Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2006/07/29 00:00

Monólogos de la vagina

La confesión de Virginia Vallejo conmociona al país

Monólogos de la vagina

Virginia Vallejo siempre fue la niña fea y la primera de su clase en el Colegio Anglo Colombiano. Además de inteligente era una lectora insaciable y lo que más sorprendía era su memoria fotográfica. Con los años se convirtió en una mujer extraordinariamente bella, con un afán de protagonismo permanente que la llevó a triunfar en el mundo de la televisión y la farándula.

Todas estas características salieron a flote en el video bomba que ella grabó y que RCN divulgó la semana pasada. Sin libreto, hilvanando de manera coherente conceptos y frases, habló sin interrupción durante una hora frente a una cámara de televisión en un encuentro organizado por una amiga documentalista, el periodista Gonzalo Guillén y la familia Galán.

El grueso de su intervención tenía por objeto demostrar que Alberto Santofimio sí había sido el factor determinante en el asesinato de Luis Carlos Galán. Según ella, entre 12 y 17 veces le oyó decir que Galán era el único obstáculo que les quedaba a él y a Pablo Escobar para llegar al poder en Colombia. "Si lo eligen, te extradita al otro día. Si lo eliminas, el país se arrodillará ante ti", es el tipo de frase que ella puso en boca del ex ministro tolimense.

Además de las denuncias contra éste, hubo una revelación insinuada sobre la toma del Palacio de Justicia. Dijo que había sido ideada por el M-19, pero que Escobar la había "capitalizado", palabra que ha dado pie a muchas interpretaciones, y que, sin duda alguna, será explicada en alguna instancia judicial.

De resto, la intervención fue un enjuiciamiento dramático y emocional contra la clase dirigente colombiana por su permisividad frente al narcotráfico. Fue un testimonio bastante teatral, pero no parecía actuado. Virginia dio la impresión de que creía y sentía cada palabra que decía. En algunos momentos se le aguaron los ojos, como cuando puntualizó que Galán tuvo la suerte de haber muerto antes de ver la destrucción moral del país. También dejó entrever un resentimiento contra la sociedad, los medios de comunicación y los pesos pesados de la política.

La catarsis de Virginia Vallejo conmocionó al país. En Estados Unidos no tuvo el mismo efecto. Aparentemente, después de escucharla durante dos días, las autoridades norteamericanas la descartaron como testigo clave para cualquier juicio pendiente. Los gringos no están interesados en la historia de la corrupción política de los años 80, sino en información concreta que les permita condenar narcotraficantes presos o capturar los que están libres.

En Colombia, la dramática confesión tuvo una gran credibilidad. Todas las encuestas sobre el particular demostraron que alrededor del 80 por ciento de los que habían visto el video creían en su contenido. Lo que ella dijo, por lo general, corresponde con percepciones que tiene de tiempo atrás la opinión pública.

El mayor damnificado del testimonio de Virginia Vallejo fue, como era de esperarse, Alberto Santofimio. Para la opinión pública quedó claro que era mucho más cercano a Escobar de lo que reconocía, así como que su obsesión por atajar a Galán era más fuerte de lo que se pensaba. Sin embargo, una cosa es la verdad periodística, y otra, la verdad judicial. Y, paradójicamente, el testimonio de la Vallejo tiene elementos que podrían favorecer a Santofimio. Ella afirma que la última vez que vio a Pablo Escobar fue a mediados de 1987 y que en ese momento había "una relación muy entrañable" entre Santofimio y el cartel de Cali. Ese cambio de bando dos años antes del asesinato de Galán va a ser utilizado por el abogado del ex ministro a favor de su cliente.

