Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

| 12/7/2013 4:00:00 AM

Los niños que no están bien por cuenta del conflicto

Un nuevo estudio sobre los menores de 18 años que han sido víctimas del conflicto armado revela que la huella que dejó en ellos es más emocional que física.

Si el proyecto del país es apostarle a la paz, el trabajo será monumental. Ahora que se está comenzando a dimensionar el impacto de la guerra en las víctimas, un reciente estudio abre todo un nuevo capítulo, esta vez sobre la situación de la población infantil en el contexto del conflicto.

El trabajo, hecho por el Instituto de Bienestar Familiar con la ayuda de Unicef y la Organización Internacional de Migraciones, con una muestra de más de 1.600 niños y adolescentes, reveló un panorama preocupante: de los cinco tipos de víctimas analizados –desplazados, desvinculados de grupos armados, abusados sexualmente, heridos por minas antipersona y huérfanos–, “todos tienen algún tipo de afectación psicológica aunque cada grupo de manera diferente”, dice Clemencia Ramírez, oficial de investigaciones de la OIM y directora del trabajo.

Esto quiere decir que en mayor o menor grado y según el acto de violencia que sufrieron, presentan problemas de empatía, sentimientos de culpa, baja autoestima, comportamientos agresivos, tristeza, miedo o ansiedad, entre otros. Esto es una señal de alarma porque todo ese impacto emocional puede interferir en su percepción del mundo de cara al futuro. Por ejemplo, los niños que han sido víctimas de minas antipersona tuvieron mayores puntajes en problemas afectivos relacionados con esa cicatriz, como el aislamiento, lo cual tiene lógica, según Claudia Guarnizo, del ICBF, “porque se sienten diferentes a los demás debido a ese estigma”.

De toda la muestra, sin embargo, unos parecen más afectados que otros. La situación de los niños víctimas de la violencia sexual llamó la atención debido a que su caso es grave, pero no ha sido tan visible como el de aquellos reclutados en los grupos armados. En ese orden le siguen los desvinculados, que muestran altos puntajes de afectación en los indicadores estudiados. En el escalafón de riesgo, el tercer lugar lo ocupan los huérfanos (ver recuadros).

En algunos casos el puntaje que alcanzaron en ciertos indicadores emocionales raya en el límite, lo que indica que están en riesgo de presentar un cuadro clínico o trastorno mental, como el estrés postraumático. Este dato es significativo si se tiene en cuenta que la muestra estudiada ha recibido algún tipo de intervención psicológica. Esto podría indicar que muchos de los niños víctimas del conflicto que no han recibido atención psicosocial podrían estar en una peor situación. El estudio también reflejó que cuando el menor ha vivido un cúmulo de experiencias violentas, “la afectación es mayor y más profunda”, añade Martha Isabel Tobar, directora encargada de protección del ICBF.

La encuesta hace visible que el impacto depende del género y la edad. Desde esa perspectiva, las niñas –especialmente las de comunidades indígenas– estarían en mayor riesgo debido a que tienen una menor resi-liencia, que es la capacidad para volver a reconstruir la vida a pesar del evento violento al que se estuvo expuesto. Los menores de 12 años presentan problemas de peso y de desarrollo. y son menos resilientes y empáticos.

Un aspecto interesante del trabajo es que se indagó sobre los juicios morales de estos niños. Según Martínez, el ser humano comienza a diferenciar entre el bien y el mal hacia los 7 años. “En situaciones normales, ellos crecen con figuras paternas y se empiezan a dar ciertos procesos como el respeto a la autoridad y el deber ser, que le servirán para vivir en sociedad”, explica la investigadora. Sin embargo, el estudio mostró que algunos de los niños afectados, en especial los desvinculados, tienen una distorsión de la realidad, pues diluyen la responsabilidad, minimizan sus actos o “se lavan las manos posiblemente porque hicieron cosas que no eran comprensibles para su edad”, añade Martínez.

