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| 11/7/2009 12:00:00 AM

Nace una vieja estrella

Así como Juan Manuel Santos se convirtió en el ministro estrella de la primera mitad de la administración de Uribe II, Fabio Valencia Cossio se está perfilando para ganar ese título.

El martes pasado, a las 9:30 de la noche, el ministro de Interior y Justicia, Fabio Valencia Cossio, no se aguantó más y cogió el micrófono del Congreso. Estaban en pleno debate de la moción de censura por el escándalo de los subsidios de Agro Ingreso Seguro y tras una larga andanada de la oposición contra el gobierno, Valencia, desesperado, trató de hablar para salvar el pellejo del Ministro de Agricultura. La gritería de los senadores de la oposición para intentar silenciarlo no se hizo esperar. El presidente del Senado le pidió que se callara, pero el Ministro continuó como si la cosa no fuera con él. Le apagaron el micrófono y siguió entonces a grito limpio. "Piden democracia y son los primeros que la están impidiendo", gritaba con gestos airados.

Aunque le criticaron mucho ese performance político, en el balance final logró su cometido. Esas imágenes con visos de zambra se robaron el protagonismo en los noticieros de televisión y opacaron la arremetida de más de cuatro horas del Polo y el Partido Liberal. Fabio Valencia, que conoce al revés y al derecho las reglas del Congreso, sabía que no podía tomarse la palabra, pues era el ministro de Agricultura, Andrés Fernández, el que estaba en el banquillo. Pero su refinado instinto político le indicó que no podía dejar uno de los peores momentos para el gobierno en el Congreso en manos de un novato de la política.

El presidente Álvaro Uribe lo felicitó, según le dijo a SEMANA una fuente cercana a la Casa de Nariño, no sólo por esta intervención, sino porque ya logró voltear los votos que necesitaba para evitar que el Congreso aplicara por primera vez en su historia la censura.

Si a eso se le suma el papel protagónico que Valencia tuvo en la firma del acuerdo militar con Estados Unidos, para el uso de bases colombianas, se podría decir que el Ministro está comenzando su cuarto de hora.

Y es que cuando ya completó 15 meses en el cargo, tras unos primeros traspiés por la fallida reforma a la justicia y las dificultades que tuvo para aprobar el referendo para 2010 en la Cámara, ahora parece haber descifrado los engranajes que hacen mover este Congreso.

El primer año como Ministro fue realmente tortuoso para él. No sólo por esos fracasos y porque no logró poner a marchar la Corte Suprema sino porque la captura de su hermano Guillermo León parecía que podía dar al traste con un ministerio por el que había trabajado prácticamente 40 de sus 61 años de vida.

Aún hoy es cuestionable que el hombre orquesta del gabinete, el gran héroe de la aprobación del referendo, se haya mantenido en su cargo, a pesar de que su hermano, director de Fiscalías de Medellín, fue detenido por comprometedoras conversaciones con un empresario señalado de ser parte de la banda de 'Don Mario'.

Pero Álvaro Uribe, que como pocos conoce a Fabio Valencia y sabe de sus cualidades, le tuvo fe. El país se tomó sólo unos meses para darse cuenta de por qué el Presidente lo mantuvo en su cargo. La manera como el Ministro resucitó el referendo es una cátedra de astucia política, más allá de las críticas que se puedan hacer por la forma como logró el cometido. Ningún congresista apostaba un peso por su aprobación. El referendo estaba muerto. Y lo que hizo Fabio Valencia fue resucitarlo.

Su faena del 20 de julio, cuando se instaló el Congreso, también fue magistral. Aunque en un primer momento se dijo que había sido el perdedor, el paso de los días demostró que, contrario a lo que pensaba la oposición, la elección de Édgar Gómez, como presidente de la Cámara, y Javier Cáceres, como presidente del Senado, no les garantizaba nada. De hecho, Gómez no sólo permitió que con su voto el referendo tuviera el quórum requerido, sino que votó con el uribismo un proyecto que como el de la dosis mínima es del alma liberal.

Y Valencia está a las puertas de anotarse otro triunfo, el de volver a prohibir el consumo de la dosis mínima. En este caso, el Ministro además demostraría que para una buena gestión no es suficiente tener la mayoría en el Congreso, pues aunque Uribe la ha tenido siempre, este proyecto ha fracasado seis veces.

