Sábado, 21 de enero de 2017

| 2003/12/08 00:00

Nieves en retirada

Imágenes de satélite muestran el dramático retroceso de los glaciares colombianos.

Arriba, glaciares de la Sierra Nevada de Santa Marta. Abajo, a la izquierda, Juan Pablo Ruiz (el de la mitad) y sus amigos en uno de sus primeros intentos de llegar a la cumbre del Tolima en 1975. A la derecha, el Picacho en 1985, cuando la roca comenzaba a quedar descubierta .

Los nevados de Colombia se están extinguiendo. Desde montañistas y caminantes veteranos hasta geógrafos y ecólogos expertos en interpretación de imágenes de satélites ven con preocupación que el retroceso de los glaciares es una tendencia que se ha mantenido en las últimas décadas.

Las consecuencias van más allá de una simple nostalgia por un paisaje que se pierde. En muchos de estos macizos montañosos nacen los ríos que proveen de agua a departamentos enteros como Magdalena y La Guajira o sectores de vital importancia para la economía nacional como el Eje Cafetero. No se sabe con seguridad cómo se afectarían sus caudales si los glaciares llegaran a desaparecer o si perdieran gran parte de su masa.

No hace falta remontarse demasiado en el tiempo para encontrar fotografías y testimonios de montañistas que vieron la nieve y aun glaciares en cerros que hoy se catalogan como páramos. Un ejemplo es el pico Nevado, en el macizo del Sumapaz, donde se vio nieve por última vez en los años 40.

En los años 60 y 70 en las clases de geografía se enseñaba que en el territorio que hoy conforma el Parque Nacional Natural de los Nevados existían cinco picos nevados: Tolima, Quindío, El Cisne, Santa Isabel y Ruiz. Hoy en día han desaparecido los glaciares del Quindío y El Cisne, y el Nevado del Tolima ha perdido de manera dramática su cobertura de hielo. En esos tiempos también se enseñaba que las nieves perpetuas comenzaban a 4.500 metros. Hoy, a esa altitud sólo se encuentran rocas y parches de nieves efímeras.

Juan Pablo Ruiz, miembro del equipo del Banco Mundial en Bogotá y encargado del área de manejo de recursos naturales, es un veterano montañista que estuvo en la cumbre del Everest. En la actualidad forma parte de la Expedición Manantial Siete Cumbres y durante 10 años escaló en Colombia, en compañía del fotógrafo Cristóbal von Rothkirch 65 picos de más de 4.200 metros de altitud. "En 1975, en uno de mis primeros ascensos al Nevado del Tolima, para llegar a un punto denominado El Picacho, a 4.700 metros de altitud, era necesario tener crampones (un accesorio con puntas de acero que se fija a la suelas de las botas) para avanzar. De hecho, nuestros primeros intentos de hacer cumbre fracasaron porque no teníamos crampones. Hoy se pasa por el Picacho sin haber tocado aún el hielo, que sólo se encuentra muy cerca de la cumbre".

En la Sierra Nevada del Cocuy o Güicán se presenta un fenómeno similar. Thomas van der Hammen, geólogo y paleontólogo holandés radicado en Colombia, hizo parte de diversas expediciones que se realizaron en 1958 con motivo del Año Geofísico Internacional. En su ascenso al Cocuy encontró glaciares en los Cerros de la Plaza a 4.325, 4.390 y 4.425 metros de altitud. "Hoy en día casi ninguno de los cerros del sector de La Plaza tienen glaciar, dice Ruiz. Hace 20 años el paso hacia la laguna de La Plaza en el costado norte de la Sierra, entrando por el Pan de Azúcar, y el paso en el costado sur de la sierra del Ritacuba Blanco a la laguna del Avellanal se hacían sobre hielo. Ahora se hace sobre un terreno mixto de roca y hielo".

En la Sierra Nevada de Santa Marta el área no se ha afectado tanto pero sí el volumen de hielo. "En 1991 escalamos la pared oriental del pico Tayrona, a 5.040 metros de altitud, y el grosor del glaciar permitía una escalada franca en hielo. En 1998 el glaciar estaba tan delgado que al enterrar el piolet ya tocábamos roca", señala Ruiz.

