Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2009/04/25 00:00

Monseñor Darío Castrillón se destapa

El colombiano más poderoso del Vaticano y uno de los cardenales más cercanos al Papa habló desde Roma de los secretos de su incidente con el obispo Williamson, de Benedicto XVI, de la reelección, el condón y otros temas humanos y divinos.

Monseñor Darío Castrillón

Asólo dos meses de cumplir 80 años y llegar a la edad para retirarse de su prolija y polémica labor en el Vaticano como prefecto emérito de la Congregación para el Clero y presidente de la Comisión Ecclesia Dei, Darío Castrillón Hoyos mantiene un ritmo pausado al hablar. Ni siquiera se altera cuando se le pregunta por la polémica de la que fue protagonista en el mundo. Aquella que se suscitó cuando condujo al Papa a retirarles la ex comunión a los obispos lefebvrianos ultraconservadores, lo que causó malestar en la Iglesia y el pueblo judío. Este escudero del papa Benedicto XVI habló desde Roma sobre lo divino y terrenal, incluida la reelección del presidente Álvaro Uribe.

Semana: ¿Qué opina de las declaraciones que dieron el cardenal Pedro Rubiano y monseñor Rubén Salazar de pedirles a los colombianos que reflexionen sobre la conveniencia para la democracia, para el país y para las instituciones de una reelección indefinida del presidente Uribe?

Monseñor Darío Castrillón Hoyos: No estoy al tanto. Yo vivo en Roma, y aunque frecuento Internet para ver las noticias de Colombia, es difícil sentir lo que se respira en el país, lo que sienten esos colombianos que viven donde hay un dominio de la guerrilla, y no se pueden movilizar. Cuando la gente mira los líderes colombianos y tiene la experiencia de cómo actuaron frente a eso, oigo voces muy afirmativas en relación con el presidente Uribe, y también voces contrarias por otros temas.

Semana: ¿Le preocupan los efectos que pueda tener una nueva reelección del Presidente en la institucionalidad y en el país?

M.D.C.: No me asusta en lo absoluto si es la voluntad mayoritaria y libre del pueblo colombiano.

Semana: El problema es que hoy no está permitida por la Constitución.

M.D.C.: Si el pueblo decide cambiarla, está perfecto.

Semana: ¿Pero eso lo debe votar el pueblo o lo deben decidir unos pocos en el Congreso de la República, como ocurrió en la primera reelección?

M.D.C.: Exactamente. Lo debe decidir el pueblo.

Semana: Precisamente los jerarcas de la Iglesia colombiana pidieron reflexionar sobre la conveniencia de un tercer mandato del presidente Uribe.

M.D.C.: Ellos están siguiendo el pensamiento de la Iglesia y estoy totalmente de acuerdo con eso.

Semana: ¿No le preocupa que sus declaraciones sean tomadas como una participación en política?

M.D.C.: El único punto de partida es Cristo, que dice: "Mi reino no es de este mundo". A mí me gusta deslindar totalmente la parte política, que es la conducción del mundo, de la sociedad; de lo religioso, y aplicar lo religioso a las actuaciones humanas de lo político. El Evangelio permite iluminar la vida de las personas y de la sociedad. Iluminar no es intervenir en política. En fin, que interpreten, que digan… Sólo me da miedo del juicio divino, al que cada vez le tengo más respeto que antes, porque me siento más cerquita del tribunal.

Semana: ¿En qué terminó el incidente entre el Vaticano y la comunidad judía mundial por quitarle la ex comunión a la Iglesia lefebvriana, en especial al obispo Richard Williamson?

M.D.C.: Este incidente se presentó por el conocimiento tardío de unas declaraciones dadas por el obispo Williamson sobre el reduccionismo del Holocausto, que ni el Santo Padre ni quienes estábamos en la negociación supimos. Hubo gente que manipuló los hechos. Este proceso comenzó en 2000. Yo hablaba sólo con el abate superior general, Bernard Fellay, y todo lo discutido, punto por punto, lo sabía el Santo Padre, el departamento de peritos, rectores y decanos de las cuatro principales universidades. Todo está en nuestras actas. El 21 de enero pasado llegamos a culminar la parte más difícil para comenzar los diálogos: el Sumo Pontifice permitió celebrar misa antigua si un grupo estable de fieles la pide. Y el segundo paso fue levantar la ex comunión de los obispos.

Semana: Pero dentro de ese grupo estaba el obispo Williamson, quien afirmó en una entrevista que las cámaras de gas no existieron y que no murieron seis millones de judíos en los campos de exterminio nazis sino entre 200.000 y 300.000.

M.D.C.: Hay que separar los problemas. Las declaraciones inaceptables que Williamson dio en 1989 no niegan el Holocausto, lo reducen en una forma inaceptable en el número de víctimas, y con eso ofendieron a la comunidad judía y a las personas y familiares que tuvieron que padecer esa atrocidad. Esas declaraciones no tienen que ver con la excomunión. A él no lo excomulgaron por desconocer, ya sea por ignorancia, por negación, por mala voluntad, ese hecho histórico contra el ser humano que la Iglesia ya juzgó como atroz, inmoral y lamentable. Y como lo dijo el Papa, fue un incidente imprevisible y lamentable.

