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| 1/18/1988 12:00:00 AM

NARCOLANDIA

Polémico libro sobre narcotráfico no deja titere con cabeza

De acuerdo con Fabio Castillo en Colombia están o han estado directa o indirectamente vinculados con el narcotráfico tres ex presidentes, dos ex ministros de defensa, algunos hermanos de ex presidentes y del Presidente en ejercicio, una viuda de ex presidente, casi todos los ex ministros de justicia, un buen número de senadores, representantes, dirigentes sindicales, un periódico y hasta el "Happy" Lora. Esa es la impresión que se desprende de la lectura desprevenida de su reciente libro "Los jinetes de la cocaína", en el cual el autor hace un recuento de como llegó y se consolidó el fenómeno del narcotráfico en Colombia en los últimos 15 años.

El índice del libro incluye capítulos con títulos como "Narcoguerrilla y narcomilicia", "Mafia y política" " Los deportes", " Los negocios" "¿Se está ejecutando el pacto de Panamá? ", "Nacen las familias", "La mafia no perdona" y otros que ilustran la amplitud de la cobertura del esfuerzo investigativo de Castillo.

Sin duda alguna, es un esfuerzo considerable. Recopila prácticamente la totalidad de las versiones de prensa sobre lo relacionado con narcotráfico en más de una década. Como es previsible, le dedica especial atención a los casos más sonados como los asesinatos de Rodrigo Lara Bonilla, el coronel Jaime Ramírez, Guillermo Cano y Jaime Pardo Leal. Igualmente hace un buen refrito sobre los cuentos ya conocidos de Pablo Escobar, los Ochoa, El mexicano y los Rodríguez.
En términos generales, no pretende aportar nuevas revelaciones, sino más bien elaborar la cartilla básica de la mafia colombiana. Sin embargo, Castillo ha investigado los procesos judiciales abiertos a raíz de los magnicidios, y da a conocer algunos datos que no han salido a la luz pública.

Lamentablemente, semejante esfuerzo periodístico se debilita en forma considerable ante la tendencia de Castillo de no hacer diferencias entre los hechos investigados y los rumores.
El libro de 270 páginas, contiene verdades, verdades a medias y mentiras.
Y sin lugar a duda provocará muchas polémicas. En estos días en que las unidades investigativas están en tela de juicio y los periodistas son acusados de ser sicarios morales, la técnica utilizada por Castillo, seguramente reabrirá el debate.

La tecnica consiste en entrelazar sin ningún beneficio de inventario y como si no tuviera margen de error, episodios de conocimiento público con chismes y leyendas que han surgido alrededor del narcotráfico. De esa suerte, el libro está lleno de perlas como la de la cirugía plástica de Jorge Ochoa en Brasil, que hubiera aguantado de no haber sido por que Ochoa fue capturado con la misma cara que ha tenido toda su vida. Esta descachada, por sensacionalista, es fácil de detectar, pero muchas otras menos emocionantes pero más graves aparecen a lo largo del escrito. De Belisario Betancur, por ejemplo, afirma: "El mismo acaba de recibir en la última etapa de su campaña--personalmente, porque esa era la condición impuesta--$110 millones en efectivo en Melgar, en una fina finca del torero (el Zorro de Toledo) que le ayudó a importar 128 reses de lidia a Jorge Ochoa, que resultaron ser de contrabando. El dinero, se asegura, lo entregaron Pablo Escobar, Jorge Ochoa y Gonzalo Rodríguez Gacha. Ellos pusieron las condiciones. Belisario fue solo a la reunión, en su famoso R-4". Aunque es de conocimiento público que tanto la campaña de Belisario, como la de López, recibieron a nivel regional uno que otro cheque proveniente de los dineros calientes, la cita clandestina con gafas oscuras, gabardina y maletín en el Renault 4 pertenece más al mundo de Mario Puzzo; el escritor de "El Padrino", que al de Belisario.
Más adelante, para sustentar la cercanía de Betancur con los narcos afirma que el presidente había asistido al entierro del caballista antioqueño Alberto Uribe Sierra, a quien Castillo tilda abiertamente de "reconocido narcotraficante". La realidad es que Betancur nunca asistió a tal entierro, hecho que Castillo hubiera podido verificar sin ningún problema, ya que se trató de un acontecimiento público y registrado en la prensa. Por otro lado Uribe Sierra nunca fue narcotraficante. El mundo de los caballos lo hizo amigo de algunas personas que más tarde fueron señaladas como narcotraficantes y posteriormente se dedicó a comprar fincas baratas, para vendérselas a ellos caras. Pero nadie medianamente en terado considera que haya jamás vendido un gramo de cocaína, aunque su vida social con los narcos dio lugar a muchos rumores y le causó bastantes problemas a él y a su hijo, el hoy senador Alvaro Uribe Vélez.

