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| 12/19/1994 12:00:00 AM

MOSQUETERO O MENSAJERO

Qué hay detrás de las conversaciones con los Rodríguez Orejuela, Fidel Castaño y otros jefes de los carteles y de las autodefensas?

HASTA EL MIERCOLES DE LA SEMANA PASAda, muchas personas en Colombia creían que después del debate sobre el contrato de los fusiles Galil, el grupo de Los Mosqueteros, integrado por los representantes a la Cámara, Carlos Alonso Lucio, Ingrid Betancourt, Guillermo Martínezguerra y Maria Paulina Espinosa, había decidido envainar las espadas. Pero se equivocaban. En una rueda de prensa a la que Ingrid Betancourt no pudo asistir por enfermedad y en la cual Lucio llevó la voz cantante, Los Mosqueteros sirvieron los abrebocas del debate que harán este miércoles al ministro de Defensa, Fernando Botero.

Y los abrebocas resultaron provocativos. Lucio anunció que en el debate, que persigue la formulación de lo que Los Mosqueteros llaman "una nueva política de Seguridad Nacional" desprovista de la doble moral que según ellos ha caracterizado la lucha contra los carteles, las autodefensas y la guerrilla en las últimas decadas, revelar hasta dónde ha llegado esa doble moral y que ha habido detrás de negociaciones como la que condujo a la entrega de Pablo Escobar en 1991: "Los decretos de sometimiento a la justicia para el señor Escobar los redactaron en sus fincas de Antioquia los delegados del gobierno y los abogados de Escobar".

Para Lucio, esa doble moral tambien estuvo presente en la persecución y muerte de Escobar: "Según testimonios y pruebas que tenemos, esa guerra la ganó lo que se denominó la 'Mesa del Diablo', una especie de estado mayor conjunto para enfrentar al líder del cartel de Medellín, integrada por el gobierno, el cartel de Cali, la DEA y los grupos de autodefensa".

Estos ganchos del debate, que han despertado expectativas por los casos de corrupción que pudieran revelar y hasta demostrar los cuatro parlamentarios, servirán este miércoles, además, para sustentar una tesis que parece ir más allá de una simple evaluación crítica a lo que han sido hasta ahora las políticas del Estado frente a los grupos violentos. Como lo dijo Lucio, un hombre que ha sido guerrillero, negociador y ahora político (ver recuadro), "el propósito fundamental de este debate es exigirle al gobierno y convocar a la sociedad colombiana a evitar una violencia y una guerra peor de las que hemos vivido hasta hoy".

Esta última frase, que pareciera ocultar la idea de abrir un frente de negociación con los miembros no gubernamentales de lo que habría sido la 'Mesa del Diablo' -el cartel de Cali y otras organizaciones del narcotrafico, así como las autodefensas-, llevó a algunos funcionarios gubernamentales a pensar que lo que Los Mosqueteros traen esta vez en sus maletines es en el fondo un mensaje de esos grupos, salpicado de advertencias como la de que "hay que evitar una nueva guerra".

Los Mosqueteros, con quienes SEMANA dialogó largamente el viernes en la noche, niegan esa visión que consideran simplista: "Nosotros no somos mensajeros de nada ni de nadie y lo que queremos es que el gobierno y el país entren a reflexionar sobre para dònde van las cosas y qué tanto podemos evitar una guerra en la que podrían unirse, por primera vez, distintos grupos y factores de violencia, como sucede con las autodefensas, que hoy se presentan como un bloque monolítico después de una cumbre que celebraron en agosto pasado y de la que surgió un completo documento sobre sus estrategias de guerra y de eventual paz ".

EL ITINERARIO
Todos estos planteamientos son el resultado de varias semanas de viajes y contactos de Los Mosqueteros por distintas ciudades del pais. El itinerario se inició la pasada noche de las brujas, el 31 de octubre, con una reunión celebrada en Bogota entre gentes del recompuesto cartel de Medellín -liderado por quienes se enfrentaron en esa ciudad con Escobar tras los asesinatos de Moncada y Galeano en la cárcel de La Catedral-, y Lucio, Betancourt y Martinezguerra. Maria Paulina Espinosa, más conocida como Pum-Pum, ha preferido abstenerse de asistir a las reuniones con los hombres de los carteles y las autodefensas, pero se mantiene unida al grupo y participará activamente en el debate del miércoles.

