Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2009/01/25 00:00

“No hay Cancillería”

El ex presidente Andrés Pastrana explica por qué se embolató el TLC, qué pasa con el conservatismo y por qué la segunda reelección es un grave error.

“NOEMí sanÍn debe estar en el abanico de candidatos presidenciales”

Cercanao a los Demócratas, amigo del vicepresidente Joe Biden y muy de los afectos de los Clinton, Andrés Pastrana pasó por Bogotá de camino a España, recién llegado de la posesión de Obama. Lo invitamos a la guillotina, pero trajo su propio canasto. Dentro, la cabeza del Canciller, las de muchos de sus antiguos compañeros del conservatismo, el TLC y la segunda reelección.

GUSTAVO GÓMEZ: ¿Cómo le fue en la posesión de Obama?

ANDRÉS PASTRANA: Llegué impresionado con el fervor de la gente y el cariño que le demuestran. De una manera muy inteligente, aprovechó el discurso para recordarles que están en crisis y bajarles la temperatura a las expectativas que tienen puestas en él.

G.G.: ¿Cómo nos ve él?

A.P.: Sabe de la importancia de Colombia en la región y tiene muy claro que somos uno de sus grandes aliados.

G.G.: ¿Los imperdonables episodios de falsos positivos nos van a enturbiar las relaciones con Estados Unidos?

A.P.: Los falsos positivos son la espada de Damocles de la Seguridad Democrática, y si nosotros no entendemos, menos van a entender ellos. Por eso el Ministro de Defensa tiene que moverse rápido para explicar lo que pasó y sanear las Fuerzas Armadas. Santos puede bajarles el tono a los falsos positivos aquí, pero no afuera.

G.G.: ¿Esos falsos positivos afectarán la aprobación del TLC?

A.P.: Veo muy difícil la firma del TLC. No sólo por lo de los falsos positivos, sino por las dificultades económicas de Estados Unidos.

G.G.: De toda la gente que rodea a Obama, ¿quiénes son los más cercanos a Colombia?

A.P.: Son afectos a nosotros la secretaria Clinton; el vicepresidente Biden, nada ajeno a los problemas de Colombia y muy buen amigo, y el secretario de Asuntos de los Veteranos, Shinseki, que era el hombre fuerte del Ejército cuando instrumentábamos el Plan Colombia. Están en el interés de ayudarnos en lo que tiene que ver con el Plan.

G.G.: ¿Vamos a pagar la cuenta de cobro de haber descuidado a los demócratas?

A.P.: A los demócratas se les abandonó, después de haber sido ellos, de la mano con mi gobierno, los ideólogos del Plan Colombia. Clinton me dijo: "Nunca deje que el Plan caiga en la política interna de Estados Unidos, porque ese será su fin".

G.G.: ¿Uribe desatendió ese tipo de consejos?

A.P.: Efectivamente, caímos en su política interna y eso lo estamos sufriendo hoy. Fíjese que en la tradición de Estados Unidos, el Presidente electo primero se reúne con los vecinos, Canadá y México, y luego con los demás presidentes. A mí me tocó la tercera reunión y ahora no sé qué pasará, porque creo que faltó consentir a los demócratas.

G.G.: ¿En realidad, le preocupa el futuro del Plan Colombia?

A.P.: Es que la política de Seguridad Democrática está basada en el Plan. Parte de los dineros del Plan Colombia se fueron ahora para el Plan Mérida, en México; no buscaron recursos adicionales, sino que nos quitaron plata. Si no financiamos el Plan, no financiaremos más Seguridad Democrática.

G.G.: ¿Está de acuerdo con Uribe en que el próximo presidente tiene que mantener la Seguridad Democrática?

A.P.: La política de Seguridad Democrática está en la propia Constitución y se hizo efectiva el día en que las Farc se pararon de la mesa. Si las Farc no están dispuestas a negociar, no habrá candidato alguno que no siga persiguiendo a estos narcoterroristas.

G.G.: ¿Usted se animaría a ser el presidente que mantenga la Seguridad Democrática?

A.P.: Dentro de mis aspiraciones no está regresar a la Presidencia.

G.G.: ¿Uribe ya cumplió su tarea?

A.P.: Sí, y no puede estar en juego cada cuatro años la reforma de una Constitución para propósitos electorales. Obama dijo en su discurso que están en el lado equivocado de la Historia quienes se aferran al poder, porque internacionalmente no se entienden estas modificaciones de la Constitución para fines personales.

G.G.: ¿Se sostiene en que Uribe y su Canciller la embarraron al nombrar la Misión Asesora de Asuntos Exteriores con cabida de extranjeros, o reconoce que quien se equivocó fue usted al criticarla?

A.P.: Me sostengo: la política exterior de un país la manejan los nacionales. Esa misión va a suplantar en parte la tarea de la Comisión Asesora de Relaciones Exteriores. Si el Canciller convoca una misión para que nos cuente dónde está Colombia en el mundo, lo que eso significa es que no hay Cancillería.

