Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2016/02/20 00:00

“La violencia juvenil está cada día más crítica”: monseñor Héctor Fabio Henao

El director de Pastoral Social, habló con SEMANA sobre lo grave que es para el país que la criminalidad use a jóvenes y niños para cometer delitos.

Monseñor Héctor Fabio Henao. Foto: Carlos Julio Martínez

La Pastoral Social del episcopado colombiano presentó el estudio ‘Violencia juvenil en contextos urbanos’, en el que manifiesta su preocupación porque los niños y los jóvenes están participando con creciente frecuencia en delitos como robo, homicidio y microtráfico. Tradicionalmente, los estudios de la Pastoral han sido certeros en denunciar los problemas, pues la presencia de la Iglesia católica en todo el territorio nacional hace que sea una de las organizaciones que conoce con más detalle los fenómenos sociales del país.

SEMANA: ¿Cómo ve a la juventud en Colombia?

HÉCTOR FABIO HENAO: Nos preocupan mucho los sectores más vulnerables de la población juvenil en centros urbanos. Hay dos grandes problemas en este momento, muchos jóvenes y niños víctimas de la violencia y, por otra parte, otros que los nuevos grupos armados buscan como insumos para ampliar sus redes de microtráfico, obtener control territorial o establecer otras formas de criminalidad como robo, extorsión y asesinato.

SEMANA: Ustedes presentaron el estudio ‘Violencia juvenil en contextos urbanos’, ¿qué analizaron allí?

H.F.H.: Escogimos cinco tipos de ciudades. Unas con muy alto impacto de violencia y de relación entre grupos juveniles y bandas organizadas de crimen, como Cali y Medellín, otras con impacto medio como Bogotá y Cartagena, e Ibagué como la de menor impacto.

En las ciudades donde existe más violencia hay una articulación entre sectores del crimen organizado y pandillas juveniles, estas últimas definitivamente no son un fenómeno al margen. Otra preocupación es que ha bajado mucho la edad en que los niños entran en el mundo de la criminalidad. En ciudades como Ibagué aún hay oportunidad de tomar medidas de política pública, pero con un verdadero enfoque juvenil y de infancia, donde el joven y el niño sean los protagonistas.

SEMANA: ¿Cómo caen los niños y jóvenes en las redes de los grupos criminales?

H.F.H.: La violencia simbólica es uno de los problemas a los que hay que prestarle mayor atención. Está el acoso en el colegio, en el barrio y la estigmatización de los jóvenes que no se sienten atraídos por la droga y la violencia. Todas estas son expresiones permanentes de presión para doblegar a los jóvenes y obligarlos a cambiar su resistencia frente al crimen. Eso se suma a la capacidad aparente de las bandas de ofrecer un bienestar que la sociedad y la escuela no brindan.

SEMANA: Ustedes también manifestaban una gran preocupación por el aumento en el consumo de drogas.

H.F.H.: Hay una relación grande entre consumo de drogas y criminalidad, aunque esto no quiere decir que todo joven que consuma sea un potencial criminal. Sin embargo, encontramos que muchos de los niños y jóvenes consumidores carecen de oportunidades y aspiraciones y la familia en muchos casos no responde adecuadamente. Además, hay una tendencia social muy fuerte a buscar reconocimiento, el cual creen encontrar a través de la criminalidad.

SEMANA: La violencia juvenil parece estar en su máximo pico, ¿por qué?

H.F.H.: Colombia está en el tránsito de unas violencias históricas relacionadas con motivaciones políticas muy fuertes hacia nuevas violencias relacionadas con la forma como la sociedad se estructuró en cierto momento. Estamos frente a un fenómeno multidimensional donde la descomposición familiar también ha impactado muchísimo, pero donde, sobre todo, los escenarios de exclusión vuelven muy vulnerables a los niños y jóvenes.

SEMANA: Usted mencionó el microtráfico como uno de los delitos donde más se involucra a niños y jóvenes, ¿qué tanto los ha afectado?

H.F.H.: El microtráfico nos hace pensar en un tema superior, el de las dependencias. Muchos entran en el negocio porque primero consumieron y hay una tendencia cada vez más acentuada de niños que entran en la cadena de dependencia de sustancias psicoactivas para desarrollar sueños y aspiraciones. La sociedad no ha reflexionado sobre cuál es la mejor manera de responder a eso, y yo insisto en el diálogo con los educadores, la comunidad escolar y que la familia tenga un rol reconocido en el proceso de desarrollo del niño.

SEMANA: ¿Qué hacer con la vulnerabilidad de las escuelas y colegios en el mercado de las drogas?

H.F.H.: Hay que fortalecer el diálogo escuela-comunidad. Muchas veces si el tipo de colegio o escuela no está muy relacionado con el sector, como por ejemplo un megainstituto que recibe gente de otras partes, probablemente la identidad de los niños y de la comunidad con la institución sea menor. Se requiere más apropiación de la comunidad respecto al plantel educativo y más interacción de la institución con la comunidad que la rodea.

SEMANA: ¿Por qué tanto temor de que en el posconflicto los grupos guerrilleros migren a bacrim?

H.F.H.: Los cultivos ilícitos, la minería criminal, el tráfico de personas que cada vez crece más en el país hacen que haya unas rentas criminales muy importantes a las que algunos no piensan renunciar y eso no es neutro frente al tema de la infancia. Tristemente siempre se requerirán quiénes fortalezcan esas cadenas de delito.

SEMANA: Usted también manifestó preocupación por los niños en los fenómenos de desplazamiento forzado.

H.F.H.: Cuando llegan a la ciudad suelen enfrentarse a medios hostiles que los discriminan y estigmatizan, la gente piensa que son victimarios y no víctimas. Su camino para sobrevivir muchas veces está representado por actividades violentas y aislamiento social.

SEMANA: ¿Qué tanto influye la violencia intrafamiliar en los comportamientos violentos de niños y jóvenes?

H.F.H.: Mucho, aunque no siempre es violencia física sino humillaciones, malos tratos, subvaloraciones persistentes y descalificaciones dolorosas, ese conjunto hace que los niños no se sientan acogidos, no sientan que tienen una familia y busquen otra alternativa. La banda se convierte en una forma de familia para ellos, en otra posibilidad de reconocimiento, que al final se aprovecha de sus necesidades físicas y emocionales para ponerlos al servicio del crimen.

SEMANA: ¿Qué es lo que más lo impactó en este tema?

H.F.H.: Me impacta mucho la cifra de jóvenes procesados, que el año pasado rondó los 7.000. Eso hace pensar la magnitud del problema, pero en realidad muchos casos quedan ocultos. Me llaman también la atención los niveles de pobreza juvenil y las estadísticas de hambre en la infancia. Hay que construir un tejido que nos permita ver todas estas cosas en su conjunto.

SEMANA: ¿Cuáles serían los riesgos para el país si no se le presta atención al tema?

H.F.H.: El mayor riesgo es que la violencia juvenil que se desarrolla a niveles urbanos puede hacer que el país retroceda en los logros que ha tenido, tanto en la construcción y consecución de la paz, como en sus avances. Para tener estabilidad y que la paz sea duradera no se pueden olvidar la infancia y la juventud, sobre todo los sectores afectados con pobreza extrema o desnutrición.

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