La reunión de Halloween fue el resultado de una solicitud que Los Mosqueteros le hicieron "a un hombre vinculado a la Comisión de Notables que buscó contactos con Escobar en 1990 y 1991". "La iniciativa -asegura Ingrid Betancourt- fue nuestra desde un principio. A nosotros no nos buscaron esos hombres Por el contrario, nosotros los buscamos como una manera de obtener informacion para nuestro debate". Según explica Lucio "nosotros decidimos buscar a los protagonistas de los temas de nuestro debate, ir a hablar directamente con ellos en vez de quedarnos con los análisis académicos ".

Según Los Mosqueteros, a partir de la reunión del 31 de octubre, ellos siguieron enviando mensajes y buscando contactos con los distintos carteles del pais, asi como con los grupos de autodefensa, entre ellos el de Córdova, liderado por Fidel Castaño, más conocido como 'Rambo', con cuyo grupo se realizó el primero de los contactos con las autodefensas.

El hecho es que entre el 31 de octubre y el viernes pasado -cuando Lucio y Martinezguerra se reunieron por ultima vez con gentes del cartel de Cali en esa ciudad-, ellos dos e Ingrid Betancourt han hablado en varias ocasiones con los hermanos Gilberto y Miguel Rodríguez Orejuela, así como con los líderes del renovado cartel de Medellín. Pero esos no han sido los únicos interlocutores. Los tres Mosqueteros han conversado tambien con las cabezas de los carteles de Pereira, Cartago, Pasto, Popayán, Barranquilla, Bucaramanga y Cúcuta. En cuanto a las autodefensas, aparte del grupo que Castaño lidera en Córdova, Los Mosqueteros han dialogado con gentes de Urabá, los Llanos Orientales, Huila, sur de Santander, Medio y Bajo Magdalena y La Guajira.

Según explican Los Mosqueteros, "lo más difícil ha sido hablarles a los jefes de los carteles más desconocidos, a los que no aparecen ni en los expedientes de la Fiscalía ni en los informes de la Dijin y el DAS, es decir, a todos esos narcotraficantes anónimos de los que nada se sabe, pero que no por ello tienen poco poder".

Los tres parlamentarios han querido guardar registro documental de sus entrevistas con esos hombres. La mayoría de esas charlas han sido grabadas en audio y unas cuantas en video. "No queremos hacer nada en secreto, todos nuestros pasos pueden darse a la luz pública, así como todo lo que hemos conversado con esos hombres -asegura Ingrid Betancourt-. Con ello hemos querido evitar que en el futuro alguien quiera chantajearnos, o decir que nosotros negociamos o pactamos algo, cuando lo que estamos haciendo es obtener de ellos la información que necesitamos para hacer el debate y para hacer un diagnóstico correcto de lo que esta pasando.

Como es obvio, la actuación de Los Mosqueteros comenzó a despertar polémica desde que terminó la rueda de prensa del miércoles pasado. El primer punto de controversia lo planteó el noticiero QAP el jueves en la noche, cuando preguntó si parlamentarios que ejercen funciones públicas pueden entrevistarse con delincuentes en vez de denunciarlos ante las autoridades. Lucio responde con el argumento de que nada ha sido hecho en secreto. Además, dice, "la única y verdadera misión de un dirigente es prever el futuro, y eso es lo que estamos tratando de hacer, saber para dónde vamos y cómo vamos a enfrentar lo que viene".

Para algunos sectores de las autoridades, las cosas no son tan simples como las plantea Lucio. Segun esas fuentes, "hay que ver cuáles son las motivaciones detrás de todo esto, hay que saber si Los Mosqueteros se convirtieron solo en mensajeros o van detrás de algo más". Los Mosqueteros responden que en el debate de los Galil tambien hubo filtraciones de información destinadas a restarles legitimidad, con la acusación de que detrás de ellos estaban las empresas que habían perdido la licitación de los fusiles. "Nosotros no somos tan tontos -anota, además, Lucio- como para no saber que la única posibilidad de plantear seria y legítimamente este debate donde estan mezclados los temas de los carteles, es si uno no ha recibido ni un solo peso de estas gentes. El prerrequisito para plantear este debate es no haberles recibido nunca plata".