Del presidente Álvaro Uribe siempre se ha dicho que no parece tener ministros sino viceministros, pues en su estilo de manejo microgerencial deja en un segundo plano los miembros de su gabinete. Pero así como Juan Manuel Santos, en la primera mitad del segundo gobierno, logró descollar y convertirse en ministro estrella, Fabio Valencia puede estar siguiéndole ahora los pasos.

Lo que en términos de la guerra significó la muerte de 'Raúl Reyes' para el gobierno, podría ser comparable con lo que en términos políticos significó la aprobación del referendo para el Presidente. Y la satisfacción que le produjo en lo militar la Operación Jaque podría ser similar a la que le produce en lo ideológico que se vuelva a prohibir la dosis mínima.

Vidas paralelas
La historia de Fabio Valencia ha estado más ligada a la de Álvaro Uribe de lo que la gente se imagina. A los dos desde muy chiquitos los picó el bicho de la política. A Álvaro el bicho rojo, y a Fabio, el azul. En 1970, cuando lo que estaba de moda en la Universidad de Antioquia era la rebeldía y la guerrilla, Uribe y Valencia Cossio parecían moscos en leche, en la facultad de derecho, con su militancia en partidos tradicionales. Después se encontraron en el Congreso. Viajaban cada fin de semana a los pueblos de Antioquia. "A cuidar los voticos", según cuenta Valencia, aunque lo podría haber dicho igual Uribe.

Pero el episodio que marcó sus vidas ocurrió, al año siguiente, el día de las elecciones para la Gobernación de Antioquia. Se enfrentaban Álvaro Uribe y el pupilo de Fabio Valencia. La diferencia de votos era muy estrecha y esa noche Álvaro y Fabio se fueron a los puños en la Registraduría. El escrutinio final dio como ganador a Uribe por una mínima diferencia de 894 votos. Pero el efecto de los puños sí fue más prolongado, duró ocho años. Hasta junio de 2002, cuando como presidente electo, Uribe llamó a Valencia para hacer las paces y ofrecerle que se quedara de embajador en Roma. Ahora, entonces, cuando los dos rondan los 60 años (Fabio 61 y Álvaro 57), se encontraron en un mismo color.

Fabio Valencia se ganó la fama de clientelista. El chiste de que "los Valencia Cossio cuando eran chiquitos tenían triciclo con placas oficiales" se clavó en el corazón de muchos colombianos. Y si bien tiene mucho de cierto -pues varios de sus hermanos han ocupado todo tipo de puestos públicos-, no es nada muy distinto de lo que ocurre con otros clanes.

Pero quienes creen que Fabio Valencia es el arquetipo de la vieja clase política podrían sorprenderse al oír lo impresionados que están los más yuppies que trabajan con él. "Es ordenado, exigente y, contra todos los pronósticos, superejecutivo", dice un funcionario del Ministerio. "Todos tenemos que tener Blackberry para estar en contacto inmediato. Nos reúne un domingo cada mes en el Club La Aguadora. Y allá cada uno le rinde cuentas de sus indicadores".

Es posible que el paso de dos años por la Consejería Presidencial para la Competitividad le haya puesto al empaque de sagaz político, una maquinaria repotenciada en tecnocracia. "Yo soy de MIT", dice el propio Valencia Cossio. Y explica: "Soy Manzanillo Y Técnico".

No cobra salario porque es pensionado del Congreso. Según uno de sus asesores, vive en un apartamento en el norte de Bogotá que no ha terminado de pagar. Es separado de una mujer que hoy es decana de una universidad de Bogotá. Tiene cuatro hijos, Catalina es una de las pocas médicas que hacen en Colombia cirugía fetal. Y vive con sus hijos menores, abogados. Los mismos con los que viajó a Caño Cristales la semana pasada en un helicóptero del Ejército y por lo cual se ganó una polémica en los medios.

Tal vez el gran lunar negro de Fabio Valencia es su trabajo como ministro de Justicia. Y esa bomba de tiempo le volvió a explotar la semana pasada. El ex presidente de la Corte Francisco Ricaurte dijo que en Colombia no hay Ministerio de Justicia. A lo cual Valencia respondió: "Lo importante no es que exista o no Ministerio de Justicia, sino que se administre justicia".
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