Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2004/05/09 00:00

Miseria heroica

A pesar de ser el lugar preferido para los reinados, los congresos, el turismo y las cumbres, Cartagena es una de las ciudades más pobres del país.

En Cartagena hay dos ciudades. Una, turística e imponente. Otra, en la que cerca de la mitad de la población sobrevive con menos de un dólar diario.

Rosa, una desplazada que vive con cuatro hermanos y su hijo de seis meses en un cuarto de retazos de cartón y lona en el barrio Nelson Mandela de Cartagena, estira diariamente 2.000 pesos que invierte en un kilo de menudencias, unas papas y 100 pesos de tomate. "Con eso preparo un desayuno-almuerzo", cuenta. Como Rosa, miles de cartageneros sobreviven en una ciudad que tiene dos caras. Una VIP, casi toda amurallada, en la que cada turista deja en promedio 120 dólares diarios. Otra miserable, en la que tres de cada cuatro personas son pobres. Con lo que cuesta una noche en uno de los hoteles más prestigiosos de Cartagena, cualquiera de los 500.000 pobres de la ciudad viviría por seis meses. Pero lo aterrador no son los precios de los hoteles, normales para los estándares internacionales, sino la rapidez con que ha crecido la miseria en la capital turística del país. Según un reciente informe de la Corporación Viva la Ciudadanía y la Alcaldía de Cartagena, en los últimos cinco años la pobreza pasó de 61 a 75 por ciento, y la indigencia creció de 29 a 45 por ciento. Hoy, casi la mitad de los cartageneros vive con menos de 1.000 pesos diarios, lo cual la convierte en la ciudad más pobre de las cinco principales capitales de Colombia (ver recuadros). Mientras en ciudades como Bogotá, Medellín y Cali, menos de una quinta parte de la población tiene sus necesidades básicas insatisfechas, en Cartagena una de cada tres personas no tiene agua potable, alcantarillado o vive en condiciones de hacinamiento crítico. Según Planeación Nacional, el 15 por ciento de los cartageneros no tienen acueducto y una tercera parte, alcantarillado. Esto, sumado a que el 30 por ciento de las comunas más pobres no cuentan con el servicio de recolección de basuras, explica por qué entre las principales dolencias de los menores de 15 años están enfermedades como la parasitosis y la diarrea aguda. No importa que Cartagena sea uno de los puertos más grandes del país, tenga una importante zona industrial o cuente con los mayores ingresos por turismo. La tradicional politiquería y la falta de atención a los problemas de miseria han llevado a que los ingresos de la ciudad se queden en pocas manos y a que el hambre sea la quinta causa de muerte infantil entre los habitantes de las comunas más pobres. En algunos barrios, como Olaya o el Ponzón, los cartageneros se las ingenian con dos mil pesos para comer al menos una vez al día. "A la papa se le quitan las partes dañadas y se venden a 300 pesos el kilo, es el rebusque de segunda", afirma Giovanni Julio, un vendedor del mercado popular de Bazurto. En el barrio Nelson Mandela, donde el padre Rafael Castillo lidera un programa de nutrición infantil con el apoyo de la Arquidiócesis de Cartagena y el Programa Mundial de Alimentos, el hambre también es el principal problema entre los niños. "Casi 5.000 niños que viven en esta zona sufren desnutrición porque la mayoría de sus padres no tienen un trabajo para sostenerlos". Pero el hambre no es el único problema que hace de los menores de edad la población más vulnerable. Uno de cada tres niños está en la calle y no va a la escuela. Aunque el turismo hace que el desempleo en la ciudad sea más bajo que en el resto del país, más de 250.000 personas trabajan en el sector informal como vendedores ambulantes o conductores de bicitaxis, por ejemplo. Según el último informe del Observatorio del Caribe, la realidad de estos trabajadores se ha agravado por el desplazamiento. En 2003 se duplicó el número de familias desplazadas en el departamento de Bolívar, al pasar de 12.219 a 24.286. De ellas, el 40 por ciento se quedó en Cartagena. En educación, a pesar de que las transferencias de recursos de la Nación han aumentado año a año, la calidad aún deja mucho que desear. Además, y aunque la cobertura educativa alcanzó el 90 por ciento, más de la mitad de los niños que no están estudiando no han podido matricularse por problemas económicos. Por este mismo motivo, sólo el 17 por ciento de los jóvenes cartageneros pueden ir a la universidad. Falta de gobierno Buena parte de los proyectos que han liderado los gobiernos de Cartagena y las organizaciones no gubernamentales o son de baja cobertura, o tienen un carácter asistencialista o definitivamente están desarticulados del trabajo que realizan instituciones nacionales como la Red de Solidaridad Social o el Instituto de Bienestar Familiar. Las administraciones de la ciudad no sólo han fallado en la labor de articular esfuerzos, sino que tampoco han sido eficientes en el desarrollo de políticas contra el subempleo, la falta de educación, de servicios básicos y la pobreza. El descuido de la gestión pública se hizo aún más evidente en los últimos años. Mientras en 2001 Cartagena ocupaba el puesto 45 en el desempeño fiscal de todos los municipios del país, en 2002 descendió al lugar 192. Esto significa que el Distrito desmejoró su capacidad de recaudar impuestos y aumentó los gastos de funcionamiento en desmedro de la inversión. A la politiquería se suma una falta total de planificación urbana. Miles de carros parqueados en los andenes, plazas y calles en mal estado y playas inundadas de aguas negras hacen que se desperdicie el potencial turístico de la ciudad. Por estas razones, muchos habitantes de barrios tradicionales como San Diego y Getsemaní han vendido sus casas o las han dejado al abandono, lo que afecta el sentido de pertenencia de la ciudad patrimonio de la humanidad. Los retos para el nuevo alcalde, Alberto Barbosa, no son pocos. Como él mismo lo reconoce, hay un problema de viabilidad de la ciudad debido a que "en Cartagena la gente se acostumbró a que lo privado prima sobre lo público". Por eso, uno de los pilares de su programa es la cultura ciudadana. Cartagena no es sólo el centro histórico y el centro de convenciones. Es también la otra ciudad que no muestran las postales y que no se vende en los planes turísticos. Aquella Heroica donde viven más de 500.000 personas que, como Rosa, hacen parte de los cinturones de miseria que aprietan cada vez más la ciudad amurallada.

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