Domingo, 22 de enero de 2017

| 2015/08/11 17:46

El arte de cambiar una ciudad, según Mockus

El exalcalde publicó una alentadora columna en el 'New York Times' en la que hace un recuento de los logros que tuvo durante de sus dos alcaldías.

El New York Times en español publicó la columna titulada 'El arte de cambiar una ciudad' este martes 11 de agosto. Foto: Archivo SEMANA / Juan Carlos Sierra.

Antanas Mockus sin duda marcó una era. Su estilo y sus propuestas fueron auténticas y dejaron huella.

Mockus no es el político tradicional, por el contrario, se ha encargado de distanciarse de la forma clásica de hacer política. Los mimos, ‘la vida es sagrada’, los impuestos voluntarios y el ahorro de agua son conceptos y proyectos que perduran en el imaginario de los capitalinos, pero que en la práctica desaparecieron.

El 16 de julio pasado el exalcalde publicó una columna en el prestigioso diario The New York Times en la que hace un recuento de sus dos administraciones; recuerda los desafíos y los logros de aquellos años y ofrece una luz de esperanza para lo que le espera a la ciudad.

“El arte de la política es un asunto curioso. Combina, como ninguna otra profesión u ocupación, el razonamiento riguroso, las emociones sinceras y un lenguaje corporal extrovertido, con lo que algunas veces son interacciones estratégicas frías, lentas y planificadas. Se trata de liderar, pero no de dirigir: Lo que la gente más disfruta es cuando escribes en el pizarrón la arriesgada primera mitad de una oración y reconoces la libertad que tienen de escribir la otra mitad”, se leen en el texto.

La columna llega en un momento crucial para la capital: cuando los candidatos están presentando cientos de propuestas para recuperar el rumbo de Bogotá en las elecciones de octubre.

A continuación reproducimos un fragmento del texto traducido por el New York Times este 11 de agosto:

Entre 1995 y 2003 serví dos periodos como alcalde de Bogotá. Al igual que muchas otras ciudades del mundo, la capital de Colombia tenía un gran número de problemas por arreglar y poca gente pensaba que tenían remedio.

Como profesor de filosofía, tenía poca paciencia con la sabiduría popular. Cuando fui amenazado por las FARC, como otros cientos de alcaldes colombianos, decidí usar un chaleco antibalas. Pero el mío tenía un hueco cortado en forma de corazón sobre el pecho. Usé ese símbolo de confianza, o desafío, durante nueve meses.

Esto es lo que aprendí: La gente responde al humor y a la gracia de los políticos. Es la herramienta más poderosa que tenemos para el cambio.

El tráfico de Bogotá era caótico y peligroso cuando asumí como alcalde. Decidimos que la ciudad necesitaba un nuevo y radical enfoque para la seguridad vehicular. Entre varias estrategias, imprimimos y distribuimos cientos de miles de “tarjetas ciudadanas”, que tenían la imagen de un pulgar hacia arriba en una de sus caras para felicitar a los conductores amables y la otra cara con el pulgar hacia abajo para expresar desaprobación. En una década, las muertes causadas por accidentes de tránsito disminuyeron en más de la mitad.

Otra iniciativa fue reemplazar a los oficiales de tránsito corruptos con mimos en una pequeña zona de la ciudad. La idea era que en lugar de policías que cobraban multas y se las embolsillaban, los artistas serían “policías” y vigilarían el comportamiento de los conductores comunicándose a través de mímica: fingiendo, por ejemplo, que estaban heridos u ofendidos cuando un vehículo ignoraba el derecho del peatón de pasar en un cruce. ¿Este sistema, que se reducía a señalar aprobación o desaprobación públicamente, podría verdaderamente funcionar?
(…)”

Para continuar leyendo el texto ingrese aquí. Y para leer la columna original en inglés, aquí.

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