Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 2008/05/03 00:00

¡Moñona!

En menos de 48 horas la Policía desarticuló la organización de los 'Mellizos', uno de los imperios de narcotráfico más poderosos del país.

En sólo tres días la Policía acabó con los ‘Mellizos ’una de las organizaciones más poderosas del narcotráfico. El martes fue abatido Víctor Manuel Mejía y el viernes fue capturado su hermano Miguel Ángel

"Aquí hay unos narcotraficantes, los 'Mellizos' Mejía Múnera, haciendo daño en este departamento (Magdalena), en Cesar, en La Guajira, en Santander. Por favor, hay que derrotarlos. ¡Qué buena noticia le daríamos al país poniendo presos a los narcotraficantes Mejía Múnera, que tanto daño hacen!". Estas palabras fueron pronunciadas por el presidente Álvaro Uribe el pasado 5 de abril en Ciénaga, Magdalena, durante un consejo comunal. Tres semanas después, sus órdenes fueron cumplidas. Víctor Manuel Mejía Múnera, alias 'Pablo Arauca', murió en un enfrentamiento con la Policía en zona rural del municipio de Tarazá, Antioquia, y su hermano Miguel Ángel fue capturado cerca de Honda, Tolima, por la Dirección de Investigación Criminal (Dijín). Sin duda se trata del golpe más rápido en muchos años contra una organización de narcotraficantes.

La operación que terminó con la muerte y la captura de los 'Mellizos' fue una estrategia diseñada por el director de la Policía, general Óscar Naranjo, quien ordenó conformar un grupo especial liderado por el coronel César Pinzón, director de la Dijín. Desde hacía varios meses, miembros del Grupo de Operaciones Especiales (Goes) habían emprendido una ofensiva sin precedentes. Por lo menos en cinco oportunidades estuvieron muy cerca de capturar a Víctor Manuel. En diciembre pasado se escapó en un corregimiento del departamento de Magdalena y buscó refugio entre Cesar y Norte de Santander. Luego el capo logró 'contaminar' a un oficial de la Policía de Cesar y en una carretera del municipio del Copey emprendió la fuga en una camioneta al percatarse de la presencia de los hombres de la Dijín.

La ofensiva de la Policía no fue sólo contra los dos hermanos Mejía Múnera, también estuvo dirigida a desmantelar su organización. Tan sólo entre enero y abril de este año fueron arrestados más de 100 de sus hombres en la Costa Atlántica. Esta estructura mafiosa de los dos capos, conocida como 'Los Nevados', estaba integrada por paramilitares y bandas asociadas a los carteles de la droga del norte del Valle y Urabá. Habían sembrado el terror en la costa norte, controlaban las rutas del narcotráfico y desencadenaron violentas vendettas en la zona.

La 'cacería' obligó a los 'Mellizos' a desplazarse y buscar refugio en el Magdalena Medio. Pero no contaban los capos con que las lealtades en el mundo de la mafia ya no existen. Varios de sus hombres capturados decidieron cooperar con los investigadores de la Dijín. Uno de ellos les dio las coordenadas en donde se refugiaba Víctor. Se trataba de un corregimiento cerca de Tarazá, Antioquia. Les explicó que el capo se movía permanentemente entre tres sencillas casas a las que se tenía acceso sólo por trochas. También les dijo que acostumbraba levantarse entre las 2 y los 3 de la mañana y se internaba en zonas boscosas en donde dormía en hamacas o cambuches para evitar ser sorprendido al amanecer. Con esta información los uniformados decidieron redefinir su estrategia.

Optaron por enviar sólo un grupo de 10 hombres del Goes que descendieron de un helicóptero a 11 kilómetros del corregimiento. Para evitar ser detectados por los anillos de informantes del capo, los policías se movieron de noche y por las dificultades del terreno tardaron seis días en llegar hasta el sitio donde estaba el narcotraficante. Durante varias horas observaron los movimientos de tres hombres alrededor de una sencilla finca. Sólo a las 5:30 de la tarde vieron llegar a Víctor montado a lomo de mula. Los hombres del Goes recibieron entonces la orden del coronel Pinzón de entrar a la finca, pero fueron recibidos a bala. Los dos francotiradores del grupo dieron de baja a los tres escoltas y al capo.

La noticia de la muerte del más sanguinario de los Mejía Múnera aún acaparaba los titulares de la prensa nacional e internacional cuando, sorpresivamente la Policía dio un nuevo golpe. No habían transcurrido 72 horas cuando fue capturado Miguel Ángel, el otro mellizo. Mientras el cadáver de su hermano Víctor era velado, él intentaba cruzar el Magdalena Medio camuflado en una caleta dentro de la cabina de una tractomula. La información de quienes estaban cooperando con la Dijín era precisa: entregaron las características del vehículo, la hora y la ruta por la que se desplazaría. Los datos eran exactos. Gracias a esto la Policía siguió durante varias horas el camión que había salido desde Puerto Berrío y se dirigía hacia Honda, Tolima. A la una de la mañana del viernes pasado decidieron detener el vehículo. Los policías le ordenaron al conductor apagar el motor. Después de hora y media de registrar minuciosamente la tractomula no encontraban al capo. Sin embargo, los nervios del conductor y el flojo argumento que tenía que encender de nuevo el vehículo para evitar que se descargara la batería hizo elevar las sospechas de que Miguel Ángel estaba en alguna parte del camión. Frente a la presión de los uniformados, el conductor decidió colaborar y entregó el dispositivo con el que se abrió la puerta de una pequeña caleta. El capo estaba de pie. "Lo primero que hizo fue preguntar quién estaba al mando de la operación. Me le presenté y me dijo: 'usted ganó'. Un rato después de haberlo esposado, me dijo, 'coronel le voy a hacer un regalo', y me entregó una llave maestra que tenía para abrir esposas en caso de ser retenido", contó el coronel Pinzón. Al narcotraficante se le halló un arma automática que, según el ministro de Defensa, Juan Manuel Santos, es una sofisticada pistola de polímero hecha en Bélgica.

