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| 1/16/2016 10:00:00 PM

Nariño, un oasis en la gestión de la salud

Pese a la crisis del sector salud, varias clínicas y hospitales de Nariño sobresalen por su buena gestión y demuestran que en medio del caos hay excepciones. Todo un cuento pastuso digno de imitar.

Algo sucede con la salud en el departamento de Nariño. Y al contrario de lo que muchos se puedan imaginar, esta vez no se trata de las insólitas denuncias sobre paseos de la muerte, quiebra de hospitales, cierres de servicios de urgencias o protestas de trabajadores.

En cambio, en esa región del país el sistema de salud está lleno de buenas noticias. Prueba de ello es que en 2015 tres instituciones (una clínica y dos hospitales) terminaron el año con galardones o fueron destacadas por su buena gestión y por la calidad humana de los servicios que prestan. Hasta el ministro de Salud, Alejandro Gaviria, dijo a SEMANA que en ese departamento está no solo el mejor sistema público de salud sino que el hospital de Ipiales es el mejor de Colombia, sin contar otros de altísimo nivel.

Todo un oasis y una demostración de gestión pública que revela que la salud en manos del sector público puede funcionar. Pero ¿qué es lo que están haciendo las clínicas y hospitales de esa región que no se repite en el resto del país, en donde el 44 por ciento de las 953 empresas sociales del Estado presentan algún riesgo o están a punto de ser cerradas?

Las respuestas son tan obvias que parecen inverosímiles: los nariñenses han trabajado en una clara política de salud pública concertada entre Gobernación, municipios y directores de hospitales; humanizaron la atención, dotaron con tecnología de punta sus hospitales y hoy los habitantes tienen un alto sentido de pertenencia. Incluso, la gestión ha ido de la mano de un proceso de acreditación en salud certificado por Icontec. De las 32 instituciones acreditadas en Colombia, tres están en Nariño: el Hospital Universitario Departamental, el de Ipiales y el Infantil Los Ángeles.

En otro elemento del buen momento del sistema de salud nariñense, la EPS Emssanar se convirtió en la más importante del régimen subsidiado. Le va tan bien, que hoy maneja la salud en casi todo el suroccidente colombiano.

El ejemplo de la buena gestión del departamento en ese tema traspasó las fronteras. El Hospital Departamental Universitario de Nariño ocupó el puesto 32 en el último ranking que acaba de publicar la revista América Economía, que evalúa entre otras cosas la seguridad y la dignidad del paciente, el capital humano, la capacidad instalada, la gestión del conocimiento, la eficiencia y el prestigio de los hospitales y las clínicas públicas y privadas de América Latina.

Ese es un hecho bastante significativo si se tiene en cuenta que a la convocatoria hecha por la revista se presentaron 200 instituciones, de las cuales solo 42 clasificaron. De este selecto grupo 22 son colombianas, 19 de ellas privadas y las tres restantes pertenecen al sector público. Junto al Universitario de Nariño, comparten este honor el Hospital General de Medellín y la Clínica León XIII de la misma ciudad, que ocuparon en su orden los puestos 22 y 36 del escalafón.

Hace una década, el hospital de Nariño estaba al borde de la quiebra y en manos de la corrupción y la politiquería, y era inimaginable que fuera algún día ejemplo latinoamericano en gestión. Pero, sorprendentemente, en menos de diez años saneó sus cuentas y mejoró la atención hasta convertirse en referente nacional.

Para tener una idea del salto que dio ese hospital, basta decir que en 2012 facturaba un promedio de 50.000 millones de pesos y en 2015 esa cifra se triplicó. Entre los logros del hospital de Nariño están haber establecido en el país el primer banco de leche humana para lactar a recién nacidos y tener un índice de satisfacción de los pacientes del 95 por ciento. “Anteriormente recibíamos 800 quejas y 200 felicitaciones y ahora es al contrario”, explicó el gerente Wilson Larraniaga.

