Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2010/09/07 00:00

Narcomenudeo y nuevos circuitos de violencia, azote de ciudades

Los narcos intentan hacer del mercado interno su nueva fuente de ingresos. Para ello, monopolizan la distribución y alientan el consumo de narcóticos entre los jóvenes. Estudio de la Corporación Nuevo Arco Iris. Se necesitan nuevas formas para combatir el delito.

Narcomenudeo y nuevos circuitos de violencia, azote de ciudades Foto: Foto: Juan Carlos Sierra

La criminalidad en las ciudades está cambiando. Desde hace más o menos dos años, los grupos armados tienen nuevas dinámicas que ya dejan ver cómo es que quieren conseguir dinero de forma ilegal, entre ellas la venta de drogas ilícitas.

Una reciente investigación de la Corporación Nuevo Arco Iris concluyó que “hay una estrategia por parte de algunas bandas criminales, llamadas también paramilitares, para abrir un mercado interno de narcóticos”, asegura Ariel Ávila, investigador de esa ONG.

El informe, conocido anticipadamente por Semana.com, será hecho público en los próximos días.

A esa conclusión se llegó después de encontrar situaciones parecidas en Bogotá, Medellín, Cali, Pereira, Armenia, Montería y parcialmente en Cúcuta.

El negocio que se ha detectado consiste en lo que podría llamarse ‘narcomenudeo’, que es promover masivamente el consumo de cocaína, bazuco, heroína, marihuana y drogas sintéticas dentro del país.

Básicamente, lo están haciendo por dos razones. La primera es la dificultad para exportar los narcóticos. “La política antidrogas está castigando muy duro las exportaciones.”, explica Ávila. La otra razón es que los narcotraficantes mexicanos se quedaron con una gran porción del mercado de drogas en las ciudades de Estados Unidos.

Entonces, de acuerdo con la investigación de Nuevo Arco Iris, los ‘narcos’ colombianos buscan recuperar en el mercado interno el dinero que pierden cuando se les caen los cargamentos.

Pedro Oliveiro Guerrero, alias 'Cuchillo' es un ex paramilitar y hoy uno de los narcotraficantes más buscados en el país. Se mueve por Guaviare, Meta, Casanare y Arauca. Todo indica que está posicionando su mercado de drogas en Bogotá, desde el sur hacia el norte, y en el Eje Cafetero.

En Medellín quieren hacer lo mismo Los Rastrojos, Los Paisas, Eric Vargas, que se hace llamar ‘Sebastián’, y Maximiliano Bonilla, alias‘Valenciano’.

Los métodos

Para quedarse con las plazas de vicio, aparentemente iniciaron campañas que llaman ‘limpieza social’ en las que están cayendo los denominados jíbaros o expendedores de vicio al detal. Pero lo que se ha notado es que no lo hacen para eliminar a esos vendedores de drogas ilícitos, sino para traer los propios.

Al mismo tiempo, esos jíbaros nuevos buscan volver consumidores a los muchachos de los colegios. “De una muestra de 25 colegios de Bogotá, pudimos confirmar con certeza que en 16 de ellos les estaban regalando a los jóvenes papeletas de cocaína, bazuco, heroína y marihuana”, comenta Ávila. Los obsequios los hacen durante un mes y luego, cuando los niños ya comienzan con la adicción, se las venden como a cualquier otro consumidor permanente.

El negocio crece. O sea que quien logra ser el único proveedor de drogas en una comuna, una localidad o un barrio, puede tener millonarios ingresos. Disputar el control de territorio para estos fines es una de las posibles causas de la violencia en las ciudades.

Pero el ‘narcomenudeo’ no es el único negocio ilícito que da plata. “Hay unos circuitos de violencia ilegal que están creando las bandas criminales y emergentes”, es una de las conclusiones del informe de Nuevo Arco Iris. Y eso es muy rentable para los delincuentes.

Pero, aunque es notorio lo que pasa en zonas de pobreza, también se han visto invitaciones a jóvenes de estratos altos para que consuman drogas. A estos muchachos no les ofrecen el bazuco que les dan a los pequeños de zonas periféricas, sino que les dan drogas sintéticas, que no se producen en Colombia. Suelen venir del exterior, particularmente, de la mafia italiana.

Cualquier joven de cualquier estrato que, por jemplo, pertenezca a barras bravas o que se identifique con algún grupo o tribu urbana es susceptible de recibir coqueteos por parte de los grupos ilegales, según encontró Nuevo Arco Iris.

“No hay que satanizar a los jóvenes que están en las barras bravas o a los que están en tribus urbanas. No es que ellos sean delincuentes por naturaleza, sino que las bandas criminales están tomando estos grupos como fuente de reclutamiento para la ilegalidad”, aclara Ávila. En los habituales enfrentamientos que estos jóvenes tienen, ahora están apareciendo, cada vez con más frecuencia, armas que normalmente no usaban.

Para adquirirlas, tienen que entrar en contacto con jíbaros o con personas que se dedican a actividades ilegales. Y ahí empieza un vínculo que termina en más violencia. Estos son los que Nuevo Arco Iris denomina ‘nuevos fenómenos de inseguridad’.

Además, esos circuitos de violencia se notan, por ejemplo, en el cobro de dineros a establecimientos comerciales a cambio de seguridad. También, en el uso de mercados que no pagan impuestos, como apuestas ilegales y prostitución, y en el cobro de extorsiones a transportadores, viviendas, tiendas, almacenes y cualquier negocio de barrio.

Estas situaciones se ven con mayor frecuencia en zonas periféricas o de estratos bajos. “Por lo que he visto, así ocurre en Bogotá, Medellín y Cali. En otras ciudades puede ser diferente”, enfatiza Ávila.

El investigador considera que es así porque en esas zonas hay más informalidad de la economía, que se convierte en un abono para que crezcan los mercados ilegales. Por ejemplo, es fácil que los grupos armados hagan de las suyas en sectores donde abundan vendedores ambulantes o negocios en las casas.

Además, sin prosperidad económica, los jóvenes encuentran en la delincuencia una posibilidad de ingresos. “La hipótesis a la que hemos llegado es que la estructura social de Colombia es supremamente rígida y excluyente. A la gente le parece que es más difícil progresar por las vías legales”, es la gran conclusión de la investigación sobre la violencia en las ciudades.

Todo eso plantea nuevas formas de combatir la delincuencia en las ciudades. La crítica que surge por parte de los expertos es que los métodos para afrontarla hoy día suenan precarios. Básicamente, se basa en incremento del pie de fuerza y en represión policial. “Todos esos fenómenos que salieron hace dos años, dan cuenta de que la política necesita otro enfoque”, concluye Ávila.

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.