Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2003/03/07 00:00

"Mis enemigos no me dejan retirar"

Humberto de la Calle habló con SEMANA sobre el referendo, Serpa, el samperismo y los columnistas que le dan 'palo'.

SEMANA: ¿Cómo le fue de embajador en la OEA?

Humberto de la Calle: Se hizo un trabajo estupendo. Presidí las deliberaciones que condujeron a la aprobación de la Carta Democrática, que hoy es el instrumento central en la política hemisférica. También dirigí el tema del lavado de activos dentro del Comité Interamericano contra el Terrorismo. Se aprobó la Convención contra el Terrorismo hace unos meses en Barbados, documento de especial importancia para Colombia. Se ratificó la Convención para la Cooperación en Materia Penal. Nos metimos a fondo en derechos humanos, aplicación de la Convención contra la Corrupción, eliminación de minas antipersonales. La sesión de despedida en el Consejo Permanente fue muy emocionante. Recibí un gran reconocimiento encabezado por Roger Noriega, ascendido hoy al cargo de secretario de Estado adjunto de Estados Unidos. Me sentí como en el 91 durante el acto de clausura de la Constituyente. Pero dejemos la cosa quieta para no caer en el excesivo autobombo.

SEMANA: ¿La OEA sí sirve para algo o es, como dicen algunos críticos, un instrumento de Estados Unidos para manejar la política del hemisferio?

H. de la C.: Esa es la visión del pasado cuando los norteamericanos mangoneaban el gorilato latinoamericano. Ahora vemos modificaciones sustanciales. La presencia de Canadá, que es uno de los grandes. Los 14 votos del Caribe, que funcionan como un relojito y no siempre a favor de los norteamericanos. Brasil cada vez más independiente. Un México más integrado con Estados Unidos pero tan soberano como nunca. La verdad es que yo veo a Estados Unidos obligado a negociar de verdad.

SEMANA: ¿Cómo ven en el gobierno de Estados Unidos al presidente Uribe y su política de seguridad democrática?

H. de la C.: Muy bien, sobre todo en los sectores que toman hoy las decisiones. Cada vez son más pocos los que siguen viendo a la guerrilla como manifestación de una insurrección legítima contra una pequeña plutocracia viciosa.

SEMANA: ¿Qué opina que Serpa haya aceptado la embajada luego de haber sido el jefe de la oposición?

H. de la C.: En el plano humano entiendo su decisión. Serpa es un mariscal de campo que ganó las batallas ajenas y perdió las propias. Ha pagado un alto precio. Es un general que tiene derecho a salir de su laberinto. Me recuerda una película en que el comandante, entristecido, recorre el campo de batalla humeante. Hay una belleza trémula en esto, como si se tratara de un cuadro pintado por El Greco. Pero en lo político le va a ser difícil explicar a sus seguidores cómo se hace para ser solidario en el frente externo y distante en el interno. Ese, sin embargo, es un problema suyo en el que no me meto.

SEMANA: ¿Cree que Serpa puede llegar a ser presidente de Colombia?

H. de la C.: Sí.

SEMANA: ¿Qué papel va a desempeñar en la promoción del referendo que quiere hacer el gobierno?

H. de la C.: Voy a ponerme al frente de la organización de la sociedad civil a favor del referendo. Universitarios, ONG, líderes comunitarios. La idea es acudir a todos los foros a discutir su contenido en un ambiente de respeto por las ideas ajenas. La cabeza del referendo es el Presidente. Pero el gobierno no puede copar todo el espacio. Por definición, el referendo debe ser una convocatoria abierta, inclusiva, en la que todos vamos a caber. De paso, me parece que el gobierno tiene todo el derecho a hacer campaña. Sería un contrasentido que pudiera presentar el proyecto, defenderlo en el Congreso y luego tuviera que enmudecer.

SEMANA: ¿Qué es lo bueno, lo malo y lo feo del referendo?

H. de la C.: Lo bueno es su núcleo central: nuevos instrumentos de lucha contra la corrupción, una política más coherente, partidos más institucionales y mejor organizados, austeridad fiscal y fuerte apoyo a la educación mediante el reordenamiento de las regalías. Lo malo es que su complejidad y su extensión van a dificultar el voto. Lo feo sería que la abstención le cerrara el camino a la participación democrática.

SEMANA: ¿Por qué hay que votar que sí?

H. de la C.: Porque aunque el referendo no es una revolución, es un paso adelante en el desarrollo político. Al oído de Juan Lozano, quisiera decirle que no se desanime.

SEMANA: Usted ha dicho que el Estado no debe financiar a los abstencionistas, ¿por qué?