APENAS EL PRINCIPIO
Pero es evidente que todo este asunto va mucho más allá de las eventuales denuncias sobre corrupción en la política de sometimiento en el pasado, o sobre las motivaciones que puedan tener quienes han citado al Ministro de Defensa para este viernes. La verdad es que cada día son más claras las señales en el sentido de que el cartel de Cali, y con él otras organizaciones del narcotráfico así como los grupos de autodefensas, se están moviendo -tal y como parecen haberlo detectado Los Mosqueteros- en busca de un escenario nuevo de negociación.

La impresión es que buena parte de esos interlocutores tiene algún grado de inclinación a negociar -en términos más bien jurídicos- su situación. "Lo que ellos necesitan son señales claras sobre el rumbo de la política de sometimiento, que se ha visto afectada por muchos vaivenes en los últimos meses y que en estos momentos no parece ser garantía para esos grupos ", explicó Lucio, quien además piensa, al igual que sus tres compañeros, que en ningún caso esas negociaciones deberían mezclarse con las que se lleven a cabo con la guerrilla. "A los carteles y los grupos guerrilleros hay que colocarlos en la misma situacion, la de la negociacion, pero no en la misma mesa", agrega el representante a la Cámara.

Pero más alla de las intenciones de los hombres que hablaron con Los Mosqueteros, la verdad es que una nueva negociación jurídica con el cartel de Cali y otros carteles parece hoy más difícil que nunca. En primer lugar porque el fantasma de los narcocasetes aún ronda e independientemente de que la mayoría de los colombianos hayan rechazado la forma como Andres Pastrana o las autoridades estadounidenses afrontaron ese asunto, lo cierto es que el gobierno de Ernesto Samper tendrá siempre que hacer un doble esfuerzo para que nada de lo que haga pueda ser interpretado como una concesión a los Rodriguez Orejuela y a sus amigos, pues eso podría revivir toda clase de suspicacias sobre la cuestión de los casetes.

El segundo problema, que tampoco es de poca monta, es la reacción que cualquier paso en la dirección de una nueva negociación puede despertar entre las autoridades estadounidenses. Aunque a la mayoría de los colombianos no les guste por considerarlo una intromisión indebida, la realidad es que Washington esta vigilante sobre cada una de las decisiones que la administración Samper tome en materia de carteles. Las cosas se complicaron aun más tras el desastre electoral sufrido por los demócratas en las elecciones congresionales de hace dos semanas, pues personajes de reconocida beligerancia frente a Colombia, como el senador derechista, Jesse Helms, nuevo presidente del Comité de Relaciones Exteriores del Senado, pasaron ahora a ocupar puestos claves en el Congreso de Estados Unidos, desde los cuales están en capacidad de promover una política de severas sanciones contra el país por cuenta de la cuestión de las drogas.

Lucio mismo reconoce que este es un punto que no puede ser dejado de lado en el análisis, pues teniendo en cuenta que el problema del narcotráfico es internacional y que Colombia es uno de los mayores productores y Estados Unidos uno de los mayores consumidores, desconocer olímpicamente la opinión norteamericana no tiene mucho sentido.

Pero, entonces, ¿qué posibilidades reales tiene una negociación con los carteles? Es difícil por ahora imaginar que esta pueda trascender el plano meramente jurídico que, con todo y sus debilidades, tiene la política de sometimiento a la justicia. La preocupación de los carteles en cuanto a esto parece ser que con el nuevo fiscal general, Alfonso Valdivieso, sus líderes no se sienten muy tranquilos. En efecto, Valdivieso ha venido pisando duro y poniendo orden en casa, entre otras cosas y de modo particular en lo referente a la política de sometimiento, y esa imagen parece haber desalentado a los carteles sobre las posibilidades de una entrega a la justicia.

