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| 4/8/2017 10:30:00 PM

El disidente asesino

Esta es la increíble historia de la captura de el Mocho, el primer disidente de las Farc, que se hizo célebre por sus negocios de narcotráfico, matanzas y bacanales con prepagos.

El objetivo de los dos helicópteros Black Hawk artillados estaba a solo 6 minutos de vuelo. En cada aeronave viajaban 12 hombres del grupo de operaciones tácticas de la Dirección de Policía Judicial e Interpol (Dijín) y de la Brigada contra el Narcotráfico del Ejército. A las 2 de la tarde del sábado 29 de marzo se disponían a desarrollar la etapa final de una investigación que comenzaron a mediados del año anterior los grupos de homicidios y antiterrorismo (Grate) de esa Dirección. El objetivo: capturar a uno de los delincuentes más peligrosos del Pacífico.

Sin embargo, al comienzo las cosas no salieron como habían planeado. Cuando los Black Hawk estaban sobre la casa, camuflada en medio de la selva a unos 20 kilómetros de Tumaco, una lluvia de balas disparadas desde diferentes lugares de la manigua empezó a impactarlos. Los artilleros comenzaron a repeler el ataque con las ametralladoras calibre 0.50 mientras otros dos helicópteros HU-60, que volaban varios metros encima como escoltas, se lanzaron en picada para sumarse a la contraofensiva. En medio del cruce de disparos, que se prolongó por varios minutos, los comandos lograron lanzarse por sogas para caer a la selva.

Ya en tierra, apoyados por tropas del Ejército, lograron repeler a cerca de 20 agresores. Cuando los uniformados pudieron entrar a la vivienda a buscar a su objetivo, no lo encontraron. En el sitio quedaron municiones, armas, material de intendencia y mucho licor importado, y todo parecía indicar que la misión había fallado. Pero no todo estaba perdido.

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Un avión plataforma de inteligencia, que apoyaba las acciones, detectó que el hombre al que buscaban había escapado en una lancha rápida y había partido por mar abierto rumbo a uno de los barrios costeros de Tumaco. La Dirección de la Dijín reorientó la persecución y ordenó continuar. Tenían una ventaja. Durante el segundo semestre del año pasado varios agentes encubiertos del grupo antiterrorista se desplegaron en Tumaco bajo diferentes fachadas para recolectar información y acercarse al hombre y su organización. Uno de esos policías infiltrados logró establecer que el prófugo estaba escondido en una casa cerca de uno de los puentes de ese municipio. En la madrugada del domingo salió una nueva operación. Decenas de comandos y oficiales de la Dijín rodearon el sitio y finalmente lo arrestaron. ¿Pero quién era este hombre que mereció semejante operativo y despliegue policial?

El niche panda

Se llama Segundo Camacho. Conocido con el alias del Mocho se había convertido en uno de los delincuentes más buscados del país, y tenía una millonaria recompensa sobre su cabeza. No era para menos. El año pasado en ese puerto de Nariño 300 hombres que afirmaron ser milicianos de la columna Daniel Aldana de las Farc, que actuaba en ese departamento, se declararon en disidencia y optaron por no acogerse al proceso de paz. Se dividieron en dos grupos. Al frente de uno de ellos, con 150 integrantes armados con fusiles, quedó el Mocho. Por meses esas dos disidencias se enfrentaron a bala por el control de negocios de narcotráfico y extorsiones. Hace 2 semanas 117 integrantes de la facción rival del Mocho se entregaron y desmovilizaron ante el Ejército.

El Mocho había ingresado a las Farc en abril de 2009, primero como colaborador y luego como miliciano de la columna Daniel Aldana, donde alcanzó a ser uno de los jefes de finanzas y liderar a los guerrilleros urbanos de media docena de barrios de Tumaco. El año pasado, cuando el proceso de paz ya entraba en su recta final, el Mocho optó por no seguir las líneas trazadas por los comandantes de las Farc. Ya como disidente, y con más de un centenar de hombres armados, entró de lleno a las grandes ligas del crimen y el narcotráfico.

Creó un grupo al que denominó Gente del Orden y con sus lugartenientes desató por medio de panfletos una oleada de extorsiones que cobraba a sangre y en gran parte del puerto. En agosto sus hombres le lanzaron una granada a un taxi que viajaba con dos pasajeros porque el dueño del vehículo no había pagado a tiempo. Dos personas murieron. En diciembre hizo lo mismo en un concurrido bar del centro del municipio, con saldo de dos muertos y varios heridos. Para ese momento la Dijín ya venía tras él.

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En junio los tumaqueños se escandalizaron cuando en unos manglares aparecieron los cuerpos torturados y con tiros de gracia de 3 niñas de 13, 14 y 16 años. Sus asesinos los dejaron allí para que todo el pueblo los viera. Un grupo de homicidios de la Dijín viajó desde Bogotá para investigar el caso. Descubrieron que el Mocho había ordenado a su hermano asesinar a las adolescentes como represalia, ya que tenían sospechas de que ellas habían tomado una suma de dinero en una fiesta con varios capos del narcotráfico a la cual el disidente las había invitado.

El Mocho y su centenar de disidentes rápidamente entraron también en una fase de ‘traquetización’. Consolidaron alianzas con narcos para facilitar envíos de cargamentos de droga por Tumaco y sus alrededores. Igualmente exportaron cocaína en negocios con carteles mexicanos. Incluso al propio Mocho la Policía le incautó una caleta donde escondía 500 kilos de droga lista para ser enviada al exterior. Narcos de otras zonas del país los buscaron para que sirvieran de oficina de cobro de deudas. Según el ‘cliente’, el Mocho y sus hombres cambiaban de nombre. Pasaban de llamarse Gente del Orden a dejar panfletos tras cometer asesinatos con seudónimos como Caballeros del Norte del Valle, entre otros.

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Los investigadores se sorprendieron al descubrir que incluso implantaron una especie de moda mafiosa ampliamente conocida en el puerto tumaqueño llamada los ‘niche pandas’ o el ‘pandismo’. “Básicamente consistía en que los integrantes de esa disidencia y quienes les ayudaban, incluyendo niños, se vestían de la misma forma. Usaban tenis, chanclas y pantalonetas de reconocidas marcas de ropa y lucían gruesas cadenas y anillos de oro. Bacanales con prepagos y el derroche de millones de pesos en fiestas y lujos son otras de las características”, contó a SEMANA uno de los investigadores. “Al igual que con los narcocorridos mexicanos, compusieron canciones y realizaron videos a ritmo de rap que contaban las ‘hazañas’ de envíos de droga de los tales ‘niche pandas’”, explicó el oficial.

Todo lo anterior terminó por desatar una oleada de violencia mafiosa en Tumaco. Esto explica justamente el despliegue policial de la semana pasada para capturar a este hombre, cuya solicitud de extradición evalúan las autoridades de Estados Unidos. “Todas las disidencias son una prioridad institucional para la Dijín, la Fiscalía y la Policía”, afirmó el director de esa unidad de Policía, el general Jorge Luis Vargas. Esa operación marcó el fin del primer disidente de las Farc.

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