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| 2/4/2012 12:00:00 AM

"No dejaré de opinar"

Enrique Santos, exdirector de 'El Tiempo' y hermano del presidente, habla de sus relaciones con él, de la guerrilla, de la restitución de tierras, de su salida del diario y de la oposición política.

María Jimena Duzán: En los corrillos políticos se dice que como hermano mayor del presidente usted tiene poder burocrático y lo asesora en distintos temas de paz…

Enrique Santos:
¿Poder burocrático? Malévola su pregunta, pero la aprovecho para dejar claro que no he hecho ni haré jamás la más mínima gestión ante mi hermano para ayudar al más meritorio o necesitado de mis amigos cercanos o lejanos. ¡Abrir esa puerta es fatal! Usted no se imagina el descaro o la simple ingenuidad de la gente que cree que yo puedo nombrar cónsules, disponer de cargos, inspirar medidas. Es tenaz el acoso de peticiones, intrigas o franca lagartería de quienes piensan que soy una especie de 'primer hermano de la nación'. Es uno de los factores que me llevan a estar fuera del país durante esta primera etapa del gobierno Santos.   

M.J.D.: ¿Es cierto que usted es el asesor de paz en la sombra del presidente?

E.S.:
No asesoro a Juan Manuel. Él sabe asesorarse mejor. En las contadas ocasiones en que me ha pedido mis opiniones se las he dado, e inclusive se las doy si no me las pide. Yo quiero que le vaya bien para que le vaya bien al país. Y creo que va muy bien para sorpresa de muchos, incluyéndola a usted. Me ha gustado el vuelco político que le ha dado al país y sobre todo su declarada decisión de mantener abiertas las puertas de la paz.

M.J.D.: ¿Y qué le ha aconsejado al presidente en ese tema?

E.S.:
Nada que él no sepa. Que es deber del Estado estar buscando siempre una salida al conflicto que nos desangra. Aun a riesgo de equivocarse, como le sucedió a Betancur, a Gaviria, a Pastrana. Yo creo que se deben mantener los canales abiertos a las posibilidades de paz, que no dependen solo del gobierno. Hoy el balón está del lado de las Farc. Este gobierno ha hecho gestos y actos muy concretos, desde la Ley de Víctimas y de Tierras hasta las autocríticas sobre los excesos del Estado. Cosas que siempre han reclamado las Farc pero que no generan gestos correspondientes por parte de una guerrilla que no aprende ni olvida y persiste en un terrorismo demencial. En esa carta que Timochenko le manda al profesor Medófilo Medina, por ejemplo, no se abre una sola puerta.  

M.J.D.: Sin embargo, en esa carta Timochenko da a entender que las Farc no pretenden la toma del poder por la vía armada. ¿No lo sorprendió esa afirmación?

E.S.:
Me sorprendería que aún pensaran lo contrario. Ya en su momento Jacobo Arenas había dicho que jamás llegarían al poder por la vía armada y que querían hacer política. Lo de Timochenko ha sido muy tímido y muy retórico, tal vez porque tiene que consolidarse internamente antes de mandar. Las Farc tienen que convencer al país de que no van a seguir en lo mismo antes de hablar de 'diálogos' o 'procesos'. Los colombianos no quieren repetir frustraciones ni engaños del pasado y en ese sentido percibo un clima de opinión muy hostil. Creo que este gobierno tiene voluntad de paz, pero no la de reproducir experimentos fallidos.   

M.J.D.: Usted, que lo debe conocer bien, ¿tiene alguna duda de que Juan Manuel Santos se quiere hacer reelegir?

E.S.:
No sé, pero de golpe le toca, si no quiere quedarse a mitad de camino de las reformas que ha prometido. No más la restitución de tierras a los campesinos despojados es un reto enorme que va a la nuez de nuestro conflicto social y donde el gobierno tendrá que jugarse a fondo. Se le ha vuelto, además, un compromiso casi personal que tiene muchísimos enemigos.

M.J.D.: ¿Y quiénes son esos enemigos?

E.S.:
¡Como si usted no supiera!…gamonales, latifundistas, narcos, paras, políticos corruptos, godos feudales, empresarios salvajes y el uribismo más recalcitrante. Es todo un coctel donde se puede estar cocinando una nueva y beligerante derecha colombiana. Pero, además, estos son los mismos sectores que no están de acuerdo con un proceso de paz, alimentados también por tanto bárbaro atentado de las Farc. Por eso el presidente tiene que andar con los pies de plomo.

M.J.D.: ¿Se esperaba esa actitud agresiva con la que el expresidente Uribe se ha opuesto a casi todo lo que hace Santos?

E.S.:
Le confieso que me ha desconcertado la forma tan emocional y personal, poco acorde con su dignidad de expresidente. Me parece claro que Uribe será jefe de la oposición y que intentará aglutinar a toda la gente a la que le da escalofríos la amistad con Chávez, la restitución de tierras, un nuevo diálogo con la guerrilla, etcétera.

M.J.D.: ¿Está vislumbrando una nueva polarización en el país?

E.S.:
Es que yo veo a Santos tratando de reconstruir al gran partido liberal de antaño y, del otro lado, tendrá que manejar una oposición cada vez mas hirsuta, como la que anuncia Uribe. Hasta ahora, inteligentemente, no ha pisado esas cáscaras. Pero además, en el fondo, no estaría nada mal que se conformara una derecha clara que se oponga al gobierno de Santos. Sería la mejor forma de salir de toda esa ambigüedad ideológica en la que andamos donde no se sabe quién está a la derecha, a la izquierda o al centro.  

M.J.D.: Y yo que pensaba que usted seguía teniendo alma uribista. 