Sin embargo, esto último, que parece ser un grave obstáculo, puede a la larga no serlo tanto. Es bien sabido que la paz se hace entre guerreros, y en el caso de Valdivieso, la gran ventaja que tendría un sometimiento administrado por él es que estaría por fuera de toda sospecha, no sólo por la forma como está actuando al frente de la Fiscalía, sino por lo que simbólicamente representaría en su condición de primo hermano del mayor mártir de la guerra antidrogas, Luis Carlos Galan.

Como puede verse, los contactos realizados hasta ahora por Los Mosqueteros y el debate de este miercoles, parecen ser apenas el capítulo inicial de un nuevo tomo en la ya bastante larga historia de la guerra y la paz en Colombia, una historia en la cual parece ser que Los Mosqueteros quieren reservarse un puesto.-

CARLOS ALONSO LUCIO - UNA VIDA DE LEYENDA
A los 15 años ya era guerrillero, a los 21 sobrevivió a un atentado con granada, a los 22 se refugió en Cuba y Libia, a los 24 negoció la paz con el gobierno y hoy es prácticamente el único sobreviviente político del M- 19.

A FINALES DE los años 70, Carlos Alonso Lucio, quien contaba entonces con apenas 14 años de edad, era el hijo inquieto y rebelde de una familia conservadora y acomodada de origen vallecaucano residente en Bogotá. Una tarde, en los días en que fue expulsado del Liceo Francés, Lucio se encontraba en su casa viendo televisión cuando de pronto los noticieros informaron que varias personas, entre ellas su tio Ramiro Lucio, habían sido detenidas en Santander por los organismos de seguridad, acusadas de pertenecer al M-19. Lucio, quien hasta entonces no tenía idea de las actividades de su tio, fue a Bucaramanga a visitarlo dias despues. Fue el principio de una gran amistad. Ramiro Lucio le explicó a su sobrino los objetivos que el movimiento perseguía y comenzó a encomendarle algunas misiones pequeñas, principalmente para llevar y traer mensajes entre gentes del M-19 de una cárcel a otra. El joven Lucio, aventurero, soñador e idealista como lo seguiría siendo por años, quedó encantado con su nueva vida. A punta de tropezones, fue adelantando el resto de su bachillerato en varios colegios de Bogotá, entre ellos el Claustro Moderno que regentaba el jurista Carlos Medellín, quien moriría siete años después en el asalto del M-19 al Palacio de Justicia.

Aparte de su actividad clandestina -que habría de intensificarse en 1982 durante las negociaciones que condujeron a la amnistía general al M-19-, Lucio inició una precoz carrera política en las juventudes del Nuevo Liberalismo, donde estaba dedicado a manejar las relaciones con los demás movimientos juveniles, principalmente de la izquierda. En 1981 entró a estudiar economía al Externado, pero apenas completó un semestre. En abril de 1983 viajó a París, con la idea de estudiar en Sciences Po, pero esta idea se frustró, entre otras cosas porque Lucio aprovechó su vida en la Cite Universitaire no tanto para estudiar como para hacer contactos internacionales para el M-19, con movimientos rebeldes árabes y africanos.

En octubre de 1983, Lucio regresó a Colombia y a las pocas semanas de estar en el país, se enroló en una de las columnas rurales del M-19. Fue primero al Caquetá y luego al Cauca, los dos departamentos de mayor actividad del grupo en ese entonces. Esta etapa de guerrillero puro terminó en agosto de 1984, cuando se firmaron los acuerdos de tregua y cese al fuego entre el gobierno de Belisario Betancur, y el M-19 y el EPL, en Corinto y El Hobo. Pero la tregua fue siempre precaria y Lucio lo sufrió en carne propia. El 23 de mayo de 1985, por los dias en que se hizo cargo del montaje de los campamentos de paz del M-19 en los tugurios de Cali, él, Antonio Navarro y otros hombres del grupo se reunieron en una cafetería a conversar. La muerte los estaba rondando. Un ex militante del M-19 les lanzó una granada bajo la mesa: Navarro perdió una de sus piernas y Lucio se debatió entre la vida y la muerte, por cuenta de una esquirla incrustada en su hígado. Tras develarse un segundo atentado en la Clínica Cali, Navarro, Lucio y otros más fueron sacados a México.