Semana: Usted, que es la persona que más los conoce en el Vaticano, ¿no sabía de la posición de Williamson?

M.D.C.: Nadie las conocía. Sólo supe de ellas por la prensa el 5 de febrero, cuando ya se había firmado el decreto para levantar la excomunión. Ni el Santo Padre, que desde antes de ser elegido era miembro de mi Comisión y conocía perfectamente lo que estábamos haciendo, ni los otros miembros las habíamos escuchado. El problema son las interpretaciones dadas en el sentido de si quitar la ex comunión fue un acto antisemita, lo que no tiene nada que ver.

Semana: Pero eso fue lo que causó la polémica mundial.

M.D.C.: Ellos fueron excomulgados exclusivamente por haber sido ordenados sin permiso. Después de todas las consultas técnicas, teológicas y jurídicas, se llegó a lo que el Santo Padre, quien nosotros creemos tiene la luz del Espíritu Santo, quería. Pero todavía no se regulariza completamente la situación de los obispos lefebvrianos: ya no están excomulgados, pero no están regularizados.

Semana: ¿Por fortuna para usted, Williamson ya se retractó?

M.D.C.: Él se retracto, pero no es suficiente. No se trata de pedir perdón a las personas, ni a su comunidad ni a la Iglesia, sino de cambiar afirmaciones que no son aceptables ni por los hechos ni por una verdad irrefutable ni por la Iglesia. Dio una disculpa insuficiente.

Semana: Algunos dicen que usted fue usado como un fusible para mitigar el problema

M.D.C.: Eso no es cierto. No tengo nada que ver en un problema de un señor que niega un hecho histórico. Los diálogos con los lefebvrianos no han comenzado. Jesucristo nos dijo que fuéramos uno. Con el papa Juan Pablo II, y ahora con Benedicto, hemos tratado de buscar esa unión, de volver a tejer la túnica de la Iglesia unida con los que se separaron en razón de los cambios litúrgicos y las interpretaciones. Yo sigo con todo entusiasmo y en eso estamos, esperando esos diálogos.

Semana: ¿Quedaron afectadas sus relaciones con el Papa?

M.D.C.: Nunca estuvieron afectadas, nunca hubo problemas con el Santo Padre. Las dificultades fueron aclaradas de inmediato.

Semana: ¿Va a seguir en su cargo?

M.D.C.: Cuando nosotros cumplimos 80 años nos retiramos, no tenemos que renunciar. No nos sentimos obligados a volver.

Semana: ¿Cómo ve el papado de Benedicto XVI?

M.D.C.: Muy bien. Él tiene el privilegio de la claridad mental, de una sencillez y de una mansedumbre que no le impiden defender la verdad con toda la fuerza. Algunos medios lo presentaron como una persona dura, difícil, pero en cambio el mundo se ha encontrado con un hombre dulce y generoso.

Semana: Pero también lo han tildado de conservador.

M.D.C.: El Papa debe conservar la doctrina de Cristo, la fe, las buenas costumbres y el mapa del camino que va al cielo.

Semana: Así lo alejen de lo que quieren o piensa la mayoría, como el uso del condón.

M.D.C.: Él es el vicario del dueño de la verdad, que es Jesús. Sabemos que Jesús, hijo de Dios, nos ha revelado la vida del padre y que él tiene el señorío sobre la vida. Cuando la sociedad profundiza en eso y en la Ley Natural, entonces podrá entender por qué la Iglesia en estas materias tiene una posición muy clara.

Semana: ¿No ha sido difícil para el Papa reemplazar a una figura como Juan Pablo II?

M.D.C.: Él ahora tiene la luz para guiarnos, como lo ha hecho cada uno a su modo. Juan Pablo I lo hizo con su sonrisa y su paso fugaz. Juan Pablo II se entregó como lo conocimos, y el papa Benedicto XVI está entregado a la verdad. El regalo que nos ha hecho en su encíclica Spe Salvi, ahora se complementará con la que viene sobre el amor y la caridad como base de todo compromiso social de la Iglesia.

Semana: Cómo ve a la Iglesia hoy, ¿tan debilitada como muchos dicen?

M.D.C.: La veo sumamente dinámica. Hubo momentos de crisis por el cambio cultural, pero ahora se mueve dentro de las categorías de esta cultura, manteniendo la autenticidad del mensaje, expresando su palabra en claves culturales más entendibles para el hombre de hoy.

Semana: ¿Qué opina la Iglesia de la actual crisis económica?

M.D.C.: No quiero adelantarme a la nueva encíclica del Santo Padre. Puedo decir que el mundo está hecho para que los hombres puedan satisfacer sus necesidades, pero desde Santo Tomas sabemos lo que pasa cuando alguien quiera apropiarse para sí lo que debe ser para el servicio de todos.

Semana: ¿No se ve en el panorama una visita del Papa a Colombia?

M.D.C.: No está planteado, ni se lo he planteado, pero es posible que vaya a Colombia.

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