Viernes, 20 de enero de 2017

| 1982/09/20 00:00

MONSEÑOR Y LA GOBERNADORA

Golpe publicitarlo para el gobierno y revés para la iglesia en incidente entre obispo y gobernadora de Caldas.

MONSEÑOR Y LA GOBERNADORA

"Conductores de ciegos que colais el mosquito y os tragáis el camello...."
San Mateo, sobre los fariseos, capítulo 23, versísulo 24.
Una historia similar se había visto hace pocos años. Fue en 1975 cuando la señora Dora Luz Campo de Botero (Ver ENTREVISTA) fue nombrada por el presidente López Michelsen gobernadora de Risaralda y el obispo de Pereira, monseñor Darío Castrillón, la vetó invocando su matrimonio civil. "El baculazo a la gobernadora" como fue conocido el incidente, tuvo al país en vilo durante cerca de dos semanas, hasta cuando la gobernadora, no obstante el apoyo del gobierno, decidió no posesionarse y renunció al cargo
El caso se repetiría la semana pasada con sorprendentes coincidencias. Beatriz Londoño, antes de Wills y desde hace 17 años de Castaño, había sido nombrada por el gobierno gobernadora del departamento de Caldas. El 18 de agosto, el obispo de Manizales, monseñor José de Jesús Pimiento, le hizo saber, a través del sacerdote Uribe García, que el congreso presbiterial no vería con buenos ojos que, dado su estado civil, aceptara la Gobernación.
Allí fue la tormenta. Si en 1975 hubo cierta neutralidad por parte de algunos sectores de la opinión pública ante la actitud de monseñor Castrillón, en esta ocasión la ola de indignación parecía ser unánime. La señora de Castaño, sin titubeos, manifestó inmediatamente que los nombramientos no los hacía la Curia sino el presidente y que, "yo tengo la suficiente entereza para mantenerme en misfunciones y, aunque respeto la posición del arzobispo, demando también respeto hacia mí y mi familia".
GOLPE PUBLICITARIO
El presidente Betancur, quien raras veces se equivoca en percibir por dónde soplan los vientos de la opinión pública, aprovechó la ocasión para apuntarse otro "hit" publicitario, respaldándola en forma inmediata y categórica. El viernes 20 de agosto, en un lacónico comunicado, invocando su falta de competencia para reprobar nombramientos hechos por el "poder temporal", el obispo recogía velas. Lo paradójico de todo esto es que esta actitud haya sido asumida por un presidente conservador, una de cuyas banderas electorales fue la oposición al divorcio. Hace unos meses afirmaba: "Yo no soy partidario del divorcio porque yo soy feminista"
El nombramiento de la gobernadora, sin embargo, no había sido la primera manifestación de inconsistencia con su posición electoral. Un cálculo aproximado de los separados y vueltos a casar que hay entre los nuevos ministros y directores de institutos descentralizados coloca la cifra alrededor de un 30%, probablemente el porcentaje más alto registrado hasta ahora en el país. El abanico incluye desde el ministro de Comunicaciones, quien reconoce tres matrimonios, hasta dos orgullosas madres solteras, que se han convertido en ídolos de amplios sectores feministas. Curiosamente, la integración del nuevo gobierno, en lo que se refiere a este aspecto, lejos de crearle dificultades al presidente, le había dado una imagen progresista bien recibida.
POSICION VULNERABLE
Si bien el balance de todo esto parece haber sido favorable para el gobierno, no sucedió lo mismo con la Iglesia. El hecho de haber señalado a una sola persona en un gobierno donde muchas otras, de responsabilidades más altas, estaban en la misma situación, era de por sí una posición vulnerable. Si a esto se le agrega que tenía el sabor de una discriminación por razones de sexo, la imagen era aun más antipática. Y por último, si se tiene en cuenta que los dos episodios de esta naturaleza que se han presentado, han tenido lugar entre obispos del Viejo Caldas y gobernadores de esa región, el incidente adquiere dimensiones caricaturescas.
