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| 6/29/2016 4:01:00 PM

“Ellos se creen los dueños del mundo”

El párroco del municipio de Buriticá, Jorge Mario Restrepo Castaño, habla sobre el padre Hernán Darío Ortiz y el problema minero en Buriticá, Antioquia.

Terminaba el 2013 y Buriticá, el pueblo que el sacerdote Jorge Mario Restrepo Castaño pastorea para la Iglesia Católica, era un revoltijo de mineros, mercurio, palas, pólvora y socavones. Apareció entonces Hernán Darío Ortiz López, un hombre que se le presentó como sacerdote anglicano y quien tres años después sería uno de los defensores de la causa minera.
 
En esta entrevista para Semana.com, el cura Castaño Restrepo habla de los problemas que la minería le ha traído a un pueblo “de cuatro casas y media” y de su relación con Ortiz López.

Semana.com.: ¿Cómo conoció al sacerdote Hernán Darío Ortiz López?

Jorge Mario Restrepo Castaño: Primero quiero decir que él es sacerdote anglicano. La Iglesia Anglicana pura es la de Inglaterra, pero hay una división que se llama Católica Anglicana, que responden a un Diócesis de la Nueva Granada, y en Colombia el obispo vive en Pereira. Ellos se creen dueños del mundo entero, adonde llegan se ponen a botar corriente, sin nombramiento ni nada de eso. El cura apareció aquí hace como tres años y él mismo se declaro líder de la misión social en Buriticá, aunque nadie lo nombró para eso. El obispo católico de Antioquia ni siquiera sabía, yo ni siquiera sabía que eso existía.

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Semana.com.: ¿Cómo fue la relación de Ortiz López con el pueblo?

J. M. R.: Él llegó aquí con cierta autoridad. Un día fue y regañó a la rectora del colegio porque iba a desescolarizar a los muchachos por dejar meter a la Policía aquí. Él habla con una propiedad enorme, como si fuera nacido y criado aquí. Hay quienes dicen que es socio de una mina que se llama El Hebrón, con una muchacha que se llama Soraya Jaramillo. Habla más que un perdido cuando aparece, si él ve una cámara se atraviesa para que la cámara lo coja.

Semana.com.: ¿Trabajaron juntos?

J. M. R.: El empezó a meterse en la parte social. Un día me regaló unos mercados para darles a las familias pobres, pero en ninguna manera es una sociedad de curas. Ya después aparece este problema y me dijo que iba a organizar una marcha para la retoma de Buriticá, el asunto es que este es un pueblo de cuatro casas y media y él organizó un bochinche enorme con una gente que no es de Buriticá; los trajo en una marcha desde Santa Fe de Antioquia, llegó y peleó con la Policía en Pinguro.

Antes de esa marcha me llamó y me dijo: “Vamos a reorganizar la retoma de Buriticá”, yo le dije “A mí qué me importa, yo no tengo nada que ver con eso, a mí no me gustan esos boleos, yo ya soy un cura de 32 años de ordenado, yo no me meto en eso”. Y después él apareció en un audio diciendo que había confirmado mi presencia; él creía que yo iba aparecer con 100 personas a recibirlo allá como si fuera Bolívar después del Páramo de Pisba. Él vino, armó un bochinche gigantesco, vomitó todo el odio que tiene contra las instituciones desde el atrio, pero yo ese día no le salí al encuentro ni quise hablar con él. Él vino dizque con el obispo, yo no quise hablarle porque un obispo no debe prestarse para semejante bochinche tan horrible.

Semana.com.: ¿Estudiaron en el mismo seminario?

J. M. R.: No, yo a él no lo conocía y somos de seminarios diferentes. Él desde el comienzo me dijo que era cura, pero la revista SEMANA publica que es cura desde noviembre, no más. Pero aquí todos creían que él era cura, así fue que se autoproclamó líder de todo lo que había aquí.

Semana.com.: ¿Causó mucha confusión la llegada de un cura anglicano al pueblo?

J. M. R.: En términos generales la Iglesia Católica tiene grandes interrogantes con la Iglesia Anglicana. Están ordenando mujeres, hay unos que son abiertamente homosexuales y viven su relación siendo curas. Y lo otro es la palidez de las ordenaciones de estos muchachos. Además, una cosa muy interesante es que la persona conecte el cerebro antes de hablar y me da la impresión de que este tiene un corto.

Hay un tipo que es un cura retirado que se llama Medardo, a él le dio por llamarlo a un hotel en Pinguro, y allá hacían la misa. Una vez vino el Vicario General con la mujer y los hijos, pero la gente vio eso muy raro. Eso creó una confusión enorme porque la gente se preguntaba cuál era el padre de Buriticá amigo de la minería ilegal, y muchos creían que era yo. Después de eso el Obispo de Antioquia publicó un documento en el que decía cuáles eran los curas para este municipio. Eso salió en el Santafereño. Hay quienes dicen que este muchacho era objeto de amenazas por deudas y robos y cosas malucas en Santa Fe de Antioquia.

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