G.G.: ¿El Canciller se raja?

A.P.: En este momento, sí.

G.G.: ¿Usted no le devuelve llamadas al Canciller?

A.P.: Podré ser todo, menos maleducado. Hemos devuelto las llamadas, así que lo importante es que la secretaria del Canciller le informe bien.

G.G.: Hubo reunión de la Comisión y usted no asistió. A la de hace un año fue, pero hubo agarrón con Uribe por el acuerdo humanitario. Seguimos varados en ese asunto…

A.P.: El acuerdo humanitario hay que hacerlo. En mi gobierno más de 400 soldados y policías regresaron a sus casas a cambio de 12 guerrilleros enfermos. Ahora, en el de Uribe, tenemos que ponernos felices porque regresan 10 ó 15. ¡Y seguimos enredándonos en el punto de si hay o no presencia de la comunidad internacional! Si el mundo está dispuesto a ayudar a Colombia, pues invitemos al mundo.

G.G.: Lo más cerca del mundo que tenemos es Venezuela, Ecuador y Brasil, que prestará el apoyo logístico. ¿Le parece bien que participen los otros dos países en las liberaciones?

A.P.: ¿Por qué no? Venezuela fue clave en el proceso pasado, hasta cuando Uribe desautorizó el mecanismo que le había aprobado a Chávez.

G.G.: El Canciller dijo que Uribe lo va a llamar a ponerlo al tanto de lo que se habló en la Comisión. ¿Hablaron?

A.P.: Atenderé las llamadas que sea necesario, pero déjeme aclarar que la de Relaciones Exteriores no es una comisión telefónica; en la Comisión los temas se discuten, no se informan después de las reuniones.

G.G.: A Noemí Sanín, ¿la dejamos de embajadora?

A.P.: Cumplió su tarea afuera y, ante la posibilidad de que se abra un abanico de aspirantes a la Presidencia, ella debe estar en el juego.

G.G.: Anda en mucha reunión por aquí, pero ¿no tiene la impresión de que le da algo de vergüenza ser conservadora?

A.P.: Me parece que la han malinterpretado. Es una conservadora que ha buscado, como yo, espacios suprapartidistas.

G.G.: ¿El conservatismo es la fuerza que decide o la fuerza que no se decide frente a cuestiones como la segunda reelección de Uribe?

A.P.: Es la fuerza que no se decide. Ha sido el soporte fundamental del gobierno de Uribe, pero ha demostrado que cuenta con mayorías importantes y tiene que presentar candidato, y dejarle abierta la posibilidad de buscar otro tipo de coaliciones. Excepto el Polo, en este momento tenemos afinidades ideológicas con todos, incluidos los liberales.

G.G.: ¿Luis Alberto Moreno debe concentrarse en su reelección en el Banco Interamericano de Desarrollo o debería empezar a pensar en su primera elección aquí?

A.P.: Luis Alberto es un hombre que lleva cerca de ocho años fuera del país y entiendo que culminará su obra y su trabajo allá. Ha dicho que quiere la reelección.

G.G.: ¿No lo ve como presidente de Colombia?

A.P.: Lo veo como presidente del BID. No se le olvide que a la gente hay que creerle.

G.G.: ¿Fue un buen canciller Fernando Araújo?

A.P.: Le tocaron tiempos de grandes dificultades, pero fue un buen canciller.

G.G.: ¿Le alcanza la buena imagen para ser presidente?

A.P.: Eso sí está por verse, después de que el partido fije reglas.

G.G.: ¿El pastranismo pesa tanto como para que el candidato conservador necesite su bendición?

A.P.: Hay una gran discrepancia entre Pastrana y el partido: este no es el conservatismo de Caro, Ospina, Pastrana y Gómez. El de ahora es un partido que ha perdido su norte moral. 'Jorge 40' declaró que se había reunido con conservadores y no le he oído pedir al presidente del partido los nombres. Es más: el presidente de la colectividad debe solicitarle al Departamento de Justicia de Estados Unidos que nos colabore en la tarea de saber quiénes fueron.

G.G.: Una del Caguán: 10 años después, ¿le queda un sabor amargo de la silla vacía?

A.P.: Recuerdo una frase del ex primer ministro del Canadá Mulroney, que, cuando vio una foto de la silla en el New York Times, me dijo: "Andrés, el que quedó mal fue el que no fue". Para mí pudo haber un mal sabor, pero para las Farc significó un gran error.

G.G.: Se nos viene una segunda reelección, máxime con el voto que dejó servido Parody. ¿La va a pasar en Colombia o en el exterior?

A.P.: Aquí, donde estoy desde cuando regresé de Washington, pero no va a haber tercer período porque el Presidente entenderá que no le puede hacer ese daño al país.

G.G.: Eso dice usted, pero Uribe piensa otra cosa. ¿O cómo se explican aquellas vergonzosas extras de media noche?

A.P.: Fue un mensaje clarísimo, pero espero que el Presidente recapacite y entienda que ese fue un error.

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