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| 5/4/1987 12:00:00 AM

"NO CREO QUE GOBERNAR SEA UN OFICIO DE RELACIONES PUBLICAS"

El Presidente concede a SEMANA la primera entrevista desde su posesión

"NO CREO QUE GOBERNAR SEA UN OFICIO DE RELACIONES PUBLICAS" "NO CREO QUE GOBERNAR SEA UN OFICIO DE RELACIONES PUBLICAS"
Había sido sin duda una de las semanas más agitadas para el gobierno. La prensa, los gremios y la oposición conservadora, se haban dedicado a cuestionar la política de orden público de la administración del presidente Virgilio Barco. Este les haba salido al quite desde el mismo lunes, con un discurso en la cumbre de gobernadores, intendentes y comisarios, en el que, en una frase que todo el mundo interpretó como una "pullita" contra los gremios, les recordó "los deberes sociales de los particulares". El Primer Mandatario fue más lejos y se refirió, sin mencionarlo, a una frase del presidente de la ANDI, Fabio Echeverri, asegurando que resulta "absurda una afirmación que simultáneamente hable del éxito de las empresas y de las dificultades que vive la sociedad". Los gremios, que celebraron el miércoles una reunión de la que supuestamente iba a salir una carta al Presidente, parecieron finalmente recoger velas, mientras el gobierno utilizaba la Primera Cadena de televisión para reproducir las intervenciones de los ministros de Gobierno, Fernando Cepeda, y de Defensa, general Rafael Samudio, y de otros funcionarios, en la cumbre del lunes. El objetivo del gobierno era el de demostrar que las cifras que días antes habían sido presentadas por la prensa liberal y conservadora como escandalosas en materia de orden público, no lo eran tanto a la luz de los antecedentes de 1984, 1985 y 1986, para el mismo período, el primer trimestre del año.
En este ambiente, SEMANA solicitó al Palacio de Nariño una entrevista con el Primer Mandatario, quien desde el 7 de agosto nunca había concedido una a la prensa nacional. El presidente Barco aceptó recibir a SEMANA el viernes a las 5 de la tarde, poco antes del cierre de esta edición.
El reportaje duró unos 20 minutos, pues el Jefe de Estado tenía una agenda muy apretada para esa tarde. De seguro, muchas preguntas debieron quedarse entre el tintero, ya que agotar los temas hubiera resultado interminable. Pero en el breve lapso de la entrevista, hubo tiempo para algunos apuntes del Primer Mandatario, quien los calificó de "prueba de humor cucuteño". A lo largo del reportaje, bromeó repetidamente con el fotógrafo Lope Medina, a quien le dijo después de que éste hubo agotado el primer rollo: "Yo debería tener otra corbata aquí en el despacho para que no queden todas las fotos con la misma". Mientras afuera no terminaba de caer el aguacero que había comenzado al mediodía, se fue desarrollando el cuestionario. El siguiente es el texto completo de la entrevista.
SEMANA: Señor Presidente, esta semana usted le "madrugó" a los gremios con su intervención del lunes.
Pero la verdad es que las críticas a su administración no sólo han venido de los gremios, sino de amplios sectores políticos y de la prensa que respaldaron su candidatura. ¿A qué atribuye usted esto?
PRESIDENTE BARCO: Hay un nuevo estilo político que cambía muchos hábitos del pasado. Todo el mundo quiere que le cuenten al oído los planes y las decisiones del gobierno. No se dan por enterados si esos planes y esas decisiones aparecen en documentos que son públicos y que están recogidos, algunos de ellos, en cuatro tomos que llevan el nombre "Así estamos cumpliendo". Y en 56 intervenciones públicas que he hecho y que han sido difundidas por la radio y, en ocasiones, por los periódicos y otros medios, parcial o totalmente, se encuentran explicaciones del desarrollo de esas políticas y de esos programas.
S.: Permítame que lo interrumpa, pero es que mucha gente opina que sus intervenciones públicas no son tan claras...
P.B.: Mis discursos son rigurosos, van al punto. No me sorprendería que muchos siguieran creyendo que los discursos presidenciales deben ser retóricos y más o menos atractivos, pero nada más. Si usted relee el discurso de posesión encontrará allí los lineamientos básicos de mi gobierno propuestos durante la campaña y, ahora, convertidos en acciones de gobierno que estamos ejecutando. Creo que este es un factor que explica buena parte del desasosiego que exhiben algunos dirigentes.
S.: Señor Presidente, las críticas son también a lo que podría llamarse "el estilo de gobierno"