Igualmente, afirma que en esa misma ocasión le rogó a Escobar que no matara a Galán y que entrara en contacto con él para buscar alguna forma de negociar la paz. Al fin y al cabo, era seguro que Galán alcanzaría la Presidencia. Según el video, el capo le contestó: "Antes, muerto. Esto no tiene vuelta de hoja. Esto es una guerra y en las guerras hay muertos. Puede que lo lleguen a elegir Presidente, pero no se posesiona" .Esta frase, si la dijo, cuando Santofimio ya no estaría aliado con Escobar, dejaría la responsabilidad del asesinato sobre el capo. Además, agrega que en una conversación que sostuvo ella con Gilberto Rodríguez y Santofimio en ese mismo año, los dos "atacaron a Pablo" afirmando que estaba loco y que estaba matando a todo el mundo. De ser verdad todo lo que dice Virginia Vallejo, Santofimio instigó sin duda el crimen cinco años antes de que ocurriera, pero desde el 87 hasta el 89, cuando tuvo lugar, él y Escobar andaban por caminos diferentes, y este último tenía vuelo propio.

Otros aspectos de la confesión llaman la atención. Algunos datos son inexactos, como el cuento de que había un video de Evaristo Porras entregándole el millón de pesos a Rodrigo Lara. Ella afirma que como las imágenes eran borrosas, pues habían sido filmadas de noche, decidió no divulgarlo, por lo cual lo hizo Édgar Artunduaga. En realidad, nunca hubo un video sino un casete de sonido, que fue el que se dio a conocer. El episodio es importante, pues el escándalo que se le creó a Lara por el cheque de Porras lo llevó a una cruzada suicida contra Escobar, que acabó costándole la vida.

Y cuando se lee cuidadosamente el texto de su confesión, se pescan algunas afirmaciones que parecen contradictorias. Por ejemplo, afirma que conoció a Escobar en 1982 y que durante los primeros años de su romance, cuando recorrían juntos el país en giras políticas, estaba convencida de que él era un "benefactor" y un "filántropo". Sin embargo, ese es exactamente el mismo período en que participó entra las 12 y 17 conversaciones en las cuales, según ella, se discutía la conveniencia de eliminar a Galán. Este tipo de diálogos no parece encajar con el concepto universal de filántropo y benefactor.

Las anteriores inconsistencias son de detalle. Pero hay algunos desfases cronológicos más graves. Asegura que la última vez que se reunió con Pablo Escobar en 1987, le dijo que si mataba a Galán de nada le serviría ese crimen, pues "la casa López, con el cartel de Cali y Santofimio" ya estarían, según ella, montando la elección de Ernesto Samper a la Presidencia. Esta afirmación, además de servirle a la defensa de Santofimio, por reiterar que desde ese año estaba con los enemigos de Escobar, desafía la lógica. En el 87 faltaban siete años para que Ernesto Samper llegara a la Presidencia de la República. Faltaban casi tres años del gobierno de Barco y cuatro del de Gaviria. Alberto Santofimio era un político desprestigiado que había estado en la cárcel y nadie lo consideraba un factor determinante para impulsar la elección de un tercero. La financiación de la campaña de Ernesto Samper por parte del cartel de Cali no fue el producto de un plan maestro diseñado una década atrás, sino el resultado de unas circunstancias electorales de 1994. Nadie siete años antes podía predecir lo que eventualmente sucedió.

Y tal vez lo más extraño del monólogo de una hora fue la andanada contra el periódico El Tiempo y Ernesto Samper. Para la diva había una conspiración del establecimiento para que se acelerara el cierre del proceso Santofimio de manera que no se pusiera en peligro la embajada de Ernesto Samper en París. Esto lo asociaba ella con el supuesto tratamiento benévolo que el periódico le estaba dando a Santofimio, ante lo cual ella mostró su mayor grado de indignación. El raciocinio detrás de esta teoría es que el establecimiento temía que si la dejaban hablar, sus denuncias contra Samper habrian tumbado la embajada. Llegó a sugerir incluso que Alberto Santofimio manipuló a los periodistas del diario tal como lo había hecho con Escobar.

Asociar el cubrimiento periodístico del juicio con la embajada de París era demasiado no sólo para los Santos, sino también para Daniel Samper, hermano del ex presidente agraviado y a quien se le atribuye el editorial del día siguiente al video. En éste, el periódico se vino lanza en ristre contra la diva y RCN con términos como "justicia farandulera", "aventura comercial", "contradicciones e incoherencia" y "ausencia de periodismo serio y responsable".

