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| 2/11/2017 12:00:00 AM

¿Por qué tantos negociadores en el proceso de paz con el ELN?

La delegación que negocia con el ELN tiene una veintena de personas y la comitiva guerrillera también es numerosa. ¿Qué tan bueno para el proceso es que haya tanta gente involucrada en una discusión con el tiempo en contra?

Al fin arrancaron en quito los diálogos de paz con la guerrilla del ELN. Fue posible instalar la mesa tras la liberación del político chocoano Odín Sánchez y de un soldado recientemente retenido por la guerrilla, mientras el gobierno sacó de la cárcel a dos insurgentes como gestores de paz e indultó a otros dos. Esos guiños y los discursos conciliadores de los jefes negociadores, Juan Camilo Restrepo por parte del gobierno y Pablo Beltrán por el ELN, produjeron un buen ambiente para el arranque. En la línea de partida, llamó poderosamente la atención lo numeroso de las delegaciones negociadoras.

El equipo del gobierno, encabezado por Restrepo, cuenta con dos ministros, Clara López y Juan Fernando Cristo, y dos senadores, Roy Barreras de La U y Germán Varón de Cambio Radical. Hay también dos generales retirados, Freddy Padilla de León y Eduardo Herrera Berbel. Y con ellos hay otra decena de personalidades, algunos con experiencia en negociaciones y otros en ciertos temas. Están ahí la jurista Mónica Cifuentes, el psiquiatra y psicoanalista Alberto Fergusson, el expresidente de Proantioquia Juan Sebastián Betancur, la periodista María Alejandra Villamizar, el asesor de Presidencia José Noé Ríos y los exministros Luz Helena Sarmiento y Juan Mayr, quienes estuvieron al frente de la cartera de Medio Ambiente, un asunto que será clave en la discusión con los elenos.

Todos son negociadores y el presidente les encomendó la misión de funcionar al estilo de un equipo de baloncesto en el que todos participan en la cancha o saliendo de ella cuando se requiera. Santos configuró un equipo amplio si se considera que hay que trabajar intensamente y que no todos los negociadores podrán estar de lleno en todos los ciclos, cada uno de los cuales tomará seis semanas.

Del lado del ELN la delegación no es menor. Junto al comandante Beltrán hay por lo menos cuatro pesos pesados de esa guerrilla: Israel Ramírez Pineda, integrante del Comando Central, Aureliano Carbonell y Bernardo Téllez miembros del Frente Nororiental, y Pablo Tejada, hermano de Antonio García, quien sorpresivamente no está en la fase pública de negociación. La delegación elena tiene además otros 16 integrantes, seis mujeres y diez hombres.

La amplitud de los equipos negociadores también obedece a que el proceso arranca con dos mesas simultáneas. En una se discutirá el mecanismo para hacer efectiva la participación de sociedad, y qué tan vinculantes serán las propuestas que formule la ciudadanía. Este eje es el primero de la agenda de seis puntos pactada. Los otros son: democracia para la paz, transformaciones para la paz, víctimas, fin del conflicto e implementación. Al mismo tiempo, en paralelo con el desarrollo de la agenda, otra mesa trabajará en medidas urgentes que moderen la intensidad del conflicto y aclimaten la paz. Allí se discutirán el secuestro, el reclutamiento, el desminado y las condiciones para un cese al fuego bilateral.

Pero que las delegaciones sean grandes también tiene que ver con el factor tiempo. Al gobierno Santos le resta apenas año y medio y el desafío es, si no firmar la llamada paz completa, cuando menos llevar el proceso con el ELN a un punto irreversible. Las delegaciones tratarán de recuperar el tiempo perdido en los tropiezos de la etapa exploratoria. “Vamos a negociar con seriedad y celeridad”, dijo Restrepo. En igual sentido, su contraparte, Pablo Beltrán, recordó el consejo del jurista Darío Echandía de que es mejor echar lengua que bala. Se requiere que ambas delegaciones encaucen la discusión hacia las metas concretas, que mantengan el liderazgo y no pierdan de vista que la paz es una cosa urgente. Que ciertamente negocien con sensatez y premura para que los tiros al fin desaparezcan. 

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