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| 10/19/2013 4:00:00 AM

“Los políticos no creen en las mujeres”

Más allá de las cuotas, la política sigue siendo territorio hostil para las mujeres. SEMANA presenta cuatro testimonios de destacadas dirigentes que han sufrido en carne propia el machismo, la discriminación, el irrespeto profesional y las injusticas.

“Me querían sacar”
Cecilia López, política liberal

Llegamos hasta donde los hombres nos dejan. Sé por qué lo digo. En 2009 lancé mi precandidatura a la Presidencia. Los sondeos me ubicaban en el segundo lugar, después del entonces director Rafael Pardo. Pero empecé a sentir que, hiciera lo que hiciera, no iba a alcanzar mi meta. De visita en Alcalá, Valle, vi que el único precandidato con propaganda era Pardo. Cuando reclamé, me advirtieron que debía estar dispuesta a renunciar y que daban por descontada la victoria de mi contrincante. Un año después quise regresar al Senado, pero la historia se repitió. Me enteré de que perdería el número uno en el tarjetón, pero que los demás candidatos conservarían su vieja posición. Disgustada, renuncié. Ahí supe que el Partido Liberal es misógino, que ahí no creen en las mujeres.

“Fue injusto y machista”
Noemí Sanín, excandidata presidencial
En 2001, me desmayé mientras lanzaba mi campaña presidencial. Recuerdo que las luces no iluminaban al público y que el presentador marcaba el ‘no’ de Noemí. Recuerdo el sabor de un café y un médico que me dijo que estuviera tranquila. Llevaba unos minutos frente a las cámaras, cuando perdí el conocimiento. Hoy estoy convencida de que ese desmayo me hizo perder las elecciones, pues cambió las dinámicas de mi campaña y todo empezó a girar en torno a mi condición de mujer. Durante dos meses solo me hablaron del desmayo, de mi debilidad, de una dieta que supuestamente hacía. Mis contrincantes, Horacio Serpa y Álvaro Uribe, también sufrieron percances de salud, pero la opinión se solidarizó y atribuyó los achaques al ritmo 
de la campaña. Fue injusto y machista.

“¡Mucha macha!”
Clara López, directora del Polo Democrático Alternativo
Tenía 18 años y protestaba contra la guerra de Vietnam en Harvard. Unos policías me perseguían y al pasar frente al Fly Club mi hermano me llamó para que me resguardara ahí. Debí quedarme en el vestíbulo, pues las mujeres no tenían acceso. Cuarenta años después, presido el Polo. Pocas mujeres han llegado tan lejos en la izquierda colombiana. Pero el episodio de Harvard se repite. En la política se subestima la profundidad de la mujer, que es franca y transparente. No he vivido abusos, pero me atacan diciendo que no habría sido la misma sin el apoyo de mi esposo, también político. No solo eso. Mis colegas me discriminan al asociar mis logros con la masculinidad. ‘¡Mucha macha!’, dicen. Esto me indigna, pues nada es más equivocado que pensar que la firmeza y el éxito son atributos masculinos.

“Siempre prefieren a otros”
Piedad Córdoba, política liberal
‘¡Negra hijuetantas!’. Cuando me preguntan si he sido discriminada recuerdo estas palabras, pues me acompañan desde siempre. A mí me han discriminado por mujer y por negra. En 2010, la Procuraduría me inhabilitó por 18 años.  Atribuyo esa decisión a prejuicios políticos y raciales, pero también a razones de género. No soy el arquetipo de mujer que Ordóñez prefiere. Defiendo todo aquello a lo que él se opone y soy autora de leyes para las mujeres. Mi trayectoria y mis aprendizajes en política no han mejorado esta situación. La discriminación me ha perseguido dentro de mi partido. Cuando escogían candidatos o aspirantes a la presidencia del Senado, preferían a personas con un menor compromiso, incluso a traidores. Todo con tal de no elegir a una mujer de izquierda. 

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