Martes, 24 de enero de 2017

| 2016/09/22 23:18

La paz se le atraviesa a Mauricio Cárdenas

El ministro de Hacienda tendrá que esperar hasta después del plebiscito para que el Congreso atienda sus asuntos: aumentar el impuesto a los licores y la reforma tributaria.

Mauricio Cárdenas Santamaría, ministro de Hacienda. Foto: Daniel Reina Romero / SEMANA

Así como el presidente y los demás miembros del gabinete, Mauricio Cárdenas Santamaría lleva en la solapa de su vestido el prendedor de la paloma de la paz. No solo por ser una instrucción presidencial, ni porque deba apoyar la principal política del gobierno al que pertenece. Lo hace por convicción. Pero es probable que cada vez que vea la paloma, le recuerde lo difícil que le está resultando su trabajo en medio de la campaña política por el plebiscito.

Cárdenas ocupa la silla más impopular de las 16 del gabinete. Es el ministro de Hacienda. Y así como en el exterior recibe homenajes y reconocimientos por su trabajo, en el país muchos ciudadanos lo ven como el portador de las peores noticias: las que tocan el bolsillo de los colombianos.

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La imagen desfavorable que suele acompañar al encargado de manejar la plata, la conocen, por ejemplo, el presidente Juan Manuel Santos durante el gobierno de Andrés Pastrana. O aquel Rudolff Hommes del gobierno de César Gaviria que parecía un villano de las tiras cómicas que pedía amarrarse el cinturón para enfrentar la inflación. Eso sin contar que en diciembre son los menos populares por cuenta de la definición del salario mínimo.

A las puertas del posconflicto, el presidente Santos le encomendó a Cárdenas una misión tan necesaria como antipática. Las arcas necesitan más recursos, y le pidió conseguirlos. La formula, tan impopular como la misión: más impuestos.

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Ya se llevó los chiflidos de medio país con la venta de Isagen, y ahora tiene entre manos una reforma tributaria, que el ministro califica de “estructural”, y sobre la que se han tenido temores, como que se subirá el impuesto IVA, que se grabaría con este tributo elementos de la llamada canasta familiar. Cierto o no, no es el momento de la reforma.

En la campaña del 2010, el entonces candidato Juan Manuel Santos dijo que grabaría en piedra el compromiso de que no aumentaría un impuesto. Las necesidades del país hace rato que lo llevaron a rectificar. Pero hacerlo en medio de la campaña del plebiscito era un alto riesgo para el gobierno, pues podría ser un insumo para los promotores del No.

Cárdenas, además, lleva dos meses padeciendo con un proyecto para aumentar el impuesto a bebidas alcohólicas. Las últimas dos semanas ha ido al Senado, al último debate, pero ha comprobado como los senadores han encontrado cualquier pretexto para no discutirlo. Y es que tampoco es un proyecto fácil.

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Los gobernadores, muy claves para el plebiscito, han manifestado la preocupación de que con el nuevo impuesto a los licores, igualaría el precio de las bebidas nacionales que las importadas, y conociendo a los colombianos, escogerían lo extranjero si el precio es igual. Además, dice que las industrias licoreras departamentales, quedarían en quiebra.

El ministro Cárdenas controvierte la afirmación. Explica que el proyecto gravaría un impuesto de 25% sobre el valor de la botella, actualmente solo existe el impuesto a los grados de alcohol. Por eso, dice, una botella de champagne de alta gama, pagaba menos impuestos que media botella de aguardiente. “Eso no puede ser, Tenemos que buscar es un sistema tributario que al vino y al licor de mayor valor le corresponda pagar mayores impuestos, que en el camino se traducen en más recursos para la salud”.

Sobre este proyecto, Cárdenas dice que reafirma el monopolio de los departamentos y sobretodo que protege al aguardiente como una bebida insignia y emblemática. Eso para despejar la preocupación de los gobernadores, a quienes el gobierno ha consentido en la presente campaña.

Nada pudo hacer el ministro de Hacienda para convencer al Senado de dar último debate. Cárdenas no tendrá otra que esperar al 3 de octubre. Después del plebiscito, ya podrá salir a sacar la mano para buscar nuevos recurso por la vía de impuestos. Probablemente el sacrificio sea el precio de la paz para el ministro de Hacienda.

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