El Ministro dijo que el mellizo Mejía confirmó la muerte de Vicente Castaño y que había sido el ex jefe de las AUC quien los había convencido a él, a su hermano y a Éver Veloza, alias 'H.H.', de que se salieran del proceso de Justicia y Paz. "Ese proceso de Justicia y Paz no sirve para nada y fue la Iglesia la que nos metió en todo esto", le dijo el capo al canal RCN minutos antes de ser trasladado desde la base antinarcóticos de la Policía en Mariquita, Tolima, hacia Bogotá. Aún nadie sabe con certeza cuál será la suerte que le espera al capo. El gobierno afirma que será extraditado. Pero su abogado, Gustavo Salazar, dijo a SEMANA que "esa decisión no puede ser efectiva hasta tanto un juez de la República determine si Mejía Múnera goza aún de los beneficios de la Ley de Justicia y Paz".

Independientemente de la suerte que le espera, lo cierto es que las dos operaciones que terminaron con la muerte y la captura de los Mejía Múnera representan uno de los golpes más contundentes que se le han dado a la mafia en los últimos años. Al fin y al cabo, se trataba de una de las organizaciones más antiguas y poderosas del narcotráfico.
Una vida de crimen

Estos dos hermanos comenzaron muy jóvenes en el negocio de la droga. Empezaron como tripulantes de barcos mercantes que iban hacia Europa y Norteamérica. Pero de simples lancheros pasaron a ser los controladores de las rutas clave para el envío de cocaína hacia el Viejo Continente y Estados Unidos. Estos dos hombres, nacidos en Cali hace 48 años, lograron burlar a las autoridades y mantener un perfil muy bajo durante años. Y aunque una Corte del distrito sur de Florida los pidió en extradición en 2000, los nombres de los hermanos Mejía Múnera se empezaron a conocer mundialmente sólo un año más tarde, cuando la Dijín descubrió en el norte de Bogotá dos caletas con 35 millones de dólares de los 'Mellizos'. Fueron incluidos en las listas de los capos más buscados del mundo y se ofrecieron recompensas de cinco millones de dólares por cada uno de ellos.

A partir de ese momento, cuando los dos hermanos quedaron marcados como grandes capos, optaron por una estrategia para bajar la presión de las autoridades, burlar la justicia y hacerle el quite a la extradición. En 2003 le compraron por cinco millones de dólares a Vicente Castaño, entonces jefe de las AUC, la franquicia de un grupo de 400 hombres y conformaron un bloque paramilitar conocido como 'Vencedores de Arauca'.

Camuflados como jefes paras, los dos hermanos intentaron colarse en el proceso de paz y sentarse en la mesa de negociación en Santa Fe Ralito, Córdoba. El gobierno sólo reconoció a Víctor como jefe paramilitar, pero hábilmente los Mejía Múnera aprovecharon su condición de mellizos para entrar y salir libremente de la zona de concentración. Miguel Ángel, quien tenía orden de captura con fines de extradición, se hacía pasar por Víctor, y viceversa. Mientras uno permanecía en Ralito, el otro se ocupaba de los negocios del narcotráfico y de mantener activa la organización criminal. Durante el proceso de desmovilización ni los propios paramilitares sabían quién era quién. En 2005, cuando el gobierno ordenó el traslado de los jefes paras de Ralito a un centro especial de reclusión en La Ceja, Antioquia, los 'Mellizos' decidieron fugarse junto con Castaño.

Desde la clandestinidad los 'Mellizos' se fortalecieron más que nunca. Tenían claro que estratégicamente la Costa Atlántica era clave para el envío de droga hacia el exterior y aprovecharon el encierro de los jefes paras de esa zona y la desmovilización de los bloques de las AUC que allí actuaban, para ocupar esos territorios y quedarse con el control del negocio de la cocaína en el norte del país. Para lograrlo conformaron un verdadero ejército de lugartenientes de Rodrigo Tovar, alias 'Jorge 40', y Hernán Giraldo; hombres de Carlos Aguilar, alias 'Rogelio', jefe de la Oficina de Envigado, y miembros de la organización de Wílber Varela, alias 'Jabón'. Esa violenta organización, que fue bautizada como 'Los Nevados', sólo obedecía órdenes de los Mejía Múnera. Los homicidios se dispararon en Santa Marta y Barranquilla y, según las autoridades, tan solo en los últimos 17 meses sacaron 70 toneladas de cocaína hacia Europa y Estados Unidos.

Durante años los 'Mellizos' lograron burlarse del gobierno. Le declararon la guerra al Estado. Asesinaron investigadores del CTI. Movieron sus tentáculos en la Fiscalía, la Policía, el DAS y el Ejército. Y dominaron el negocio de la droga. Por eso, la muerte y captura de los dos jefes de esta organización es uno de los más grandes triunfos que el gobierno de Álvaro Uribe puede mostrarle al mundo.

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