Luego vino la tecnología. Pese a las afugias económicas, sus directivos lograron comprar varios aparatos con tecnología de punta, entre ellos un acelerador lineal que costó 5 millones de dólares y sirve para atender a pacientes con cáncer con el que pueden “intervenir un tumor del tamaño de un grano, sin necesidad de cirugía. Es una máquina de alta precisión”, argumentó Larraniaga.

Para garantizar la estabilidad laboral de los trabajadores, acabaron con las polémicas órdenes de prestación de servicios y mediante contrato temporal le dieron estabilidad y prebendas sociales a 648 empleados. José Benavides, presidente de uno de los cuatro sindicatos de esa entidad, reconoce que pese a las dificultades que aún persisten en el sector salud, “contamos con un buen recurso humano, infraestructura y tecnología”.

“El hospital es un ejemplo que pese a contar con recursos limitados y sortear múltiples retos que nos exige la sociedad, con perseverancia y convicción se logra mantener y mejorar la gestión”, dijo la viceministra del ramo Carmen Eugenia Dávila.

En términos generales los líderes del departamento aceptan que en la salud se gestó una labor pública eficiente y que ese círculo virtuoso en ese y otros sectores arrancó en 2008 en la era del gobernador Antonio Navarro, que ha logrado permanecer y crecer.

El exgobernador Raúl Delgado cree que la buena racha de la salud se debió a la gestión de los gerentes “que llegaron a esos cargos como técnicos y no como cuotas políticas. En eso ayudó mucho los concursos de méritos hechos con universidades públicas”, argumentó Delgado.

En ese mismo sentido se expresó el ministro Gaviria: “En Nariño, como en el resto del país, hay problemas en la atención y oportunidad de los servicios, pero allí son más tolerantes porque saben que el personal médico y administrativo hace lo mejor para atenderlos, y no, como ocurre en el resto del país, que no los atienden porque alguien se robó la plata de la salud o porque otros están abusando de los servicios”. Sin embargo, no deja de reconocer que en ese departamento quedan serios problemas en algunos hospitales, como Tumaco o Barbacoas.

Además de la buena gestión, un factor adicional jugó a favor de la modernización del sistema de salud de Nariño. Según el exgobernador Delgado, el buen momento también coincidió con la bonanza de regalías, ya que por ese rubro llegaron recursos frescos por cerca de 30.000 millones de pesos, que sirvieron para irrigar la infraestructura de la red hospitalaria en los niveles I y II.

No obstante, algunos advierten que ese buen momento se puede ver amenazado si el nuevo gobernador, Camilo Romero, cede a las presiones de los políticos para que les entregue los hospitales, tal y como ocurre en otros departamentos o si no se hace un concurso objetivo y técnico para escoger los nuevos directores, quienes terminan su periodo en marzo. Precisamente, esa mezcla de politiquería y malos directivos llevó a la quiebra de los hospitales de Bogotá durante la época de Samuel Moreno.

Si esto ocurre quedaría en jaque la buena gestión de esos hospitales, que en últimas ha sido el as bajo la manga del éxito actual; de otra manera no se explica que mientras más de la mitad de las IPS están colapsadas por las billonarias deudas de las EPS, en Nariño eso no parece existir. El truco está en diversificar servicios y ofrecer especialidades que hacen mover la caja registradora para obtener nuevas fuentes de ingresos.

 Así lo hicieron varias entidades de ese departamento, la misma línea que aplican casas de salud de otras regiones que aparecen en el ranking. El Departamental de Nariño lo hizo con los servicios de radioterapia y radiocirugía; el Hospital Infantil Los Ángeles como uno de los mejores pediátricos de la región, a tal punto que fue galardonado en 2014 con el premio nacional Hospital Seguro; y la Fundación Hospital San Pedro, que en 2014 se convirtió en la primera en América Latina que hizo un implante craneal 3D de titanio.

Aunque suene a chiste pastuso, en materia de salud los nariñenses dieron sopa y seco, y es tal el prestigio de su sistema, que hasta los ecuatorianos se volvieron usuarios frecuentes de la red hospitalaria pública y privada de la región. Todo un cuento que vale la pena repetir.
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