Fernando Salazar, biólogo y cartógrafo especializado en levantamientos rurales y ecología del paisaje, ha hecho un seguimiento del retroceso de los glaciares de Colombia. Para ello ha estudiado imágenes enviadas por los satélites Landsat en los últimos 15 años mediante el programa Ilwis, desarrollado por el Instituto Internacional de Ciencia Geoinformática y Observación de la Tierra (ITC), con sede en Enschede, Holanda. La nueva tecnología disponible facilita remuestrear con precisión las imágenes con información cartográfica y de GPS, y, de ese modo, obtener figuras comparables que permiten ver y medir los cambios en el territorio con el paso del tiempo.

Los satélites Landsat barren la superficie terrestre en órbitas polares y cada 16 días pasan por el mismo lugar. Sin embargo el alto costo de estas imágenes les impiden a países con poco presupuesto para investigación 'bajar del satélite' todas las fotografías. Además, en el caso de Colombia y en especial de las regiones montañosas y de selvas, no siempre está despejado cuando las capta la cámara del satélite.

Salazar ha trabajado con imágenes del archivo del Earth Science Data Interface (Esdi) de la Universidad de Maryland y esto le ha permitido armar poco a poco una imagen del país y cómo este cambia con el paso del tiempo.

Al comparar diversas figuras de los glaciares de la Sierra Nevada del Cocuy, el Parque de los Nevados y la Sierra Nevada de Santa Marta de mediados de los 80, los 90 y los últimos dos años, es evidente que la tendencia es dramática.

Lo que Salazar ha observado en su computador es ratificado con cifras por Gonzalo Arango, subdirector de Ecosistemas del Ideam, quien le suministró a SEMANA un estudio en el cual se muestra el progresivo deterioro de los nevados con base en información suministrada por imágenes satélite. Arango, también montañista de vieja data, corrobora las apreciaciones de Ruiz.

Las razones de este retroceso aún no se han establecido. Se presume que el calentamiento global tiene mucho que ver en el asunto y de eso da fe Ruiz, quien ha sido testigo del retroceso de los glaciares en el Kilimanjaro (el pico más alto de Africa), el Elburz, en Rusia cerca de la frontera con Georgia (el más alto de Europa) y en los glaciares del Himalaya.

Pero Ruiz cree que también inciden factores locales. "Las cenizas que llegaron al Cocuy tras la erupción del Ruiz en 1985 crearon una capa térmica que le impide al glaciar liberar en las noches el calor que recibe de día". También considera que el mal manejo de páramos y bosques de niebla circundantes tiene una relación directa con el problema. Pone como ejemplo el Nevado del Huila, cuyo entorno está bien preservado y donde él observó glaciar desde los 4.600 metros de altitud, "lo que ya no se ve en ninguna otra parte del país". Según Ruiz, la cobertura vegetal en los bosques de niebla y páramos absorben parte del calor del sol. Cuando esta disminuye o desaparece, "por refracción se calienta el ambiente y el glaciar se resiente. Las nevadas poco ayudan porque sólo una mínima parte de la nieve se incorpora al glaciar. La gran mayoría se derrite", dice Ruiz.

Las imágenes de satélite y la evidencia sobre el terreno deben verse como un llamado de atención para que las autoridades tanto locales como globales estudien más de cerca este fenómeno y encuentren soluciones para evitar la desaparición de los glaciares en Colombia y otros lugares del mundo. "Lo que sucede en los glaciares no es más que la punta del iceberg de procesos de deterioro ambiental que no estamos viendo", señala Salazar, quien considera que este es un indicador de procesos mucho más difícil de medir, como cambios en otros ecosistemas y la consecuente pérdida de la biodiversidad en otras latitudes y altitudes.

"Los señores de Güicán y Cocuy, en vez de pelear por cuál debe ser el nombre de la sierra, deberían competir por ver cuál de los dos preserva mejor los bosques y los páramos de sus municipios", remata Ruiz.

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