Tampoco fue afortunada la elección del blanco de la Iglesia, pues doña Beatriz de Castaño no resultó ser propiamente anónima ni política ni personalmente. Además de ser hija del patriarca de la región, don Crótatas Londoño y prima hermana de uno de los hombres fuertes del régimen, Augusto Ramírez Ocampo, era también la única liberal belisarista a quien se le había ofrecido una gobernación.
El desenlace de la tempestad en un vaso de agua que generó el nombramiento de la gobernadora de Caldas, muestra que ha habido una evolución en la sociedad colombiana en materia de aceptación de los matrimonios civiles. Una ilustración de esto es el hecho de que en este período se aprobó la ley del divorcio para los matrimonios civiles y cada vez más se aceptan demandas de nulidad para los matrimonios. En esto, Colombia simplemente se está asemejando a países que han sufrido transformaciones similares. No hay sino que tener en cuenta que hace medio siglo Eduardo VIII sacrificó el trono de Inglaterra por el amor de una divociada y que, 25 años más tarde, en los Estados Unidos, la derrota de Adlai Stevenson en unas elecciones presidenciales se le atribuía el no haber congeniado con su cónyuge. Hoy todo eso ha cambiado en el mundo y es apenas natural que también esté cambiando en Colombia.
DORA LUZ HABLA
Dora Luz Campo de Botero, quien fue objeto en 1975 de una polémica nacional con motivo del veto a su nombramiento como gobernadora de Risaralda por el obispo de Pereira, dió para SEMANA sus opiniones sobre la situación similar que se le ha presentado hoy a la gobernadora de Caldas. En su momento, la señora Campo Botero por iniciativa personal, declinó el nombramiento.
Semana: ¿Cuál es su opinión ante el veto de las jerarquías eclesiásticas al nombramiento de la gobernadora de Caldas?
Dora Luz Campo de Botero: Me sorprendió volver a ver una situación de esa naturaleza, porque yo creí que ya el país las había superado. Creí que la Iglesia ya había aceptado como un hecho que hay matrimonios en Colombia que tienen la misma respetabilidad que los matrimonios católicos. Las personas tienen el derecho de ejercer un cargo público en la medida en que tengan la capacidad necesaria para desempeñarlo.
S.: ¿Qué diferencias ve entre la situación que se le presentó a usted hace siete años, y la que se le acaba de presentar a la gobernadora de Caldas?
D.L.C.de B.: Lo que acaba de ocurrir comprueba que durante estos años la opinión pública ha superado lo que quedaba de rechazo o prejuicio por el matrimonio civil. La protocolización de este hecho ha sido que esta gobernadora sí ha sido posesionada, que podrá ser juzgada por sus capacidades y que se le dará la posibilidad de demostrar si es capaz o no.
En los siete años que han pasado el país ha tenido tiempo para madurar. Además se han presentado hechos concretos como la aprobación de la ley del divorcio para los matrimonios civiles y el debate sobre su extensión a los matrimonios católicos. Yo creo que estos hechos han contribuido a crear el ambiente en la opinión pública que ha permitido que la gobernadora de Caldas se posesione no sólo con el apoyo del gobierno, sino también con el de todo el país.
S.: ¿Qué opina de la actitud el presidente Betancur?
D.L.C.de B.: Para un presidente que es conservador, hay que reconocer que la posición que ha asumído es realmente de avanzada. Lo es de por sí el sólo hecho de haberle ofrecido a personas que están en la situación de la gobernadora de Caldas, la posibilidad de servirle al Estado. Pero considero que más importante aún es la forma valerosa y categórica como la ratificó en su cargo.
S.: ¿No cree que el episodio refleja una buena dosis de machismo?
D.L.C.de B.: Es triste pensar que la posición de la mujer continúa siendo la de un individuo de segunda categoría al que se le puede hacer cualquier tipo de discriminación a partir de elementos de su vida privada. No sucede así con los hombres. A ellos sí se les dá la posibilidad de demostrar sus capacidades, sin interponerles este tipo de obstáculos.

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