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| 4/8/2017 10:22:00 PM

Con peros reabre el nevado de El Cocuy

Aunque la reapertura de este Parque Nacional Natural después de trece meses de cierre genera alivio al norte de Boyacá, aún quedan muchos asuntos por resolver. Se estima que la afluencia de turistas en esta temporada será menor.

El jueves pasado una turista china se quedó sin visitar El Cocuy, ese nevado que soñaba con conocer. Hasta las cinco de la tarde esperó para que expidieran la resolución que reglamentaba la reapertura del parque y siquiera asomarse al pie del glaciar, pero no fue sino hasta la noche cuando el documento se firmó.

Al otro día empacó sus maletas y siguió su camino porque, si bien ya estaba firmada la resolución, las condiciones para entrar al parque no eran suficientemente claras. Así les pasó a otros extranjeros que atravesaron el mundo para conocer esta maravilla de la naturaleza ubicada dentro de un Parque Nacional Natural que lleva el mismo nombre y que está a unas diez horas en carro desde Bogotá (a 385 kilómetros de distancia) en los límites del norte de Boyacá y el occidente de Arauca. Lo grave es que esto mismo puede ocurrirle a los turistas que, emocionados con su reapertura, quieran visitarlo esta Semana Santa.

Después de trece meses de negociaciones entre el pueblo u‘wa (que tiene un resguardo que se traslapa con el parque), Parques Nacionales y el Ministerio del Interior, esta comunidad indígena que junto a un grupo de campesinos el 29 de febrero del año pasado bloqueó los accesos al parque y exigió su cierre definitivo, accedió a reabrirlo. Al menos temporalmente y con una condición: que de aquí a seis meses debe implementarse un estudio de impacto socioambiental que determine qué tan nocivo resulta el ingreso de turistas a este Parque Nacional Natural, ubicado entre los departamentos de Boyacá y Arauca y que en 2015 recibió 19.000 visitantes.

Ahora, según lo pactado en la resolución que expidió Parques Nacionales el 6 de abril: solo 306 personas podrán ingresar diariamente entre las 5 de la mañana y las 6 de la tarde (en la Semana Santa de 2014, por ejemplo, entraron 2.634 personas); transitarán únicamente por tres senderos que suman 25 kilómetros; y no acamparán al interior del área protegida, que comienza a los 4.000 metros de altura (el pico más alto del parque, el Ritacuba, mide 5.330 metros). La nieve, que era lo que más atraía turistas, será intocable y estos solo podrán llegar al pie del glaciar. Todas son medidas que Parques Nacionales propuso según estudios realizados por sus funcionarios durante la negociación.

El cierre del parque tuvo efectos nefastos en la economía de la región, tal como lo documentó SEMANA en una visita que hizo desde Soatá a El Cocuy durante el puente de reyes, una de las temporadas más altas para el turismo que se deriva del nevado. En esa fecha la mayoría de los operadores turísticos, restauranteros y comerciantes tenían cerrados sus negocios y 360 familias se habían desplazado a las ciudades.

Así de vacías lucían las calles de El Cocuy, el pueblo que recibe más turistas que vienen al nevado, durante el pasado puente de reyes a raíz del cierre del parque. Los efectos para la economía local fueron nefastos. Foto: Diana Rey Melo.

“Son parámetros provisionales, mientras salen los primeros resultados del estudio de impacto socioambiental y definimos qué tanto cuidado se debe tener”, le dijo Julia Miranda, directora de Parques Nacionales a Semana.com respecto a las nuevas condiciones para reabrir el parque. Pero, ¿es tan grave el impacto que han causado los turistas al ecosistema? “No, no es grave”, sostiene Miranda. Entonces, ¿por qué tomar medidas tan extremas que pueden causar más pérdidas económicas de las que hasta ahora ha causado el cierre del parque en la región (una región donde la mayoría de sus habitantes vive de prestar servicios relacionados al turismo)? “Porque si no lo hacíamos los u‘wa no aceptaban reabrir el parque y es preferible hacerlo por ahora bajo esas condiciones a cerrarlo indefinidamente”, contestó.