E.S.:
¡Tal vez porque usted vive en el pasado! Fui muy uribista cuando Álvaro Uribe fue el presidente que le devolvió a Colombia la seguridad y la confianza; cuando demostró que sabía mandar, trabajar, gobernar. Por eso, como director de El Tiempo, apoyé su reelección. Por eso, y porque las alternativas eran Horacio Serpa o Carlos Gaviria. Pero cuando se hizo evidente que lo que más le interesaba en su segundo mandato era garantizar un tercero, mi uribismo frenó en seco. Ahí comencé a escribir editoriales sobre lo inconveniente, polarizante y peligroso de esa obsesión de perpetuarse en el poder. Ese distanciamiento lento pero progresivo me produjo fricciones familiares, empresariales y periodísticas.  

M.J.D.: Cuando habla de fricciones empresariales, ¿se refiere a que tuvo encontronazos con los nuevos propietarios de 'El Tiempo' cuyo uribismo era bien conocido?

E.S.:
Tuve varias fricciones. Para comenzar, como codirector del periódico, me tocó lidiar con el problema de credibilidad de tener a un hermano de ministro de Defensa y a un primo hermano de vicepresidente; y con unos nuevos propietarios españoles licitando un canal de televisión, que no podían entender que El Tiempo se estuviera alejando editorialmente del gobierno de Uribe. Y con un José Obdulio, además, ideólogo y confidente de unos y otros. Era una situación incómoda y cada vez más insostenible.

M.J.D.: ¿Qué tan cierto es que José Obdulio Gaviria inspiró el cierre de 'Cambio' y que ese hecho determinó su salida de 'El Tiempo'?

E.S.:
A José Obdulio, obviamente, no le gustaba Cambio porque destapaba entuertos del gobierno Uribe. Tampoco le gustaba a Juan Manuel ni a Francisco, altos funcionarios del mismo y socios de El Tiempo. Ni a los nuevos propietarios, poco acostumbrados a estas exóticas contradicciones internas. Encima de todo, la revista perdía plata, aunque las razones económicas eran secundarias frente a la función periodística que estaba cumpliendo. El cierre de Cambio precipitó una decisión que yo ya había tomado de retirarme del periódico por otras razones obvias: 40 años de oficio, pérdida de control editorial, hermano proyectado a la presidencia. A pesar de que ya no era director ni estaba en ninguna instancia decisoria, dije que era una decisión que iba a tener una lectura tremendamente negativa. Después de eso me retiré definitivamente y dejé de escribir mi columna 'Contraescape'. Y ya con hermano casi electo decidí irme un rato del país dizque a escribir mis memorias.

M.J.D.: Lo conozco a usted hace muchos años y sé que tiene que haberle costado mucho pasar a la sombra. Dejar de escribir, de opinar. ¿Cómo le afectó el que su hermano menor sea el jefe de Estado?

E.S.:
Nunca dejaré de opinar. Claro, ya no estoy en el periodismo activo, pero la mano está siempre que se escribe sola y el brazo comienza a moverse sin que uno lo quiera. No le niego que lo de Juan Manuel tuvo un impacto profundo en mi vida personal, familiar, profesional. Me tocó, por obvio conflicto de intereses, retirarme del oficio que he ejercido durante 40 años. Pero no de la obligación de comentar o criticar lo que pasa en este país. No importa quién esté en el poder. Desde el periodismo siempre me mantuve distante del poder político.

M.J.D.: ¿Pero cómo no va a cambiar esa relación con el poder teniendo como presidente a su hermano?

E.S.:
No la cambia y espero demostrarlo. En mi vida jamás he desempeñado un cargo público o diplomático. Pese a ofertas tan tentadoras como la que me lanzó el presidente Gaviria cuando me propuso ser embajador de Colombia en la ONU en un momento en que el país formaba parte del Consejo de Seguridad. Pero me di cuenta de que no tengo alma de diplomático ni de servidor público. Siempre me pareció fatal para la imagen de El Tiempo tener miembros directivos de la familia en cargos públicos porque creo que entre el periodismo y la política debe haber clarísimas divisiones. Y sí, eso fue motivo de no pocas fricciones con Juan Manuel.

M.J.D.: Y ahora que llegó a presidente, ¿cuál es su posición?

E.S.:
La de reconocer que ganó y que mi lucha de tantos años por separar lo uno de lo otro terminó en una gran paradoja. Pero ya me aburre tanta reflexión sobre el pasado personal. Mejor hablar del presente político. El que encarna un Juan Manuel Santos como primer mandatario de los colombianos. Aquí no caben viejos resquemores ni vanidades sino confiar en que acierte, para bien del país. Espero que esté a la altura de las expectativas generadas, y en lo que yo pueda contribuirle, contribuyo.

M.J.D.: Si el jefe de la oposición de esa derecha hirsuta es Uribe, su mano derecha parece ser Francisco Santos. ¿Qué opina del periodismo que está haciendo?

E.S.:
He estado fuera del país año y medio y mal puedo juzgar su desempeño radial en RCN, aunque sé que ha sido implacable con Juan Manuel. Todos conocemos la personalidad impulsiva de Francisco, que es parte de su encanto, pero la semana pasada le leí una columna de El Colombiano que me pareció francamente excesiva. Lo sindica de traicionar el legado familiar, de apuñalear por la espalda, de mentiroso, oportunista, manipulador. No creo que Pacho pueda seguir opinando solo con las vísceras. Le resta credibilidad y pone a la gente a pensar que está respirando por la herida, ya sea por razones políticas o personales. No le reprocho su uribismo sino la forma como lo expresa. Como decía Vicente Huidobro: "adjetivo que no da vida, mata".
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