P.B.: Gobernar en Colombia se había vuelto casi un oficio de relaciones públicas: a quién seducir, a quién halagar... Yo tengo un concepto diferente del Estado. Me parece que hay que superar la etapa del canapé republicano y democratizar el trato, la información, el proceso de decisiones. El Presidente no puede andar en almuerzos, cocteles, tenidas, tertulias, tés. No niego que ello resulta grato pero lleva forzosamente a un descuido de los asuntos vitales del Estado. Se paga un precio. Pero confío en que la verdad de la situación se irá imponiendo. Por otra parte, hay sectores que ven con temor la estrategia de cambio. Y, sin duda, la oposición conservadora ha hecho de la exageración excesiva de la realidad, una táctica permanente y, en ocasiones, efectista.
S.: En términos del proceso de paz, ¿qué espera usted haber obtenido al final de su gobierno?
P.B.: Las estrategias de cambio político, social, económico, convencerán a las gentes de la bondad de nuestras instituciones y de las ventajas de crear las condiciones más favorables para el progreso de nuestra patria. Tengo fe y optimismo en Colombia. No participo del pesimismo de quienes se han colocado en una posición negativista con respecto a todo.
Las experiencias de cambio, el fortalecimiento de nuestras instituciones, el respeto al desacuerdo, deberán convencer a quienes aún persisten en la vía armada que, si tienen un auténtico interés por Colombia, lo indicado es que se incorporen a la vida civil para competir por la vía electoral por el predominio político.
S.: Pasemos a otro punto crítico, el del narcotráfico. A raíz de la decisión de la Corte Suprema de Justicia, quedó en sus manos, señor Presidente, la decisión de extraditar a los nacionales. ¿Va a hacerlo?
P.B.: La extradición como instrumento jurídico está, en este momento, sometida a una gran controversia.
Contra lo que usted cree, no hay claridad. No es evidente que el Presidente pueda extraditar, como lo cree la Sala Penal de la Corte Suprema. Esa opinión de la Sala Penal no es definitiva. Podría, por ejemplo, ser desestimada por la sala plena de la Corte o por el Consejo de Estado en una opinión de su Sala de Consulta. He escuchado las más contradictorias opiniones por parte de juristas muy eminentes. Creo que en los casos dudosos debemos ser prudentes. Y en aquellos que son claros, proceder sin vacilaciones. El compromiso de este gobierno con la lucha contra el narcotráfico es indudable. Así lo reconocen propios y extraños cuando miran en forma desprevenida las realidades.
S.: Señor Presidente, aunque ocho meses es un período muy corto, ¿podría decirnos cuál considera hasta este momento, la más importante, realización de su gobierno?
P.B.: Es difícil decir que una política es más importante que otra. Le diría que los cambios políticos, la reforma tributaria, el fortalecimiento de las regiones y municipios, los programas de modernización de la justicia y, sin duda, el Plan de Rehabilitación que estamos realizando, constituyen algunas de las realizaciones más importantes de estos primeros ocho meses. Las presentaciones que hicimos ante la Cuarta Reunión de Gobernadores, Intendentes y Comisarios y que la opinión pública conoció por la televisión, explican los cambios de carácter político y los alcances de la tarea de la rehabilitación y por esta razón, no vuelvo sobre estos puntos. La reforma tributaria, que fue tan combatida por la oposición, sigue su marcha y ya ha producido efectos muy benéficos. Creo que al respecto, las realidades van derrotando la crítica adversa y casi obsesiva de la oposición.
S.: Con todo respeto, se rumoran ciertos quebrantos de salud e incluso la posibilidad de que usted viaje a Estados Unidos para un chequeo o una intervención quirúrgica. ¿Qué hay de cierto?
P.B.: Pues "los muertos que vos matáis gozan de cabal salud". Déjeme le mejoro el rumor: al haberse conocido que he sido invitado a visitar la República Popular China, han inventado que la medicina occidental no es suficiente y que tendré que ir hasta la China comunista para curar las imaginarias graves dolencias. Este rumor es tan falso como otras tantas cosas que se dicen sobre el gobierno.
S.: Y, ¿cómo reacciona usted a estos rumores?
P.B.: La verdad es que no es la primera vez que se inventan estos rumores sobre la salud de un Presidente. Es una vieja táctica -como otras que se han resucitado-, pero que no tienen consecuencias, a no ser la de darle satisfacción a unos cuantos que se deleitan en la táctica de propagar infundios.

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