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De ahí se desprende el punto más álgido del asunto: los operadores turísticos de El Cocuy y de los otros ocho municipios que componen las provincias de Norte y Gutiérrez en Boyacá, piensan que la nación u‘wa utilizó el cierre del parque como caballito de batalla para conseguir una serie de deudas históricas que el Estado tenía con su pueblo y que se discutieron simultáneamente en la misma instancia en que se habló del cierre definitivo del parque: la mesa intercultural, una figura creada por el Estado y presidida por Ministerio del Interior para tender puentes entre el alto gobierno y los indígenas, los afros u otros movimientos sociales.

Dentro de las demandas adicionales que tenía el pueblo u‘wa estaba la construcción de la Vía de la Soberanía (un tramo de 80 kilómetros entre Cubará y Cúcuta), la gasificación de Cubará (un municipio por el que pasa un gasoducto y que paradójicamente no cuenta con ese servicio), la reubicación de las familias que viven sobre los pozos petroleros de la estación Gibraltar (que queda en una vereda de Cubará), el saneamiento de los resguardos, y otras necesidades de inversión social que se lograron.

Sin embargo, quienes participaron permanentemente fueron los u‘wa, el viceministro de Participación e Igualdad de Derechos Humanos del Ministerio del Interior, y Parques Nacionales. No los operadores turísticos directamente afectados por el cierre de El Cocuy, que solo estuvieron en una de estas mesas, realizada en noviembre del año pasado. De resto hicieron parte de tres reuniones más en las que estuvieron Luis Ernesto Gómez, viceministro de Participación e Igualdad de Derechos Humanos del Ministerio del Interior y algunos funcionarios de Parques Nacionales, pero jamás los u‘wa.

De ahí su molestia: “Nosotros no tenemos problema con las otras demandas que tenían los u‘wa, de hecho, nos parecen justas”, dice Marcela Sánchez, vocero de los operadores turísticos. “Lo que exigimos es que cuando se negocie sobre nuestro territorio nos inviten y nos dejen hablar con todos los involucrados, en este caso especialmente con los u‘wa”.

Lo complejo del asunto es que, por ahora, la negociación ya terminó y lo que viene es esperar seis meses para definir qué medidas de protección ambiental deben aplicarse para cuidar este ecosistema de posibles amenazas relacionadas a la actividad turística.

Entretanto lo que preocupa a los operadores turísticos -que sin duda están contentos con la reapertura del parque así sea en estas condiciones- es la prestación de sus servicios en los próximos seis meses, ya que las condiciones para hacer guianza o alojar turistas tomaron a muchos de ellos por sorpresa. “Ahora a los guías les exigen ser guías profesionales y a los hoteles u hostales tener registro único de turismo, cosa que muchos no tenemos”, dice un campesino que empíricamente aprendió a subir al nevado y que lleva más de 20 años subiendo con turistas.

Sin embargo, la resolución que expidió Parques Nacionales no es tan rígida. Justamente, consciente de que en la región la mayoría de guías y porteadores son campesinos que conocen los senderos y que están físicamente calificados para recorrer el parque, esta institución creó desde hace un tiempo la figura de “intérprete del patrimonio natural y cultural”, que se traduce en “guías locales”.

Así, bajo ese título, los mayores de edad que hayan asistido a la socialización del Plan de Ordenamiento Ecoturístico de este parque, que porten un uniforme o distintivo que los identifique como tal, que cuenten con la dotación mínima para desarrollar su actividad, y que hayan aprobado un curso de primeros auxilios, pueden entrar al parque con turistas. Ver aquí la resolución completa.

Así mismo, las cabañas que quedan en los territorios bajos que traslapan con el parque -entre los 3.500 y los 4.000 metros de altura- podrán alojar gente. “El problema es que cuando un turista lee en la resolución o en la prensa que no se puede acampar dentro del área protegida piensa que no puede dormir dentro del parque, se desanima y no viene pero lo que pasa es que el área protegida solo comienza desde los 4.000 metros de altura y las cabañas quedan todas debajo de esa altura”.

