todo la seguridad, que será garantizada sobre todo por la fuerza pública, con un elemento internacional.

Semana: ¿Y en medio del cese al fuego la fuerza pública tendrá restricciones de movilidad?


L.C.V.: Eso es parte de la negociación y hay una subcomisión que está definiendo estos temas, que son complejos, toman tiempo y hay que diseñarlos con mapa en mano y con la gente que conoce los terrenos.

Semana: ¿Usted cree que el cese será acatado por todos los frentes de las Farc?

L.C.V.: En estos meses las Farc han probado que tienen una gran cohesión interna, más allá, incluso, de lo que cualquier observador hubiera imaginado. Hay orden, jerarquización y un método para obedecer, y eso es un activo para el cese bilateral definitivo. No sabemos si habrá gente que se quede por fuera. Es posible que ocurra, pero hasta ahora lo que se ve es un acatamiento de las órdenes del secretariado.

Semana: ¿Cómo sería el cese en medio de una guerra con el ELN y las bacrim?


L.C.V.:
Va a ser muy difícil y por eso necesita de mucha buena fe por parte de las Farc. De nuestra parte hay un compromiso con la seguridad y queremos avanzar mucho más en la lucha contra las bandas. Estoy convencido de que el posconflicto será menos complejo sin Megateo y sin Pijarvey.

Semana: A propósito de la emboscada del ELN en Güicán donde murieron 12 policías. ¿Están bajando la guardia las tropas?

L.C.V.: Esos muchachos estaban cumpliendo el honorable servicio de cuidar 140 votos de una comunidad indígena donde nunca antes hubo fuerza pública y por eso nunca habían votado. Estas fueron las primeras elecciones en 100 por ciento de los puestos. Esa sensación, más la depuración del censo, generó el 61 por ciento de votación, algo que no se veía hace mucho. Se corrió el riesgo de proteger hasta el último tarjetón. Hay errores, sí, pero también hay sevicia del ELN.

Semana: ¿Qué tanta amenaza representa el ELN?

L.C.V.: La presión de la fuerza pública sobre el ELN es clara pero observamos que su tropa está en un punto plano, que no disminuye, son alrededor de 1.400 miembros. Tienen intentos de entrar a zonas donde las Farc se han retraído, o donde la lucha contra las bandas criminales ha dejado espacios. El bombardeo en el Urabá chocoano muestra una relación muy estrecha entre miembros del crimen organizado de los Úsuga con el ELN. Es una alianza donde comparten campamentos, entrenamiento, protección de rutas.

Semana: ¿En este bombardeo estaban juntos?

L.C.V.: Estaban en plena conexión. Se está identificando a las personas que murieron, pero la inteligencia demuestra la connivencia entre ese grupo de los Úsuga y facciones del ELN.

Semana: ¿Se seguirá bombardeando a las bandas criminales?

L.C.V.: Este bombardeo se enmarca dentro de las capacidades y posibilidades jurídicas y operacionales de la fuerza pública. Como ministro me interesa lanzar el debate sobre qué hacer con el crimen organizado cuando representa una amenaza para el Estado. Este es un problema mundial. Las fuerzas navales de muchos países están enfrentando la piratería en África y en el Báltico porque son amenazas grandes a los Estados. Debemos dar tranquilamente ese debate porque significa adelantarse a las nuevas maneras de ver la seguridad.

Semana: ¿Están creciendo las bacrim?

L.C.V.:
Se han armado, están mejor entrenados y con mejores comunicaciones. Y aunque suene extraño, por cuenta de la devaluación están más ricos pues un negocio de 100 millones de dólares ahora les representa 300.000 millones de pesos.

Semana: ¿Las considera entonces el nuevo enemigo?


L.C.V.: No podemos tener un posconflicto con las Farc, y al mismo tiempo una amenaza de bandas criminales con capacidades parecidas a las que tienen las Farc, con armas largas, con ametralladoras M60, con una expresión militar sofisticada. Si el crimen organizado mantiene unas estructuras que amenazan al Estado colombiano, debemos combatirlo con toda su capacidad, sin darle trato político.

Semana: Eso es nuevo y necesita ciertos ajustes en la doctrina…

L.C.V.: Lo que está en juego es el funcionamiento del Estado democrático y de la seguridad en el posconflicto. No podemos perseguir al crimen organizado con machete y bolillo, en territorios donde viene la construcción de paz. Hay que evitar a toda costa que estas bandas crezcan. Y cuando se den las condiciones se les combatirá como se ha hecho hasta ahora.

Semana: Hay muchas denuncias sobre protección de la Policía a esas bandas…


L.C.V.: Tanto así que se han separado mil y pico de miembros de esa institución por supuestos vínculos con grupos criminales. Estos vínculos no tienen propósitos políticos sino económicos.

Palomino se queda

Semana: Cambiando de tema, el general Rodolfo Palomino ha estado envuelto en unas polémicas en estos días. ¿Qué va a pasar con él?

L.C.V.:
Conozco al general desde que era mayor, de manera que puedo dar testimonio de que es un buen colombiano y un buen ser humano. De ahí en adelante lo que sigue son investigaciones. Yo no montaré mi desconfianza en el general Palomino sobre la base de especulaciones. Por el momento él tiene todo el respaldo del ministro de Defensa.

Semana: ¿Cree que hay una conspiración contra él?


