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| 2/22/2004 12:00:00 AM

Muerte en las barras

El asesinato de un hincha del América a manos de unos de Nacional evidencia la creciente violencia entre los jóvenes y la falta de una política para ellos en Bogotá.

Más de 4.000 miembros de la barra Disturbio Rojo de Bogotá guardaron silencio. El batir de banderas, sombrillas, 'trapos', brincos y cánticos a su equipo del alma, el América de Cali, debieron esperar. Se callaron, como todo el estadio, en homenaje a Johan Francisco Dueñas, 'Gohan' para sus amigos, asesinado por ser barrista el viernes anterior.

Muchos de los asistentes al estadio, el pasado jueves, no sabían quién era este joven, pero en la tribuna norte de El Campín de Bogotá, los líderes de las barras recordaban continuamente su luto. Gohan murió el 13 de febrero en la noche, cerca del Centro Administrativo Distrital, cuando unos 50 miembros de la barra Los del Sur, del Atlético Nacional, lo persiguieron y lo apuñalaron. Para mayor paradoja su cuerpo quedó tendido cerca de la Fundación Juan Manuel Bermúdez Nieto, otro hincha del América que junto a Álex Julián Gómez, estudiantes universitarios, fueron asesinados dos años atrás, está vez a manos de los paramilitares en Puerto Berrío cuando regresaban de ver el clásico Nacional-América.

Tras el prolongado silencio los barristas entonaron cánticos en homenaje a este joven de 21 años que había dejado sus estudios de telecomunicaciones en la San Mateo por falta de recursos, que tenía problemas y a quien la Fundación Bermúdez Nieto estaba ayudando a salir adelante. "Gohan, mi buen amigo, allá en el cielo volveré a estar contigo. Gohan, Gohan no está muerto, esta vivo, acá adentro", gritaba la barra, mientras que frente de la tribuna dos pancartas gigantes decían: "Goles en paz. ¿Cuál paz?, y Ni un muerto más, ¿Qué hacemos alcalde?". Con estas vallas los jóvenes pretendían abrir un diálogo con la administración de Lucho Garzón, a quien muchos apoyaron, pero aún no han sido escuchados en sus realidades.

La muerte de Gohan y estas vallas de protesta evidencian una realidad que sólo ahora las autoridades están empezando a enfrentar. Mientras que la administración ha logrado desarrollar la convivencia en el estadio y sus alrededores de los 25.000 barristas de la ciudad, gracias a programas como Jugando Limpio todos Ganamos y Goles en Paz, en los barrios la violencia no hace más que crecer.

Hasta hace poco los miembros de barras como Comandos Azules, la Guardia Roja, Los del Sur y Disturbio Rojo, entre otras, habían mantenido zonas vedadas, pero en el último semestre han pasado a enfrentamientos directos. Aunque no hay cifras oficiales, pues la mayoría de estos incidentes no son denunciados, todas los barras bravas saben lo que está pasando.

En medio del partido, algunos miembros de Disturbio Rojo salen de su trance, de la orgía colectiva del partido, para volver a su realidad. Algunos hablan de los enfrentamientos en Kennedy, Engativá, Bosa y Suba. Hablan de sitios prohibidos, de cómo han tenido que dejar el colegio por amenazas, de peleas y puñaladas como las de dos hermanos que se han 'chuzado' por ser hinchas de equipos contrarios.

El problema, como reconoce Alirio Amaya, de Goles en paz, es el silencio, la impunidad y como consecuencia, la posibilidad de vengarse. Esto ocurre, según Antonio Hernández, ex coordinador del programa de convivencia de la administración Peñalosa, porque la propuesta de la administración se agotó. "Las barras se han renovado, los líderes han cambiado y Goles en Paz no ha sido capaz de cambiar. El estadio y el hincha ya no pueden ser el eje de las acciones, sino los jóvenes, que al terminar el partido regresan a su realidad de falta de oportunidades. La ciudad requiere una política de juventud descentralizada y coherente".

El otro tema fundamental es la impunidad. La ciudad debe perseguir y condenar de forma severa y pública a los hinchas y líderes que cometan delitos, que son en realidad muy pocos. "Se requiere que en los barrios los jóvenes sientan que si se desbordan van a terminar en la cárcel", dice Hernández. El padre Alirio López, coordinador de Goles en Paz, admite el problema en los barrios, y por eso dice que es necesario reforzar el trabajo pedagógico y los pactos de convivencia, educación y productividad.

La muerte de Gohan también ha puesto en jaque a la Disturbio Rojo y a la Fundación Bermúdez Nieto que han hecho una valiosa tarea de pacificación, formación y educación de barristas. "Desde hace dos años los hinchas han desarrollado un proceso en el que buscan crear una barra diferente, ajena a los conflictos y la violencia entre hinchas, pero la muerte de sus miembros los pone en una posición de indefensión en la que se requiere que la Alcaldía y las autoridades los acompañen y protejan, porque de lo contrario todo el avance podrá verse truncado frente a otras agresiones", dice Luis Bermúdez Santaella, gestor de la fundación Juan Manuel Nieto.

Al final del partido del jueves el triunfo de su equipo contra Chicó llenó en algunos el vacío de la muerte de Gohan. A la salida de El Campín, bajo un fuerte aguacero, los aguerridos y tatuados jóvenes de Disturbio Rojo eran de nuevo jóvenes normales, muchos de ellos indefensos y sin oportunidades. Por ahora, mientras la ciudad conoce más de sus vidas, 'la Mechita' y el parche seguirán siendo su única esperanza.
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