A ese tipo de confusiones se refieren los operadores turísticos cuando dicen que la resolución se presta para que, muy probablemente, esta Semana Santa la afluencia de turistas sea baja (el puente de semana semana es una de las temporadas más altas del turismo en esta región con un promedio de 5.000 visitantes).

Que el parque se abriera para Semana Santa sin duda fue gesto valioso, tanto de Parques Nacionales como del Ministerio del Interior y de los u‘wa (considerando que las únicas temporadas de turismo en la región son el puente de reyes, Semana Santa, junio y diciembre). El problema es que la resolución se expidió dos días antes de que gran parte de los colombianos comience a movilizarse a sus destinos de viaje y los operadores turísticos del norte de Boyacá no han podido digerir lo que el gobierno les pide. Muchos creen que al llegar al punto de acceso los funcionarios del parque les van a exigir una tarjeta de guía profesional o que a los hoteleros alguien les pedirá el registro nacional de turismo. Pero eso, al menos esta temporada, no va a pasar.

La misma Julia Miranda le dijo a Semana.com que por ahora no está claro cómo se harán cumplir las condiciones expuestas en la resolución en la práctica: “será algo que iremos implementando con el tiempo”. Y algunos operadores turísticos lo saben.

Sin embargo, muchos otros se asustaron y no llamaron a todos los turistas que les habían pedido que les avisaran una vez reabrieran el parque para ir porque “qué tal que les digamos que reserven y lleguen acá y no haya dónde quedarse. O peor, que lleguemos al parque y en el punto de acceso un guardaparques me pida el certificado del curso de primeros auxilios actualizado y no lo tengo porque como hace un año el parque estaba cerrado no lo he vuelto a hacer”, dijo un operador de la zona.

Ese es precisamente el común denominador de los campesinos que prestan servicios turísticos en El Cocuy y sus alrededores. Por décadas esa región estuvo aislada del resto del país por la presencia de las Farc y el ELN, y el parque natural fue un corredor estratégico para los grupos armados pues conectaba dos departamentos y era la puerta de entrada al interior del país.

Los campesinos que no estaban de acuerdo con el cierre y en especial aquellos que prestan servicios turísticos relacionados al parque se manifestaron varias veces para exigir su participación en la negociación. Foto: Diana Rey Melo.

Así, este territorio, que se pacificó hace nueve años, no estaba listo para recibir la demanda turística que surgió una vez el peligro pasó. Los campesinos y sus hijos, que desde siempre han subido al nevado sin ningún esfuerzo ni equipos adecuados para hacerlo, jamás creyeron necesario capacitarse y adquirir la dotación mínima para atender turistas, y ahora que existe una reglamentación detallada para hacerlo, muchos de ellos no cumplen con los requisitos: “algunos aprovechamos el año que estuvo cerrado el parque para capacitarnos y actualizarnos pero otros no”, cuenta Giraldo Barajas, dueño de la agencia Boyacá Travels, en El Cocuy.

De hecho, lo rudimentario de algunos servicios de guianza en donde el guía subía turistas con solo “un salchichón y Frutiño”, la precariedad (por falta de recursos) de los sitios de camping, o el ingreso desordenado de cerca de 400 caballos en temporada alta que se comían frailejones de más de cien años y que pisaban la vegetación, fueron algunos de los indicadores que le sirvieron a los u‘wa para argumentar que el turismo que se estaba haciendo allí impactaba negativamente el ecosistema.

Por eso, muchos operadores turísticos ven con buenos ojos la regulación del turismo que vendrá de ahora en adelante. “Queremos demostrar que si antes estaba un poco desordenada nuestra labor, estamos dispuestos a aprender lo que sea para seguir realizándola y cuidando nuestro territorio”, asegura uno de ellos.