L.C.V.: Puede ser, esa es una de las líneas de investigación que he ordenado. Es posible que esto tenga más que ver con la lucha por el poder que con la lucha por la verdad.

Semana: ¿Quiénes lo quieren tumbar?


L.C.V.: En los meses que llevo como ministro no he visto que al general Palomino le tiemble la mano para tomar medidas en casos de corrupción. Ha sido muy duro, y es posible que haya una reacción a eso. Por el momento tenemos un director de la Policía que tiene el respaldo del gobierno, con unas investigaciones que siguen su curso.

Camino a la paz

Semana: ¿Cuál es el plan de seguridad para el posconflicto?


L.C.V.: Tenemos que tener victorias tempranas. El día siguiente a la firma debe significar para una familia en La Julia, Meta, un cambio tangible. Esa familia tiene que decir, hoy amaneció distinto porque las Farc están en cese al fuego bilateral y definitivo, y la justicia apareció en una primera expresión. Un agente del Estado tiene que llegar allí a decir de quién es esa gallina, no le pegue a su mujer, no puede tener ese revólver y el alambrado de su finca va por allá. La fuerza pública va a estar allá como garante para esa familia, ya no para pelear.

Semana: ¿Habrá Policía Rural?

L.C.V.:
No tenemos por el momento necesidad de cambios institucionales. Creemos que la fuerza puede adaptarse a esa realidad de posconflicto, si llega. Sin la amenaza armada de las Farc, la Policía tiene la capacidad de prestar ese servicio de seguridad.

Semana: El general Mejía, comandante del Ejército, dijo que sí habrá cambio de doctrina.

L.C.V.: Sí, pero eso no quiere decir que vamos a cambiar el Ejército. Lo que quiere decir es que, primero, tenemos una tecnología que no nos hemos sentado a pensar cómo se usa; y segundo, que necesitamos un Ejército adaptado al posconflicto. Estoy de acuerdo con el general Mejía en que en 30 años tendremos un Ejército más tecnológico y menos abundante. Pero no vamos a repetir el error de Centroamérica, donde desmantelaron Ejército, Policía y organismos de investigación, y hoy tenemos que cooperar con esa región para luchar contra el crimen. Eso no puede pasar en Colombia. Aquí firmado el acuerdo, tiene que haber una fuerza pública muy poderosa.

Semana: Sin embargo, hay mucha incertidumbre y miedo en ciertos sectores de las Fuerzas Armadas...

L.C.V.: La discusión reciente sobre justicia ha unificado mucho a las fuerzas. El acuerdo sobre la jurisdicción especial de paz tiene el apoyo de la Policía y de las Fuerzas Militares. Hace dos Semanas, el presidente Santos expuso el acuerdo de justicia y recibió una ovación de los almirantes y generales. El reto es hacer que esos principios de justicia se traduzcan en una legislación acorde con ellos. Lo que quieren las fuerzas es seguridad jurídica, no impunidad. Por eso vamos a estar pendientes de todos los parágrafos e incisos que se discutan en el Congreso.

Semana: Pero persisten las campañas internas contra el proceso de paz…

L.C.V.: Por ahí ha habido unos audios de supuestas posiciones mías para reducir el presupuesto, pero todo el mundo sabe que este es uno de los únicos ministerios que tuvo un aumento del 4 por ciento a pesar del mal momento de las finanzas públicas. Entre los oficiales en retiro ha habido comentarios también. Pero del ruido que oí cuando llegué, al clima de hoy, veo más coherencia, y unas fuerzas más dispuestas al apoyo. Imagínense en que estuviéramos hoy si esta casa se opusiera al acuerdo que se logró en justicia.

Semana: ¿O sea que las Fuerzas Militares están alineadas con el proceso de paz?

L.C.V.: Con el acuerdo de justicia, sin duda. Con el proceso de paz, falta el último kilómetro. Nos faltan temas complejos como el cese del fuego. Las fuerzas están con un proceso de paz que sea sostenible.

Semana: ¿Sigue siendo Venezuela un santuario para la guerrilla colombiana?


L.C.V.: Me limito a repetir lo que un muy ilustre oficial dijo: todos sabemos la respuesta.

Semana: ¿Ya se suspendieron las fumigaciones con glifosato?


L.C.V.:
Se suspendieron desde el 1 de octubre, cuando ya se había cumplido el 87 por ciento de la meta del año en aspersión. En adelante vamos a hacer esfuerzos de erradicación manual con y sin glifosato, como se hace en la agricultura o las señoras en sus jardines.

Semana: Usted que estuvo de negociador desde el comienzo en los diálogos de La Habana. ¿Cree que esta vez se llegará a un acuerdo?


L.C.V.: Solo tenemos pendiente el último kilómetro. Hay un acuerdo en justicia, las víctimas se han puesto en el centro, hay un plan para lo rural, unas reformas políticas pactadas, y disposición de hablar de un cese al fuego definitivo. Eso hace tres años era un insulto en la Mesa de Conversaciones. Creo que el Estado recibió un mandato el 25 de octubre. La gente dijo: vamos a buscar una Colombia equilibrada, sin los extremos. Y eso le da mucha fortaleza a las conversaciones. No me cabe duda de que esta vez llegaremos a un acuerdo que le permita a Colombia disfrutar de las oportunidades que le brinda el siglo XXI.

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