Lucio viajó con 'La Negra', una hermosa guerrillera que esperaba un hijo suyo. De México se trasladaron a Cuba, donde el niño nació y fue bautizado, como el Libertador, con el nombre de Simón Jose Antonio. Desde La Habana, Lucio y 'La Negra' recorrieron muchos países amigos del M-19, entre ellos Libia, donde vivieron por algunos eses, y Panamá.

A principios de 1988, Lucio regresó al país caminando por una ruta de contrabandistas de armas que atraviesa la frontera entre Panamá y Colombia. Su llegada coincidió con el anuncio del gobierno de Virgilio Barco de un plebiscito y la creación de una Comisión de Reajuste Institucional. Lucio vino entonces a Bogotá y se refugió donde algunos amigos de los tiempos de las juvenudes galanistas. En casa de uno de ellos reconoció al entonces consejero de paz, Rafael Pardo Rueda, quien le propuso explorar la posibilidad de que el M-19 se sometiera en un nuevo proceso de paz, en el marco del plebiscito y la Comisión de Reajuste.

Lucio y su tío Ramiro viajaron entonces al monte a entrevistarse con Carlos Pizarro, el líder sobreviviente del M-19 quien por aquellos días enfrentaba al Ejército en el Valle y el Cauca con un frente de 250 hombres. Pizarro -una especie de padre ideológico de Lucio- se interesó en el asunto y convocó a una Asamblea de dirigentes del M-19 para explorar la idea. Pero las heridas de la guerra estaban demasiado vivas y la propuesta fue derrotada. Lucio regresó a Bogotá con las manos vacías, pero poco a poco trabó amistad con Pardo Rueda y más adelante con el entonces ministro de Gobierno, Cesar Gaviria, quienes consideraban que no se debían quemar las naves con el grupo guerrillero. El gobierno le brindó entonces algo de protección y hasta le buscó un contrato con una Organización No Gubernamental para que actuara como una especie de asesor de la consejería de paz.

Estos esfuerzos rindieron sus frutos cuando a principios del año 90, Pardo y Pizarro llegaron a un acuerdo para la desmovilización del M-19. El futuro de Lucio era entonces muy alentador. No sólo había sido el hombre clave del proceso, sino que su gran padrino ideológico, su amigo por excelencia dentro del grupo, Carlos Pizarro, se había convertido en el líder político legal del M-19, un movimiento que tras dejar las armas despertaba grandes expectativas políticas y electorales. Pero una vez más la muerte se atravesó: en febrero de 1990, Pizarro fue asesinado por un sicario en un vuelo regular de Avianca.

Con la muerte de Pizarro, sus hombres más cercanos perdieron poder dentro del movimiento, en el cual cobraron entonces importancia Antonio Navarro y sus amigos. Lucio debió soportar que un año despues, en las listas para la Asamblea Constituyente, su nombre fuera puesto en uno de los renglones que no alcanzó a salir. Con el paso de los días, sus diferencias con Navarro se agudizaron. Eso se hizo evidente cuando Lucio y su esposa Ana Lía Restrepo, con quien se había casado en enero de 1991, vendieron sus acciones en el noticiero AMPM que ellos habían promovido como participación del M-19 en la licitación de ese año.

Lucio decidió volar solo. Con una gran capacidad de comunicación, consiguió audiencia en los medios, entre otras cosas al denunciar a principios de 1992 el caso de los auxilios distritales por cuenta de los cuales irían por un tiempo a la cárcel el alcalde de Bogotá, Juan Martín Caicedo, y buena parte de los concejales de la ciudad. Esto le dio vitrina y cierto prestigio y fue sin duda la base del éxito electoral que lo llevó a la Cámara de Representantes en marzo pasado, donde se ha convertido en la figura más prominente del grupo de Los Mosqueteros.-
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