H. de la C.: He dicho que por razones jurídicas veo difícil sacar dinero de la Registraduría para pagar "los votos" de los abstencionistas. Pero eso no quiere decir que no haya que darles garantías. Todo lo contrario. No me imagino un espacio institucional en el que estén ausentes la CUT, Garzón y Navarro. Propongo que el gobierno haga un acuerdo para poner en práctica unas reglas de juego que garanticen los derechos de todos. Si el referendo huele a mordaza será un referendo muerto.

SEMANA: ¿Pero no cree que hay un derecho legítimo a no votar?

H. de la C.: Es una opción legítima. Lo que pasa es que es una salida muy pobre aunque explicable como táctica electoral. El mundo está un poco al revés. Posada Carbó, a quien siempre le ha espantado la democracia participativa, a favor del referendo. En cambio, Navarro en contra.

SEMANA: ¿Qué opina de que ciertos columnistas samperistas le sigan cobrando semanalmente su deslealtad con Samper cuando renunció a ser su vicepresidente?

H. de la C.: Yo sabía que al romper con Samper muchos de sus seguidores iban a confundir un acto mío de afirmación de principios con la deslealtad. La lealtad es primero con los principios que con las personas. Por otro lado, no fueron pocos (embajadores, ministros, altos funcionarios) los que obraron como yo. Al revés, fueron muchos los colombianos que se sintieron traicionados por quienes entraron en negociaciones con la mafia y por los que eludieron la responsabilidad política que de ese hecho debió derivarse. A los que tomaron partido por Samper, a esos los respeto. Pero la reiteración monotemática de la monserga de la deslealtad por parte de algunos periodistas es harina de otro costal. Corresponde a un problema sicológico. Para ellos, atacar a De la Calle es una manera de reconciliarse con su conciencia. En verdad lo que atacan es su propio sentimiento inconsciente de culpa. Hay que dejar que terminen de elaborar el duelo, esperar a que finalice esta forma de terapia. Ese día entenderán mejor lo que ocurrió.

SEMANA: ¿Para usted qué es el samperismo?

H. de la C.: El samperismo recogió la posición socialdemócrata dentro del liberalismo. Eso tuvo su vigencia. El primer año de Samper fue bueno y es claro que ni Perry ni Ocampo hicieron tonterías. Pero se atravesó la crisis de la financiación de la campaña. Nadie puede predecir si históricamente llegará a superarla.

SEMANA: ¿Y el gavirismo?

H. de la C.: Allí se dieron cita los que creían que al país había que modernizarlo, mejorar la política, abrir la democracia por fuera y más allá de la vieja maquinaria liberal. A Gaviria le pasó algo muy raro: la verdadera oposición a su gobierno apareció cuando ya él se había ido. Lamento que Gaviria haya disuelto el gavirismo aunque entiendo que haya preferido apostarle a su papel de ex presidente. Creo que debió haber continuado. El mensaje sigue vivo.

SEMANA: ¿Y el pastranismo?

H. de la C.: Una combinación de proceso de paz y política exterior logró por fin poner en cintura la diplomacia de la guerrilla. Por paradoja, el proceso de mejoramiento de las Fuerzas Armadas, que es patente, sólo pudo lograrse porque Pastrana se empeñó en defender el proceso de paz. El legado histórico de Pastrana está a salvo.

SEMANA: ¿Va a seguir en la política?

H. de la C.: Contra lo que la gente cree, son los enemigos los que no lo dejan retirar a uno... No los amigos.

SEMANA: ¿Cree que es posible una unión del Partido Liberal después de tantos intentos fallidos?

H. de la C.: Pero siempre y cuando se logre un marco de entendimiento en el plano ideológico. A diferencia de lo que pasaba hace algunos años, la cuestión ideológica es un tema serio. El partido perdió su identidad en la disputa sobre el modelo económico. Juan Manuel Santos anda en el cuento de una 'tercera vía' pero tiene el problema de que todavía es demasiado notorio un sello que dice "Hecho en Gran Bretaña". Habrá que ver si hay una tercera vía a la colombiana.

SEMANA: ¿Ve una nueva generación de políticos que puedan tomar las riendas del país?

H. de la C.: Para empezar, Uribe ya implica una cierta ruptura. Hay una generación en la puerta del horno. Lo que no se sabe es si algún sobresalto la deje por fuera del premio mayor, como ocurrió con Durán Dussán, Jorge Mario Eastman...

SEMANA: ¿Quiénes?

H. de la C.: Sobran los nombres. Pero como dice al proverbio gallego en relación con las brujas, 'que las hay, las hay'.

SEMANA: ¿Cuál es la gran moraleja que le ha dejado su paso por la política colombiana?

H. de la C.: Un consejo a un político joven: no hay que dejarse engañar por las unanimidades. La política se juega en cancha pantanosa. Si quieres ser enterrado con tu uniforme lustroso y bien planchado, dedícate mejor a la poesía.

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