Lunes, 20 de febrero de 2017

| 2000/01/10 00:00

MISION CUMPLIDA

Toma fuerza la versión de que Víctor G. Ricardo dejaría el cargo de Alto Comisionado para la <BR>Paz y sería el nuevo embajador en México.

MISION CUMPLIDA

Se dice que los ministros están en sus cargos para quemarse. Lo mismo ocurre con el resto
de los altos funcionarios del Estado. En parte están allí para que el fuego no llegue nunca al Presidente,
hacen las veces de fusible, ponen en marcha la política presidencial, dejan que el jefe del Estado se lleve los
aplausos de las cosas buenas y ellos asumen todos los costos políticos.
En ese sentido Víctor G. Ricardo es el perfecto funcionario. Con anterioridad a la posesión del presidente
Andrés Pastrana, él ha asumido el papel de generador de confianza entre las partes_Pastrana y Marulanda
primero y, luego, negociadores de parte y parte_. En el transcurso del tiempo el Alto Comisionado para la
Paz ha servido de pararrayos de la política de paz. Quien está en desacuerdo con esa política ataca al
Alto Comisionado. Las quejas de los altos mandos militares sobre este proceso terminan centradas en
problemas de comunicación con Víctor G. Todo 'reversazo' en materia de paz se achaca al ex embajador
Ricardo y no al Presidente. Y, por último, todos y cada uno de sus éxitos lo han sido del presidente
Pastrana.
No obstante hasta los perfectos pararrayos caen en política. La lista de enfrentamientos entre las
Fuerzas Militares y Víctor G. es interminable. Pero en los últimos tiempos se ha hecho insoportable. Si a ello
se le suman las graves amenazas que ha recibido el negociador principal del gobierno, la decisión de
enviarlo en calidad de embajador a un país como México, importante en todo caso para el proceso de paz
tanto con las Farc como con el ELN, se ha convertido en una decisión inaplazable.
El talón de Aquiles que ha enfrentado Víctor G. desde que se posesionó como Alto Comisionado para la Paz
ha sido su incomunicación con los militares. No son pocos los desacuerdos y los enfrentamientos que ha
habido entre la cúpula militar y el alto funcionario. A tal punto ha llegado la situación que hoy los militares
rechazan de plano a Víctor G. como su interlocutor en el proceso. Y, frente a esta situación, cada vez que
se presenta un impasse con la zona de distensión los mandos militares tratan el tema directamente con el
Presidente.
No menos de una docena de roces se han presentado entre la cúpula militar y el Alto Comisionado. Desde el
mismo día de su posesión, el 9 de agosto de 1998, comenzó el rosario de enfrentamientos. Quizás el más
grave de ellos tuvo que ver con el desalojo de los soldados del Batallón Cazadores para que las Farc
inspeccionaran la base militar. En ese momento el entonces ministro de Defensa, Rodrigo Lloreda, fue enfático
en afirmar que "el señor Comisionado no ha sabido transmitir bien los mensajes. Los soldados no pueden
salir del batallón por cuestión de dignidad". Cuando los soldados tuvieron que salir del batallón para la
inspección de la guerrilla el comandante del Ejército se vino lanza en ristre contra Víctor G. El general Jorge
Enrique Mora señaló en ese momento: "Es una puñalada al honor del Ejército".
A partir de entonces las relaciones fueron cada vez más escabrosas. Y el punto más álgido se vivió cuando
Rodrigo Lloreda renunció a su cargo porque no quiso retirar una carta que le envió al Presidente y en la
cual hacía una fuerte crítica a la forma como se estaba manejando el proceso por parte del Alto
Comisionado. El desenlace de esa renuncia ha sido quizás el momento más critico que ha vivido el gobierno
de Andrés Pastrana. El 'lloredazo', como se conoció a esa crisis, por poco termina en una desbandada por
parte de la alta oficialidad, que puso su carta de renuncia sobre la mesa en respaldo a Lloreda.
Superada la crisis de esa renuncia se pensó que el río volvía a su cauce, pero la tormenta no amainó y las
relaciones entre los militares y Víctor G. llegaron a un punto de no retorno. "Para las Fuerzas Armadas
Víctor G. perdió toda su credibilidad. Los temas de carácter reservado en relación con la zona de
distensión ni siquiera se analizan con él. Esos temas pasaron a ser estudiados única y exclusivamente con
el Ministro de Defensa o en su defecto con el Presidente de la República", señaló a SEMANA un alto
oficial que pidió reserva de su nombre.
Pero una eventual salida de Víctor G. Ricardo puede convertirse en la evidencia de que el problema no
estaba en las sábanas. Es decir, existe una buena probabilidad de que al salir Víctor G. de su cargo se
ponga en evidencia que las diferencias que tenían los sectores militares frente al proceso no eran de forma
sino de fondo. O sea que el problema no son las personas sino la política o la manera como esa política se
ha puesto en marcha. Lo cual lleva a pensar que el sucesor de Víctor G. deberá hacer, también, las veces de
pararrayos sin tener la notable experiencia que ha demostrado en esa materia el Alto Comisionado. nEl Alto
Comisionado para la Paz ha servido de pararrayos de la política de paz

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