El reto de intervenir a estos niños con programas psicosociales es enorme, pues no se pueden utilizar estrategias homogéneas sino que se requieren formas de atención que respondan a las necesidades de cada uno. Esto es necesario para recuperar la confianza, la emoción, la empatía, la aceptación de la autoridad y la forma en que se relacionan y establecen los vínculos con otras personas. Lo importante es que estos resultados se reflejen en las políticas públicas. “La política de infancia y adolescencia de hoy debe ser distinta a la del año 2000 porque tenemos un estado emocional y de salud mental en esta población que nos pone retos diferentes”, dice Tobar.

Este tipo de acciones es crucial para la paz. El trabajo mostró que muchos de los niños desplazados tienen rabia, ira y tristeza. A esto se suma un bajo nivel de escolaridad y una limitada proyección de futuro. Las palabras de Camilo, un niño de 11 años que participó en la muestra del trabajo, son elocuentes para mostrar el cuadro: 

“No es que uno esté bien bien que digamos, siempre quedan recuerdos… Y como a mi mamá se le metió que uno tiene que aprender a perdonar… ¡Perdonar! Pero usted sabe que eso es difícil pa’ uno. Lo que le hicieron a mi mamá, pa’ uno perdonar es muy difícil. Mi sentimiento más frecuente es la tristeza, la tristeza y la decepción, uno se decepciona por no haber ayudado a la mamá”.

LAS VÍCTIMAS DE VIOLENCIA SEXUAL

Su capacidad para sentir alegría y hacer nuevas relaciones se ha disminuido por el trauma sufrido.

Pese a que la muestra fue muy pequeña –nueve personas– los resultados muestran que es una población muy afectada, a la que se le ha dado muy poca visibilidad. En ellos, los sentimientos de culpa y de tristeza fueron altos. Lo mismo sucedió con los procesos emocionales internos como el aislamiento, la ansiedad y los problemas de atención. 

Con mayor frecuencia que los demás afectados se quejan de problemas psicosomáticos, es decir, de condiciones de salud física como dolores de cabeza o de estómago que se originan en su estado emocional. Esto es importante porque el síntoma físico esconde la verdadera causa del sufrimiento. Estos niños presentan conductas agresivas y están en mayor riesgo de sufrir estrés postraumático.

LOS HUÉRFANOS

Cuando falta la madre están en mayor riesgo de depresión y ansiedad clínica.

Los padres fueron asesinados o desaparecidos y en el 75 por ciento de los casos eran propietarios de tierras. Los niños pertenecen en su mayoría a comunidades indígenas. Cuando son huérfanos de ambos padres, quedan al cuidado de su familia extensa. Cuando lo son de madre, tienen una mayor tendencia a la depresión y la ansiedad. En general tienen dificultades con su estado de ánimo y menores niveles de felicidad. Se preocupan demasiado, sienten culpa y muestran además problemas de atención y concentración, así como dificultad para relacionarse con los demás.

LOS DESVINCULADOS

Tienen más bajo nivel de escolaridad . Resultaron ser los más afectados en la mayoría de indicadores estudiados.

De la muestra de 338 niños desvinculados se estableció que las Farc son el mayor reclutador de niños y la edad promedio es de 16 años. El estado de bienestar del grupo preocupó a los investigadores porque sus miembros presentan puntajes altos en los indicadores asociados al afecto, como pensamientos constantes sobre la muerte y una capacidad baja de sentir alegría y felicidad. 

Lo más inquietante son sus procesos de juicio, pues tienden a presentar una distorsión de la realidad y a responsabilizar a otros de sus comportamientos, o minimizan las consecuencias con frases como: “Lo que yo hice no fue tan malo”. Son niños que han estado separados de sus padres desde edades tempranas y que tienen problemas para aceptar la autoridad, dificultad para manejar sus relaciones y que sufren del estigma social de haber pertenecido a algún grupo armado.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 1842

PORTADA

La voltereta de la Corte con el proceso de Andrade

Los tres delitos por los cuales la Corte Suprema procesaba al senador se esfumaron con la llegada del abogado Gustavo Moreno, hoy ‘ad portas’ de ser extraditado. SEMANA revela la historia secreta de ese reversazo.