Unos creen que la resolución va a diversificar el turismo en la región porque si antes el turista esperaba subir al nevado, acampar allá, bajar al día siguiente y luego irse, ahora tiene que demorarse más días para recorrer el parque y se le pueden ofrecer más actividades por fuera del parque como el avistamiento de aves, el senderismo o la visita a sitios como el cerro Mahoma -que tiene vista directa a la sierra de El Cocuy- y las lagunas de Las Lajas y Pachacual. Sin embargo, otros ven difícil que un turista que no sea montañista tenga el estado físico y la disposición de hacer un sendero por día, de los tres que ahora se encuentran abiertos.

El debate continúa y mucho más el conflicto de fondo entre los indígenas u‘wa (que reclaman la sierra de El Cocuy como ancestralmente suya) y los campesinos, que también habitan desde hace décadas la región. Más riesgoso resulta que los campesinos que iniciaron todo cuando el 29 de febrero de 2016 rompieron la carretera de acceso al parque y bloquearon la entrada pidiendo su cierre porque el turismo estaba haciendo que no les llegara el agua del nevado, pasaron a un segundo plano cuando el gobierno negoció únicamente con los u‘wa. Sus demandas (canales de riego, acueductos veredales y plantas de tratamiento de aguas residuales para los municipios de la zona) siguen en pie y según cuentan los lugareños, están prestos a manifestarse de nuevo si el gobierno no les pone atención.

Por lo pronto el estudio de impacto socioambiental que exigieron los u‘wa comenzará a realizarse bajo la coordinación técnica de Julio Fierro, un reconocido ambientalista que siempre ha asesorado a esta comunidad, y será ejecutado por la Universidad de Cartagena. Costará 2.000 millones de pesos (1.500 que aporta la gobernación de Boyacá y 500 de Parques Nacionales) y en seis meses debe arrojar un primer diagnóstico que diga qué tan grave es el impacto que causan los turistas en el parque. Algo que nunca se ha medido.

Los operadores turísticos insisten en que no es objetivo que los u‘wa hayan sido los que escogieron quién realizaba y coordinaba el estudio pero autoridades como Julia Miranda, directora de Parques Nacionales, y Luis Ernesto Gómez, viceministro de Participación e Igualdad de Derechos Humanos del Ministerio del Interior, difieren. “En ningún momento los u‘wa van a dirigir el estudio. Este debe ser ejecutado por una universidad con idoneidad para hacerlo como lo fue en un momento la Nacional y ahora la de Cartagena, además de expertos en el tema como Julio Fierro. Eso le da todas las garantías de que va a ser un estudio objetivo”, afirmó Gómez.

Lo que es claro es que se avanzó, al menos parcialmente. Habrá que ver si esta Semana Santa los turistas se animan a ir pese a lo recientes que están las nuevas condiciones para entrar al parque y prestar el servicio turístico.

Quizás el caso de El Cocuy sirva de lección para un país que poco aprecia sus maravillas naturales y que mientras los ciudadanos del mundo se mueren por verlas, el lastre de la guerra y un claro olvido estatal, las han dejado aisladas y poco preparadas para ser disfrutadas.

*Semana.com trató de contactar al vocero del pueblo u‘wa pero no fue posible.

Si piensa ir esta Semana Santa

Los senderos que están abiertos al público desde el 7 de abril, el día después de que fue expedida la resolución. Estos son:

– Ritacuba: desde la cota de los 4.000 m s.n.m, hasta el borde del glaciar del pico Ritacuba Blanco con una longitud de 5.000 metros dentro del Parque.

Capacidad de carga: 49 turistas diarios.

– Laguna Grande de la Sierra: desde La Cuchumba, hasta el borde del glaciar del Pico Cóncavo con una longitud de 9.400 metros dentro del parque.

Capacidad de carga: 175 turistas diarios.

– Lagunillas Púlpito: desde la cota de los 4.000 m s.n.m arriba de la cabaña Sisuma hasta el borde del glaciar del Pico Púlpito del Diablo con una longitud de 4.500 metros dentro del parque.

Capacidad de carga: 82 turistas diarios.

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