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| 8/28/2013 12:00:00 AM

“Mis hombres me robaron 1.506 kilos de coca”

La increíble historia de Silver, un jefe de las FARC, que producía millones de pesos gracias al narcotráfico.

Virgilio Antonio Vidal, alias Silver, el comandante del frente 57 de las FARC que murió hace pocos días en un bombardeo de las autoridades, era un hombre de mano dura a pesar de su carácter bonachón. Por eso mismo, por su mente no pasaba la toma del poder ni las negociaciones con el Gobierno en La Habana, en cambio estaba obsesionado con hallar entre sus subalternos al responsable que tuvo la osadía de robarle tonelada y media de coca: “Mis hombres me robaron 1.506 kilos de coca”, escribió de su puño y letra.
 
El reporte aparece diáfano y subrayado en su diario personal en el cual él anotaba sus victorias y, también, como en este caso su jornada más amarga. El “tumbado” no es nuevo en la historia de las FARC. Durante las negociaciones de paz del Caguán también trascendió la fuga de Ermides Buitrago, alias de ‘Julián Cabir’, comandante de la columna móvil Teófilo Forero quien salió del área desmilitarizada en un carro por la vía que de San Vicente (Caquetá) conduce a Neiva (Huila). Se marchó con una bella muchacha de 17 años, Bibiana Bonilla, estudiante del colegio Dante Alighieri, y tres millones de dólares (7.600 millones de pesos) producto de los secuestros y extorsiones de las FARC en el municipio epicentro del despeje.
 
En este caso, sin embargo, la fortuna amasada por Silver era por el cultivo, procesamiento y venta de coca: narcotráfico puro. A través de este negocio, Silver edificó una leyenda y se ganó peso a peso una reputación que poco difiere de la de cualquier capo.

Por eso, cuando en la madrugada del pasado domingo 25 de agosto se produjo su muerte, para las FARC fue una noticia equivalente a un colapso financiero.

Silver era el comandante del frente 57 que instaló su santuario en las selvas que se extienden entre el Chocó y el Urabá antioqueño. Tenía un prontuario criminal extenso en el que figuran algunas de las páginas más tristes de la historia del país como la masacre de Bojayá.

En efecto, él era uno de los comandantes de la guerrilla de aquel ataque del 2 de mayo del 2002, en el que murieron 119 civiles entre ellos muchos niños. Su fortaleza no era la lucha contra los paramilitares como ocurrió en Bojayá sino el de irrigar de dinero a los bloques de las FARC del norte del país.

Silver llevaba 27 años en la organización y cayó en una vereda cerca de San Pedro de Urabá a la que había llegado el sábado en la noche y donde instaló un campamento con 20 de sus hombres. Es probable que no supiera que todos sus movimientos estaban siendo cuidadosamente monitoreados por un grupo especial de la Dirección de Inteligencia de la Policía.

Cuando los uniformados tuvieron la certeza de su identidad entregaron las coordenadas a la Fuerza Aérea cuyos pilotos realizaron un milimétrico bombardeo en las profundidades de la selva. A las 9:00 de la mañana del domingo 30 comandos de la policía descendieron hasta el lugar y encontraron el cuerpo de Silver y otros tres guerrilleros y 19 fusiles.

Inspeccionaron el destruido campamento y hallaron varios computadores, memorias digitales y documentos de Silver. Esa información ha empezado a ser procesada y contiene muchos secretos de las actividades y las finanzas de uno de los frentes en el cual el grueso pasaba por el narcotráfico. En los dispositivos encontraron centenares de fotografías que mostraron la metamorfosis por él vivida. De un hombre delgado y rasgos finos se convirtió en una figura corpulenta, de rostro ovalado.

Entre las imágenes se le ve rodeado en especial de mujeres, licor –casi siempre whisky importado- y joyas. Y allí, entre esta Caja de Pandora que muestra su vida está el denominado ‘informe de cartera finanzas’ de enero a agosto de 2013.

A lo largo de diez páginas se detalla todos los ingresos y operaciones del narcotráfico que le generó su incalculable fortuna. Silver anotó en ese documento que para 2013 ese frente se propuso recaudar 2.500 millones de pesos en actividades en todo el Chocó y el Urabá hasta la frontera con Panamá.

En la recolecta derivada del narcotráfico logró hacerse a 2.561 millones de pesos. Es decir, en los ochos meses de 2013 ya había cumplido la meta de recaudo del impuesto a los narcotraficantes de la zona.

También reportó en ese documento ingresos “de los narcos que no cumplen con el pago de los impuestos”. Por ese concepto recibió otros 2.200 millones de pesos.

Pero allí está ese dato que nunca lo volvió a dejar dormir tranquilo: “Mis hombres me robaron 1.506 kilos de coca”. Silver anotó en sus cuentas que en ese frente alguno de los guerrilleros bajo su mando desertaron llevándose consigo decenas de kilos de coca y dinero. Reportó que sus propios guerrilleros le habían robado la tonelada y media más 75 millones de pesos en efectivo. Como él los conocía bien y sabía quién podría comprarles la droga, guardaba la certeza de que algún día los encontraría.
 
Como un bálsamo ante semejante percance, escribió que su frente invirtió en material de guerra 758 millones y aportó a otros frentes cerca de 1.263 millones de pesos.

Además de los gastos para la manutención de sus hombres Silver asegura que invirtió 30 millones de pesos en compra de “información vital” para poderse mover por el Chocó y Antioquia (los investigadores indagan a dónde fueron a parar esos pagos). También movió dineros en bienes raíces en un ejercicio por lavar la plata obtenida.

Así, por ejemplo, adquirió maquinaria pesada por un costo cercano a los 700 millones de pesos para la extracción de oro y platino. Silver era un visionario de los negocios ilegales y dejó entrever en sus documentos que la nueva fuente para obtener dinero estaba en la minería. También escribió que adquirió tres fincas en Mutatá por 177 millones de pesos y reportó haber hecho sociedad con los campesinos para la comercialización de plátano. Y ya, como un gasto de caja menor, compró una camioneta que servía como caleta para el trasiego de dinero y coca por un valor de 65 millones de pesos.

Su caída es una debacle económica para las FARC. Pues además del dinero de narcotráfico, él solía decía que había que pescar peces gordos. Fue el responsable de la custodia durante el cautiverio del cubano-americano Juan Padrón quien fue secuestrado en Panamá y ‘vendido’ a las FARC por dos  millones de dólares, dinero que él se encargó de multiplicar con su cautiverio.

De 1,70 de estatura, fusil M-16, cadena de oro marcada con su alias como amuleto, Silver era un duro para levantar billete. A eso se dedicaba y por eso, dicen, no volvió a dormir tranquilo cuando descubrió que sus propios muchachos lo traicionaron: “Mis hombres me robaron 1.506 kilos de coca”.
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