En medio del entusiasmo nacional por el explosivo desahogo de la diva, el editorial de El Tiempo cayó como un baldado de agua fría. Aunque todo lo que contenía era irrefutable en términos judiciales, como el hecho de que Virginia descalificara a diestra y siniestra "sin aportar soportes a su testimonio", el escrito iba en contravía de la opinión pública que estaba con ella. En todo caso, aunque sin proponérselo, al que definitivamente sí favorecía el editorial era a Alberto Santofimio, pues desvirtuaba totalmente el testimonio de Virginia como prueba. Lo que es indudable es que el 'virginazo' no ha terminado y ya ha producido diversas ramificaciones. Para comenzar, el mundo se le vino encima a Santofimio. De un momento a otro, a las de Virginia se sumaron múltiples declaraciones en su contra. El ex presidente Gaviria manifestó que Galán le había dicho a él que tenía información de un complot con la participación de Santofimio para matarlo. Además, Darío Arizmendi entrevistó a un médico llamado Augusto Leyva Samper, coordinador del Nuevo Liberalismo en Tolima, quien reveló que apenas se enteró de un "macabro plan" liderado por Santofimio para asesinar al caudillo, lo alertó para que pidiera protección al gobierno de Virgilio Barco. Algo parecido declaró un concejal del Nuevo Liberalismo de esa época de nombre Antonio Melo Salazar. Como si esto fuera poco, prácticamente todas las personalidades entrevistadas, incluido el ex fiscal Alfonso Valdivieso, hablaron de la conveniencia de que el testimonio hiciera parte del proceso. Y el procurador Edgardo Maya, que en un principio criticó el testimonio de Vallejo, recogió un poco las velas y soltó el globo de la posibilidad de declarar nulo el proceso.

El caso de Santofimio, por todo lo anterior, se encuentra en una situación que no tiene precedentes. Es muy posible que el ex ministro sea culpable, pero es irrefutable que el veredicto de la opinión ha sido el de condenarlo por fuera de los cauces judiciales. El ambiente en su contra está tan cargado, que podría haberse perdido la posibilidad de llevar a cabo un proceso imparcial. El juez que tiene que fallar es probablemente el más presionado en la historia contemporánea de Colombia.

Curiosamente, el debate acerca de si el testimonio tardío de Virginia Vallejo debe ser incluido o no en el proceso, es irrelevante en la práctica. En otros países como Estados Unidos, los jurados tienen que encerrarse en hoteles durante semanas sin acceso a televisión, prensa o teléfono. Este aislamiento obligatorio tiene por objeto evitar la contaminación de cualquier información por fuera del acervo probatorio. En otras palabras, si el juicio de Santofimio tuviera lugar en ese país, el jurado integrado por 12 personas no tendría forma de saber que hay un video de Virginia Vallejo y menos tener idea de la conmoción nacional que ha causado.

Aquí, por el contrario, el pobre juez no sólo lo vio, sino que todos los días y a toda hora está bombardeado por información condenatoria como reacción al mismo. Por lo tanto, aunque técnicamente no es parte del proceso, y el mismo juez haya asegurado que no incluiría el testimonio por extemporáneo, es sin duda alguna uno de los elementos que tendrá mayor peso en su decisión a la hora de fallar. Las frases de Virginia con cara de penitencia afirmando que "este hombre es un asesino", "lo único que le faltó fue apretar el gatillo" y "la absolución de Santofimio sería un segundo asesinato de Galán", están tan presentes en su mente como en las de los millones de colombianos que la vieron en televisión. Su problema es que sabe perfectamente que la opinión pública lo va a juzgar asumiendo que disponía de esos elementos de juicio, aunque estuvieran por fuera del proceso. Cuánto no daría el juez Jesús Antonio Lozano porque lo hubieran encerrado estas semanas en un hotel.

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