A Turbay lo compromete indirectamente a través de un sobrino cuyo nombre no especifica. En una época circulaba este tipo de rumores alrededor de Anibal Turbay junior, a tal punto que fueron mencionados durante la campaña de 1978 en el famoso programa de la televisión norteamericana de la CBS "60 minutos".
Lo que le faltó aclarar a Castillo fue el reciente descubrimiento de Daniel Samper, según el cual, en 20 años de vida de ese programa la demanda de Anibal Turbay es la única que ha prosperado en contra de la cadena de televisión, obligándola a hacer una rectificación. Otra de las perlas del libro afirma que "según versiones generalizadas", Turbay firmó el tratado de extradición como consecuencia de un chantaje que le habría hecho el gobierno norteamericano "a cambio de no hacer públicas evidencias que se poseían de actividades que lo relacionaban con el narcotráfico".

En el caso de López Michelsen trae a cuento el famoso encuentro del ex presidente con los narcotraficantes en el Hotel Marriot de Panamá, que desembocó en la propuesta de desmontar el negocio y repatriar sus capitales. En este caso Castillo trata el tema con bastante objetividad y salvo algunos juegos de palabras, López salió relativamente bien librado.

No tan bien librada salió Doña Bertha Hernández de Ospina Pérez, de quien se afirma que participó en una reunión con el capo hondureño Ramón Mata Ballesteros. Según Castillo, "en junio de 1987, el narcotraficante hondureno propuso entonces una reunión con los Ospina Baraya, Javiery Rodolfo, en la que estuvieron presentes Bertha Hernández de Ospina Pérez, el tío de aquellos Fernando Ospina Hernández y su hija Bertha Olga Ospina Duque, cónsul de Colombia en Boston. Cuando se les expuso la única forma de arreglo, Rodolfo sacó una subametralladora y empezó a disparar al aíre. Se trenzaron en una balacera que concluyó con una sentencia: cumplan sus tratos".

Aunque algunos de los nietos de Doña Bertha, efectivamente, están enredados en incidentes de narcotráfico y lavado de dólares, comprometer a la venerable anciana en una cumbre con Mata Ballesteros, desafia un poco la credibilidad. El incidente a que hace referencia el periodista fue una vendetta contra Rodolfo Ospina Ospina en momentos en que se encontraban en un almuerzo familiar en el norte de Bogotá.

Con la misma facilidad, Castillo deja la impresión de que están comprometidos con el narcotráfico todos los que por una u otra razón han asumido una posición en contra de la extradición. Esta lista incluye al ex presidente Pastrana, a prácticamente todos los ministros de justicia incluidos Lara y Parejo y, en forma no muy velada, a los magistrados nombrados en reemplazo de los inmolados en el Palacio de Justicia. Para tratarse de un tema tan delicado como el narcotráfico, los defectos que generalmente se le atribuyen al periodismo investigativo en este caso adquieren una dimensión más grave.

El libro, escrito con indudables motivaciones patrióticas y con algo de mesianismo, tiene una buena dosis de esos defectos, ya que el autor se dejó llevar un poco por su fantasía.

Por ello, el trabajo periodistico de Fabio Castillo, que hubiera podido convertirse en el manual del principal problema que vive actualmente la sociedad colombiana, corre el riesgo de terminar siendo recordado más por sus mentiras que por sus verdades, a pesar de que las últimas son muchas más que las primeras. --
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