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| 3/21/2015 10:00:00 PM

Nicanor Restrepo, un grande que se fue

En un momento en que escasean los valores en la elite colombiana, la vida de Restrepo es un ejemplo para las nuevas generaciones.

La semana pasada Antioquia perdió uno de sus hijos más ilustres. Se quedó sin el empresario más destacado que ha dado esa tierra en el último siglo y el país perdió un colombiano ejemplar que trabajó por la educación, la justicia social, la ética empresarial y la paz.

Aunque desde hace algún tiempo padecía una penosa enfermedad, su muerte tomó por sorpresa a muchos. Nicanor Restrepo Santamaría era una de esas figuras que toda sociedad necesita, en especial en estos momentos de crisis de valores y cuando escasean los principios éticos y el espíritu cívico. Su vida se apagó el sábado 14 de marzo, pasadas las diez de la noche.

A pesar de que nunca le gustaron los homenajes, pues consideraba que lo normal en la vida es que una persona trabaje bien, recibió todos los honores. En la última semana, la prensa regional y nacional le rindió varios tributos. En Antioquia, el gobierno departamental decretó tres días de duelo y ordenó izar la bandera a media asta. El presidente Santos se refirió a él como el empresario modelo de Colombia y uno de los mejores hijos de la patria.

Restrepo Santamaría murió a los 73 años y marcó huella como empresario, demócrata, líder y hombre de paz. Una de las grandes lecciones que deja es la humildad con que actuó en su vida. Hace cinco años, la Andi casi no lo convence de recibir la Orden al Mérito Empresarial. Pasó mucho tiempo para que el dirigente antioqueño rompiera su regla y aceptara la distinción.

Esta anécdota muestra una de las facetas más sobresalientes de su personalidad: la sencillez. Si bien ocupó la presidencia de Suramericana, fue clave en la nueva orientación del Grupo Empresarial Antioqueño (GEA), y se codeó con las más altas esferas del poder, su vida pasó sin aspavientos y sin alardes de grandeza. Sin ser accionista del grupo que manejó, se pensionó a los 62 años, y se fue a recibir su jubilación, que como el mismo decía, era un modesto ingreso que no alcanzaba a ser ni siquiera el 6 por ciento de su último salario. Después de una carrera profesional activa, tomó un morral y se fue a París a estudiar y cumplir un sueño que no había podido realizar de joven por falta de recursos.

Fue un gran líder. Escogió a quienes serían los responsables de las organizaciones empresariales y los orientó bajo los principios éticos que él mismo aprendió de sus antecesores. Los actuales administradores fueron sus alumnos. Entre ellos, José Alberto Vélez, David Bojanini, Ricardo Sierra y Carlos Enrique Piedrahita (ya retirado).

Se preocupó por la responsabilidad de quienes administraban las compañías. Él los llamaba los “mayordomos”. Consideraba que en las empresas de hoy tenían mucha fuerza y por eso era tan importante morigerar su poder, a través de los códigos de buen gobierno corporativo que les dan obligaciones de rendir cuentas. Fue un defensor de la representatividad de figuras externas en las juntas directivas. Hoy todas las empresas del GEA llevan a sus juntas miembros independientes con rotación permanente.

Nicanor fue un pionero y llevó a la práctica el concepto de la responsabilidad social empresarial. Para él no era tan importante el P&G como el beneficio colectivo que debe ser un gran compromiso empresarial. Sobre su visión de región-país la historia le dio la razón. Fue partidario de que las empresas colombianas se conservaran en manos nacionales. Solía decir que si querían seguir jugando su papel como socios de progreso y desarrollo, la propiedad debería quedarse en casa. Los accionistas internacionales eran bienvenidos, siempre y cuando el control se mantuviera en Colombia.

Pensaba que las empresas deberían ser grandes y fuertes para acomodarse a la concepción global de los negocios. Este pensamiento fue vital para que las compañías antioqueñas permanecieran bajo el control del capital nacional. Mientras las más emblemáticas marcas como Avianca, Bavaria, Caracol, El Tiempo o Coltejer fueron vendidas, el GEA invirtió los papeles. Sus tres ejes, Argos, Nutresa y el Grupo Sura son jugadores de relevancia internacional.

Restrepo se comprometió con los temas que más lo apasionaban: la educación y la paz. Fue gran impulsor de Empresarios por la Educación (ExE), organización que busca generar condiciones de equidad, a través de mejorar la calidad de la educación básica. Consideraba que la educación es el mejor camino para alcanzar el desarrollo. Lograr que todo el que quiera estudiar pueda hacerlo debería ser un propósito nacional. También se interesó en la capacitación de los ejecutivos de las compañías.

Nunca se negó a participar en los procesos de paz. Ayudó en el gobierno de Belisario Betancur; fue conciliador entre el M-19 y el gobierno de César Gaviria. En 1997 hizo parte del grupo de colombianos -llamado Destino Colombia- que diseñó escenarios sobre el futuro del país, uno de los cuales apuntaba a los diálogos con los actores armados. Apoyó el proceso de paz del presidente Andrés Pastrana y poco antes de su muerte había llegado a la convicción de que su sueño de una Colombia en paz estaba a punto de cumplirse. Muchas veces dijo que esta era quizás la última oportunidad en muchos años que tenía el país para poner fin al conflicto interno.

A partir de 2004, Nicanor Restrepo nutrió al país de grandes reflexiones. Una de ellas es la siguiente que escribió para hacer un balance de su vida profesional y sus expectativas como pensionado. Estos son los consejos que dejó para quienes no han llegado a esta etapa, para los que se acercan y para quienes ya están en ella.
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